Jueves, 25 de Febrero de 2021

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Un mal día lo tiene cualquiera

La lucha pacífica de La Rosa Blanca

Un grupo de estudiantes formó en Munich un grupo de resistencia antinazi. A través de la literatura y la religión querían convencer a los ciudadanos de la maldad del régimen: eran La Rosa Blanca

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Ir en contra de la intolerancia y el racismo sigue siendo una actividad de riesgo en muchas partes del mundo. Incluso en nuestro propio país, en según en que días y regiones. Pero realmente no es comparable con lo que era luchar contra el fascismo en la Alemania nazi de 1943. Y tal día como hoy, el 22 de febrero de 1943, tres estudiantes lo comprobaron de una forma particularmente dramática.

Tres estudiantes de medicina, Hans Scholl, Willi Graf y Alexander Schmorell, volvieron horrorizados del frente oriental en 1942. No tanto por la acción bélica, que también, sino sobre todo por el asesinato sistemático de civiles judíos por parte de miembros de las SS, los escuadrones de nazis convencidos que implementaban la política racial preconizada por Adolf Hitler. Cuando volvieron a Múnich, y junto con otros estudiantes, formaron un grupo de resistencia antinazi. Entre sus miembros estaba la hermana del primero, Sophie Scholl, que tenía 21 años. Convencidos de que la lucha armada contra un aparato policial tan gigantesco sería estéril, optaron por utilizar sus amplios conocimientos de literatura y religión para intentar convencer de forma pacífica a sus conciudadanos sobre la maldad del régimen nazi. Publicaron y distribuyeron octavillas bajo el nombre de “La Rosa Blanca”, con citas de Goethe y Schiller. Pese a que inicialmente mandaban sus escritos por correo, con el paso de los meses pasaron a entregarlos en mano. También empezaron una campaña de grafitis poniendo “Libertad” o “Hitler fuera” por la ciudad bávara. El 18 de febrero de 1943, los miembros de la policía nazi, la Gestapo, vieron a los dos hermanos Scholl lanzando octavillas desde las ventanas de la universidad de Múnich. Ellos dos y Christoph Probst, otro estudiante, fueron detenidos. Cuatro días más tarde, el 22 de febrero, los tres fueron decapitados. En los meses siguientes, decenas de estudiantes más fueron detenidos, y unos cuantos fueron ejecutados. Pero al menos murieron sabiendo que habían hecho lo correcto.

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