Sábado, 17 de Abril de 2021

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Sin esperar nada a cambio

"No acabamos de hacernos a la idea de que cuando un monarca es simpatiquísimo, la gente se empeña en regalarle dinero a cambio de nada"

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Decía aquel poeta que todo en esta vida es del color del cristal con que se mire. Yo en estos días he decidido ponerme las gafas de color de rosa y ver el lado positivo de todo lo que pasa. Y funciona. Así he descubierto, por ejemplo que la gente es generosa por naturaleza, sobre todo los empresarios, y si alguien les cae bien les gusta expresarlo libremente, entregando por ejemplo sobres con dinero para apoyar a un partido político; por supuesto sin esperar nada a cambio, solo por motivar y como muestra del reconocimiento a una labor bien hecha. El problema es que eso, de momento, no lo puedes poner en una cuenta de resultados: “60.000 Euros a X porque nos cae genial”. Todavía no se ha inventado en la contabilidad moderna la necesaria casilla para la generosidad empresarial, así que hay que hacerlo un poco de tapadillo y claro, el que lo recibe también tiene un problema, porque tampoco puede apuntarlo en su balance en concepto de “propina”. ¿Qué hacer? Pues sacarlo del sobre y repartirlo equitativamente entre todo ese talento del partido que está dejando los mejores años de su vida en el servicio público cuando podía estar forrándose como sus compañeros de pupitre, que eligieron sabiamente hacerse banqueros o empresarios.

Están perdiendo dinero todos los días por dedicarse a los demás, así que no pasa nada por compensarles un poco y que se puedan comprar un par de trajes italianos de esos buenos en lugar de ir a las rebajas. Con el Rey emérito estos días pasa un poco lo mismo. No acabamos de hacernos a la idea de que cuando un monarca es simpatiquísimo, la gente se empeña en regalarle dinero a cambio de nada. -“Oye, que acabo de ingresarte 100 millones, que lo sepas”. - “¿A cambio de qué?” - “De que no cambies nunca”. - “Vale, entendido”. Por lo visto conversaciones así son de lo mas habitual a ciertos niveles. Lo que pasa es que esta gente tan generosa, que se empeña en pagarte aviones privados o en dejarte tarjetas para que te pagues tus cosas, no entienden que, aunque lo hagan con la mejor intención, te meten en un problema: ¿Qué haces con ese marrón de pasta que te ha caído sin comerlo ni beberlo y, por supuesto a cambio de nada? Pues no te queda otra que andar abriendo fundaciones con nombres raros por todo el mundo para que te puedan ingresar la pasta y no hacerles un feo. Puede parecer cosa menor, pero inventarse nombres de fundaciones tiene su aquel y lo mismo un día te sale un cosa chula que suena bien como “Lucum”, que otro te levantas de resaca, sin ganas de darle mucho a la cabeza y sólo se te ocurren cosas como “Zagatza”, que no se pueden ni pronunciar.

¿Objeto social?: Tampoco tienes ganas de inventar, así que pones: “Garantizar la asistencia financiera de los fundadores”, que es la forma fina de decir que vas a gastártelo un poco en lo quieras. Visto lo visto, ante tanta generosidad generalizada, no dudo que pronto habrá también alguien deseando reconocer mi simpatía y regalarme una pasta, así que ya estoy dándole vueltas al nombre de mi sociedad instrumental: ¿Quizás algo en latín tipo “LUCRUM”?, ¿O más castizo como “TO´PA´MI”?

Voy a darle todavía una vuelta, pero de momento ya tengo pensado qué poner en la casilla de “Objeto social”: “Promover actividades tendentes a mi felicidad y desarrollo personal sin que me cuesten un duro”. Se aceptan donaciones. Por supuesto, eso si, sin esperar nada a cambio.

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