Viernes, 05 de Marzo de 2021

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23-F

Conexión con la mañana del 23-F: ¿Qué movimientos hubo para preparar el golpe y por qué no se detectaron?

Reconstrucción de lo que pasó durante la mañana del lunes 23 de febrero de 1981. ¿Qué ocurría a esta hora en España?

El vicepresidente y teniente general Gutiérrez Mellado se enfrenta a un grupo de guardias civiles en el momento en que el teniente coronel AntonioTejero, irrumpe, pistola en mano, en el Congreso de los Diputados, durante la segunda votación de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno.

El vicepresidente y teniente general Gutiérrez Mellado se enfrenta a un grupo de guardias civiles en el momento en que el teniente coronel AntonioTejero, irrumpe, pistola en mano, en el Congreso de los Diputados, durante la segunda votación de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno. / EFE/Manuel P. Barriopedro

Son las ocho pasadas del 23 de febrero de 1981 y es lunes. Es una mañana fresca en Madrid. Con 40 pesetas puedo comprar el único periódico que se publica hoy, que es La hoja del lunes. En su portada, se lee: "Calvo Sotelo tendrá ministros mañana", "Comienza el congreso del PCUS" y este anuncio: "Televisión Philips, en color". El Barça lidera la Liga porque viene de ganarle al Atlético con gol de Zubiría, aunque la Real Sociedad -que ha empatado con el Racing-, acabará ganando la liga.

El desencadenante del golpe

Han dado ya las ocho y media y el general Alfonso Armada, que fue prescriptor del rey, acaba de salir de su casa hacia el cuartel general del Ejército. Como en un día de rutina. De la sentencia y del informe del fiscal -que es en lo que nos vamos a basar- deducimos que Armada tiene un objetivo fundamental esta mañana: disimular. Hacer como que no sabe nada aunque, en realidad, lo sepa todo, según se verá en el juicio.

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Antes de que llegue el momento de declarar, este hombre, Alfonso Armada, camina ya porque lo tiene todo hablado con el teniente general Milans del Bosch. Lo acordaron en enero cuando, en una cena a la que acudieron con sus familias, hicieron un aparte y debatieron si era mejor ocupar la Moncloa o el Congreso. Optaron por esto último. El fiscal lo relató así: "Armada y Milans acordaron una operación política encaminada al nombramiento de Armada como jefe del Gobierno. Fue Armada el que, según este relato y dos días antes, le había dicho a Tejero que el asalto tendría que ser a las seis y diez de la tarde y que él debía gritar: Viva el Rey, viva España".

A aquella hora del 23 de febrero, Armada actúa como si nada. Se dirige a un acto que tendrá luego en Alcalá. Llegará a decir que le preocupa lo que Milans pueda hacer esa misma tarde. Pero los militares que le escuchan pensarán que se refiere a algún comunicado público de Milans. Nada más. Esto nos lo dice el historiador Roberto Muñoz Bolaños, que tiene acceso a la sentencia.

Milans, el hombre que sacó los tanques a la calle en Valencia

El otro nombre clave es el capitán general Jaime Milans del Bosch. Poco después de las ocho de la mañana, en Valencia, dos mandos del ejército -un coronel y un teniente coronel-, han sido llamados al despacho de Milans porque está preparando -o eso les han dicho a ellos- lo que llaman la operación Turia, que va a consistir en desplegar a la policía militar porque se teme un atentado de ETA. Eso les dirá Ibañez Inglés, que es el hombre leal a Milans.

A estos cargos militares les están entregando un papel en el que se contempla la movilización de 2.500 hombres y de 60 carros de combate. Se les avisa de que deberán suministrar a las tropas ropas de abrigo. Se les da un sobre con instrucciones, pero les avisan: sólo los podrán abrir cuando oigan la palabra clave: miguelete.

Varios diputados se concentran en los alrededores del Congreso de los Diputados una vez liberados tras el intento de golpe de Estado. / EFE

A esa hora, en el palacio de la Moncloa, está a punto de salir Adolfo Suárez para que Calvo Sotelo sea el nuevo presidente. No hay nada que haga sospechar que esta tarde habrá un asalto. Fernando Puell, que en este momento es segundo jefe de la seguridad del presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. Aquella mañana, en la Moncloa, no tenían ni idea. La preocupación en la Moncloa ese día estaba en otra cosa: en poner la seguridad al que sería nuevo presidente, Calvo Sotelo, y proteger al presidente de las amenazas que se consideraban más realistas: un atentado de ETA o los Grapo. La prueba de que no sabían nada es cómo corrieron luego. En el momento del golpe, Puell estaba pasando dietas. Aquella está siendo, en apariencia, una mañana como otra cualquiera desde el punto de vista de la seguridad. Extraña en lo político, porque había dimitido un presidente por primera vez.

El capitán que coordinó a las tropas desde un Seat 124

Como luego describiría el fiscal militar, Antonio Tejero ya ha recibido la orden de Armada de dar el golpe, pero le faltan tropas. Las busca. En los últimos meses, había comprado en el rastro gabardinas y anoraks para que los guardias disimulasen sus uniformes de camino al Congreso. Gastó dos millones y medio -de una herencia, dijo- en comprar autobuses. Y, a eso de las 9:45 horas del 23-F del 81, esto es lo que está haciendo Tejero. Lo cuenta el historiador Roberto Muñoz Bolaños, que se basa en la sentencia que dictó el Supremo sobre el 23-F y que él ha podido leer y consultar.

¿Qué hace allí, en el parque de automobilismo de la guardia civil? Al mando de esa unidad hay un coronel amigo de Tejero, Miguel Machado García, al que le pide conductores -seis agentes- para trasladar a los guardias. Hay dudas en los mandos de la Guardia Civil. ¿Qué hacemos?, se preguntan. En eso, aparece alguien que estaba al quite de las conversaciones: el capitán Vicente Gómez Iglesias, capitán de la Guardia Civil, adscrito al CESID. Vicente Gómez Iglesias fue condenado por haber mediado entre mandos del CESID y Tejero para que éste pudiera lograr vehículos. De hecho, el fiscal pensaba que fue este capitán, desde un Seat 124, quien coordinó la marcha de la tropa hacia el Congreso. Fue condenado. También fue el primero de los condenados al que el gobierno indultó.

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La palabra clave: miguelete

De manera simultánea, en Valencia habíamos dejado una reunión clave en el despacho de Milans del Bosch, que está pidiendo a los mandos que se preparen para una operación que será esta tarde cuando oigan la palabra clave: miguelete. Operación que describe el historiador Muñoz Bolaños, autor del libro El 23-F y los otros golpes de estado de la transición.

En esa reunión, en plena mañana, se está leyendo ya en Valencia el bando que luego se distribuirá en las calles. En el sumario del 23-F se lee: "Su contenido es propio de un bando de guerra y el propio Milans redacta personalmente el encabezamiento y el final". Sonó en la radio ese día 23 a las ocho de la tarde, y se escribió aquella mañana. Es más, se leyó ante un grupo de militares. 

Es decir, a esta hora de la mañana, ahí se pudo abortar el golpe. Y, sin embargo, nadie puso objeciones ni dio aviso de lo que se tramaba. Recuerda el historiador Muñoz Bolaños que ninguno de aquellos militares que pudieron frenar el golpe en ese momento fueron después juzgados ni condenados. El fiscal describió que Milans les dijo a los mandos que este movimiento era prematuro, pero que no se podía detener.

Armada lo tenía todo pensado y no estaba solo

Varios historiadores -y también el fiscal- apuntaron a la responsabilidad de un comandante del CESID, José Luis Cortina, que, sin embargo, resultó absuelto por falta de pruebas. Según el fiscal, fue Cortina el que venía hablando con Armada y el que le habría indicado a Tejero que, dos horas después de que tomase el parlamento, llegaría una autoridad, que se presentaría bajo la clave el elefante está aquí.

El ministro de Defensa, Alberto Oliart, que falleció el pasado 13 de febrero, compareció tras el 23-F en una comisión a puerta cerrada en el Congreso. Allí dijo que, aunque habían detectado indicios de que se estaba generando un clima propio que podría desembocar en un golpe, no tenían sospechas de que se estuviera preparando un alzamiento. Al que era secretario de Estado de Seguridad, Francisco Laína, -que acabaría siendo presidente del gobierno provisional que se formó- el golpe le sorprende en su despacho escuchando la Cadena SER. Suárez no tuvo información de ningún tipo, según contó él mismo años después.

El director general de la Guardia Civil, general José Aramburu Topete, a su llegada a la Carrera de San Jerónimo de Madrid. / EFE/ José María Pastor

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