Sábado, 27 de Febrero de 2021

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Yo me acuerdo

"Se nos morían amigos, la gente se metía cantidades demenciales de cocaína, pero no se negaban de manera ostensible la tristeza y la precariedad. Los de ahora son tiempos maníacos"

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Hay días en los que todo sale mal. Se queman las lamparitas, no se seca la ropa, las plantas amanecen repletas de plagas, los espejos nos muestran envejecidos, como si el estado del alma –ese pesar- hubiera llegado a la superficie. Hoy le escribí a un amigo una frase impensada: “Quiero volver al siglo veinte. Era mejor”. No me parece extraño que Ángeles sobre Berlín, la película de Win Wenders de 1987 en la que unos ángeles escuchan los pensamientos pesarosos de los ciudadanos, haya conectado bien con esa época. Eran tiempos de melancolía. Se nos morían amigos, la gente se metía cantidades demenciales de cocaína, pero no se negaban de manera ostensible la tristeza y la precariedad. Los de ahora son tiempos maníacos. Dos décadas de insistir en que el bienestar es lo único que importa han surtido efecto. Tenemos la piel blanda, sin coraza. El imperativo es adaptarse rápido para recuperar el confort. Nadie habla de lo que se pierde sino de lo que, a pesar de todo, podría ganarse. Incluso los profetas del apocalipsis parecen contentos: ¡esta es una pandemia a medida para aniquilar el capitalismo! No hay espacio para las voces traumatizadas, salvo las de las víctimas evidentes. La regla es sacar balances positivos de una experiencia traumática, sin mencionarla. Hay millones de personas cayendo en la pobreza extrema, adolescentes aullando su depresión como perros solos. Sin embargo, se habla de la “nueva normalidad” como algo a lo que hay que llegar tan pronto como se pueda, mientras se organiza un funeral masivo, consensuado y mudo, de toda una era. ¿Eso es todo? ¿Tan sólo vamos a pasar la página? Pocas semanas antes de que comenzara el confinamiento invité a varios amigos a cenar a casa. Cuando se fueron, a las cuatro de la mañana, el hombre con quien vivo y yo nos montamos en una bicicleta –los dos en una sola- y fuimos a un bar donde bailamos y bebimos hasta el amanecer. Hay un verso del poeta argentino Martín Armada que dice: “no hay que avergonzarse de amar las cosas, / los hombres libres deben sentir orgullo de lo que necesitan”. Quizás pasar la página sea una forma de seguir adelante. Yo creo que hay más vida, y más coraje, en decir “Yo estuve ahí, yo me acuerdo”.

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