Martes, 02 de Marzo de 2021

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El fin de la posteridad en la ciudad de los muertos

Juanjo Millás recorre el cementerio más antiguo de Madrid en busca de historias olvidadas

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Dice Ana Guzmán que los cementerios siempre han sido la carta de presentación de una ciudad. Los romanos los situaban a la entrada para que los visitantes supieran lo que se iban a encontrar. En esta Sacramental de San Isidro, en la que Ana es operaria, se muestra claramente cómo era la burguesía del S.XIX. Criptas y panteones con vistas al mejor Madrid, jardines y más metros cuadrados que muchos pisos en la actualidad.

“Nadie se construiría ahora algo así porque a nadie le importa ya la posteridad” Juanjo reflexiona mientras recorre el camino de entrada flanqueado por cipreses centenarios. El día es gris, brumoso. No se escucha nada más que el canto de los pájaros, ni se mueve nada más que el conejo que cada día va a comerse las margaritas de la sepultura de doña Pilar. Las calles de la ciudad de los muertos están llenas de obras de arte, algunas escondidas como el ángel del silencio que Perinat quiso que levitara sobre la tumba de su madre. O como la lápida de ¡¡Anita!! Una niña que murió a finales del XIX y cuya habitación quisieron inmortalizar sus padres sobre la losa. En ese retablo de mármol también aparece Anita subiendo al cielo con una camisa bajo la que asoma el culete.

Cementerio de San Isidro, en Madrid / Cadena SER

Nos topamos con la tumba del ingeniero romántico, cubierta de musgo, tan romántica como él. Con la cripta de la marquesa española que sobrevivió al naufragio del Titanic. “Su criada, que también sobrevivió, está enterrada en su pueblo. Se marchó allí tras la tragedia y no quiso saber nada más del mundo. Os voy a enseñar una escultura muy particular” Y Ana nos lleva al panteón de la familia de la Gándara donde nos espera un ángel tallado de una pieza. Visto por un lado es una mujer y por el contrario un hombre. Los cementerios están llenos de historias. Algunas olvidadas, otras que nunca conoceremos, como la del anónimo que “ruega una oración por quien aquí yace. RIP”.

Historias que se han cuatriplicado durante los meses de pandemia. “Hacíamos turnos imposibles para no dejar ningún servicio desatendido. Lo más duro fue prohibir la entrada de las familias pero no teníamos equipos, ni mascarillas. Fue muy duro. Pasamos de hacer 2-3 entierros al día a ocho” Y la preparación no es sencilla, esto no consiste en meter una caja en un agujero y listo. Muchos de los operarios con los que hablamos están agotados física y mentalmente. “Se notaba la inquietud de muchas familias que no habían podido ver ni velar el cuerpo y que dudaban de si su familiar estaría en ese ataúd” Javier Todo, sepulturero en el Cementerio jardín de Alcalá de Henares. Qué diferentes estas escenas con las que antes se presenciaban “disputas por herencias, riñas entre familiares”. Así somos, también, ante la muerte.

Detalle de la lápida de Anita / Sacramental San Isidro

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