Martes, 02 de Marzo de 2021

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Agresiones y barricadas

La nueva sentencia contra Pablo Hasel debe ayudar a perfilar el carácter del lamentable y erróneamente homenajeado por las calles incendiadas

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Mientras unos aprendieron de los años de plomo que la violencia se condena sin paliativos, otros entrenaron en subterfugios para rehuir su castigo. Es lo que ha hecho hoy el diputado Rafa Mayoral, de Unidas Podemos, para indignación de la derecha y molestia socialista. Otra. Con las horas y el aumento de las protestas por el encarcelamiento de Pablo Hasel, una determinada izquierda ha ido imponiendo un relato que minimizando asaltos e incendios, agresiones y barricadas, insultos y pillajes, quiere desviar el foco hacia los motivos del desengaño de los más jóvenes confundidos y faltados de esperanza. Que los hay, por supuesto, y merecen ser escuchados, pero esto poco tiene que ver con denunciar los límites inaceptables de la libertad de expresión, exactamente con su contrario. Todo un oxímoron.

En esto estábamos cuando la audiencia de Lleida ha venido a demostrarlo al condenar al rapero a otra pena, la cuarta, y pendiente de otra instrucción, por agresión a un testimonio que declaró en su contra. Tiene otra recurrida por haber hecho lo mismo con un periodista de TV3. Y esto poco tiene que ver con los incómodos versos de sus letras ni con los agresivos mensajes de sus tweets. Porque, si esas provocaciones deben ser entendidas como libertad de expresión, la nueva sentencia debe ayudar a perfilar el carácter del lamentable y erróneamente homenajeado por las calles incendiadas.

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