Miércoles, 14 de Abril de 2021

Otras localidades

Estrenos Cine

'Entre nosotras', amor sanador en la vejez

El director italiano afincado en Francia Filippo Meneghetti debuta en el largometraje con un fabuloso drama romántico entre dos mujeres. Una historia de amor furtivo que también habla de los cuidados en la vejez, la memoria emocional y la represión interna

Las protagonistas de 'Entre nosotras'

Las protagonistas de 'Entre nosotras' / KARMA FILMS

En la primera escena de 'Entre nosotras', unas niñas juegan al escondite entre los árboles de un parque. De pronto una desaparece. Es una imagen evocadora e intrigante que acomoda al espectador para el desarrollo de la película. Filippo Meneghetti debuta en el largometraje con un poderoso y emotivo drama romántico que también empieza como un juego, como el de esas niñas, una relación a escondidas entre dos mujeres en la vejez.

El director italiano afincado en Francia lleva siete años escribiendo y perfilando esta historia. Y el foco lo encontró en una situación cotidiana. “Un día visitando a un amigo, y tras mucho tiempo buscando un ángulo para mi historia, vi que en el último piso de su edificio vivían dos viudas. Habían enviudado al mismo tiempo, tenían dos casas separadas por un pasillo y las puertas siempre estaban abiertas, como si fuera una sola casa. La historia de esas mujeres no tiene nada que ver con la película, pero me pareció una metáfora cotidiana fantástica. Esa idea de la puerta que se abre y se cierra lo transmitía muy bien, es una idea muy sencilla, pero transmite mucho en el cine”, explica en conversación con El Cine en la SER.

Entre nosotras es la historia de la tímida Madeleine, una mujer viuda, con dos hijos, que vive en una casa llena de recuerdos. La impetuosa Nina vive en un piso prácticamente vacío, no habitado, al que se mudó para estar cerca de su amor. Las puertas se abren y se cierran en ese descansillo, ambas fingen ser vecinas mientras pasan el día juntas, duermen, bailan y planean vender los pisos para empezar una vida plena en Roma. “La edad, dos mujeres homosexuales, una historia de amor, me interesaba por esas trayectorias vitales que yo he conocido y quería reflejar, pero además para mí era muy importante que había huecos en el relato. Un tema sensible se prestaba a abordar la autocensura y la exclusión de las que quería hablar. Quería colmar ese vacío en el relato. La película no es sobre la homofobia, pero desde luego es un tema importante”, subraya el también guionista.

El relato está lleno de huecos, dice el director, y de preguntas sin respuesta que van aflorando con misterio y fluidez. ¿Desde cuándo mantienen estas mujeres una relación furtiva? ¿Por qué lo esconden, hasta cuándo aguantarán, se lo podrá contar Madeline a sus hijos? Ante el conflicto, Meneghetti no plantea una denuncia de la homofobia, sino una incursión psicológica en cómo nos determina y condiciona la mirada del otro, en la violencia de la autocensura y la represión interna. “La autocensura es universal, es un tema que concierne a todo el mundo. Ahí está la sociedad, la familia, para que construyamos una mirada sobre nosotros mismos, una automirada, que en el momento de llegar a ser adultos no nos vamos a quitar de encima. Podemos cerrar la puerta de la sociedad y en ese momento deja de vernos, pero nosotros seguimos obligados a vernos, seguimos con los ojos abiertos sobre nosotros mismos. Todos interpretamos algún tipo de rol o papel y la pregunta que nos hacemos constantemente es si lo estoy haciendo bien. Esa mirada sobre mí mismo me parece dolorosa, nos resentimos de eso, y de ahí el interés de abordar esta cuestión”.

Un suceso trágico altera la relación, las separa, cierra esas puertas. Los hijos aparecen en escena, contratan a una asistenta, asumen los cuidados, empiezan a reconstruir una historia secreta y Nina pasa, de la noche a la mañana, a ser solo la vecina de enfrente. Conforme avanza el relato, se oscurece, adquiere tintes de thriller y algunas dosis de comedia en una lucha silenciosa por estar juntas. “A mí me inspira mucho el cine asiático, en concreto el coreano, donde son capaces de jugar con esas tonalidades, cambiar de género como herramienta en función de esa emoción que queremos provocar en el espectador, de la necesidad que buscamos. Más que comedia, se trata de una ironía dramática, como en un thriller, tenemos una información y la vamos soltando, dosificando. Para todo esto, lo que no hay que perder de vista es la emoción del espectador, qué queremos provocar”, afirma.

La precisión del texto añade matices y suspense a cada acción sin caer en el drama social, aunque el contexto está presente, la situación económica de las protagonistas y también el cuidado de los ancianos. “Yo quería abordar esa toma de poder de los hijos sobre los padres, es una relación delicada. Una persona me ha hecho ver que las mujeres son prisioneras de sus propios pisos, lo que tiene muchas resonancias con lo que hemos vivido con la pandemia. Yo no gestiono la resignificación social o los ecos que pueda tener en el público. No quería hacer un drama social, lo tenía claro. Pero es verdad que, desde otra óptica, se puede lograr ese cuestionamiento social, además poniendo el dedo en la llaga en ciertos temas”.

El director articula todo ese puzzle íntimo con una planificación meticulosa de la puesta en escena, la utilización de los espacios, las puertas abiertas y cerradas, las mirillas, los fuera de plano, los espejos, los primerísimos primeros planos.... Una propuesta visual que acompaña con un excelente trabajo sonoro, el uso de la música como memoria emocional y la incorporación de sonidos cotidianos, un timbre, una lavadora, una sartén, en primer plano. “La puesta en escena empieza desde el guion, incluso la forma de manejar la cámara, lo que pasa es que va evolucionando. En el guion ya estaban los sonidos, ya trabajé así en mis cortos que son casi guiones sonoros, y las transiciones. Esos sonidos se van intensificando, como la fritura de la sartén o la lavadora, es prácticamente como una música, para mí es una música. Este efecto está poco aprovechado en el cine y siempre causa sorpresa en el espectador. En cuanto a la puesta en escena, hay planos que tenía en la cabeza desde hace 15 años, pero tenía que encontrar el momento adecuado para introducirlos en la película, otros planos aparecen escribiendo, otros con la cámara en mano… y otras cosas salen en el momento. Le doy mucho valor a la flexibilidad, a la capacidad de adaptarse, a buscar algo que tienes que sentir en el momento de rodar, viene de las entrañas. A fin de cuentas, soy el primer espectador”.

Cada detalle adquiere una dimensión en el desarrollo de una historia sustentada por el fantástico trabajo, gestual y corporal, de las protagonistas, la alemana Barbara Sukova, actriz que ha trabajo con von Trotta, Cronenberg o Lars Von Trier, y Martine Chevallier, una de las grandes damas del teatro francés. Nominada a mejor película extranjera en los Globos de Oro y en la preselección de los Óscar, Entre nosotras’ es una mirada delicada, tierna y arrebatadora al amor y su poder sanador.

Cargando

Escucha la radio en directo

Cadena SER
Directo

Tu contenido empezará después la publicidad

Programación

A continuación

    Último boletín

    Emisoras

    Elige una emisora

    Cadena SER

    Compartir

    Tu contenido empezará después de la publicidad

    Cadena SER

    ¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?