Lunes, 19 de Abril de 2021

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'Zero Covid' y 'No Covid': las estrategias que ayudarían a Europa a ganar el pulso al virus

El retraso de las vacunas y la expansión de las nuevas mutaciones del virus abre el debate en Europa sobre la implementación de nuevos enfoques que están teniendo éxito en países como Nueva Zelanda o Australia

Las claves: medidas restrictivas en un corto plazo de tiempo, una estrategia coordinada con un sistema de "zonas verdes" y aumentar la capacidad de rastreo podría mejorar el futuro de la pandemia sin dañar aún más la economía

Bares, cines y tiendas con público y sin mascarillas en Lower Hutt, al norte de Nueva Zelanda, o playas repletas de gente en la conocida Bondi Beach, en Sídney, Australia. Es el resultado de tener una baja incidencia del virus. En Nueva Gales del Sur, en el sureste australiano, por ejemplo, llevan 42 días sin registrar ni un solo caso local. ¿La clave? Localizan los brotes, aíslan con rapidez y aplican medidas estrictas en un corto plazo de tiempo.

El ejemplo reciente está en Auckland, la ciudad más poblada de Nueva Zelanda donde hoy comienzan un confinamiento de siete días. ¿El motivo? Ayer detectaron un positivo que se suman a otros tres activos localizados a mediados de este mes. En total, cuatro casos locales registrados en 30 días.

En esto consiste las estrategias de máxima supresión del virus, como la llamada 'Zero Covid' surgida en Reino Unido o la iniciativa alemana 'No Covid' frente al plan de mitigación por el que ha optado España y prácticamente todo el continente europeo. O lo que es lo mismo, el camino de eliminar el virus, frente al de convivir con él.

El objetivo consiste en actuar en las fases de transmisión baja para poder controlar los casos e incide en tres puntos: se necesita una estrategia coordinada de restricciones -duras y a corto plazo donde sean necesarias, evitando un cierre total-, un control de la transmisión (test masivos y vigilancia en las entradas y salidas) y una mejora en la capacidad de rastreo y aislamiento de los casos.

Atardecer en una de las playas del estado de Nueva Gales del Sur, en Australia. / Cadena SER (Cadena SER)

Australia ha sido uno de los países en seguir esta estrategia desde el inicio. Primero, por aplicar de manera estricta el cierre de fronteras desde el inicio de la pandemia. "No he vuelto a España, imposible", explica Iñaki, un vasco que lleva viviendo ocho años en Melbourne. "Para entrar tenía que estar en cuarentena dos semanas en una habitación de hotel pagado con mi bolsillo", añade. O lo que es lo mismo, 2.500€ esos 14 días.

Y segundo, por atajar de manera rápida el movimiento del virus. "Cuando hay un caso, le hacen un estudio de genoma", dice Enrique, un chico de Burgos que vive al sureste, en Nueva Gales del Sur. "Al día siguiente, en todas las noticias, están puesto los lugares donde ha estado esa persona en los últimos tres días y toda la gente que ha estado en esos sitios se tiene que hacer el test".

Sin embargo, Australia y Nueva Zelanda no han sido la única en aplicarla. También Singapur o Taiwán y la mejora en el número de contagios ha sido notable, frente a otros países como Alemania, Francia o España. Sin embargo, los expertos advierten de las peculiaridades que tendría hacerlo en Europa e inciden en tomar decisiones comunes y con patrones claros.

Lo primero, acabar con la transmisión comunitaria

El proceso de vacunación va más lento de lo esperado y las incidencias del virus continúan siendo muy altas. Una situación que imposibilita rastrear, identificar y trazar las cadenas de transmisión. Para poder bajar los contagios, se requieren medidas restrictivas "efectivas, con lógica epidemiológica y simultáneas", declara Anna Llupià, autora del informe 'Zero Covid' elaborado por IS Global de Barcelona y epidemióloga del Hospital Clinic.

De este modo, la adaptación de modelos productivos como el cierre de la hostelería y la implementación del take away (para llevar), la generalización del teletrabajo, la prohibición de recibir a más de una persona en el domicilio habitual y cuarentenas -solo las puntuales y necesarias-, pueden servir como medidas de aislamiento, según los expertos.

El objetivo está en reducir al máximo el número de casos, aunque no necesariamente a cero, según Llupià. La estrategia de 'No Covid' establece que "vencer" al virus significaría llevar la tasa de incidencia por debajo de los 10 casos por cada 100.000 habitantes.

La estrategia de 'zonas verdes' y la mejora en la capacidad de rastreo

Con el fin de controlar esta baja incidencia, este tipo de estrategias proponen: un plan de actuación y aumentar la capacidad de identificar los contagios y gestionar los brotes.

En relación con el primer punto, 'No Covid', que surge por un grupo reconocido de expertos alemanes (virólogos, economistas, politólogos…), propone una medida con la que mantener y controlar la incidencia baja: un sistema semáforo en la que establecer "zonas verdes" y que ya se han aplicado en lugares como el estado de Victoria, al sureste de Australia.

Según el nivel reproductivo del virus, las zonas verdes y rojas seguirían un control de entradas y salidas. Italia podría dividirse por regiones, Alemania por Länder y España por provincias, por ejemplo. "Definirlo bien y que todo el mundo conozca esas normas, es el mayor reto", explica Toni Roldán, uno de los economistas y expertos internacionales de la iniciativa 'Covid Green Zone' que apoya dicha estrategia.

Estos controles requerirían un test negativo en las entradas, pruebas masivas semipermanentes y un plan para poder aislar los positivos de manera inmediata. Las zonas verdes podrían volver a la normalidad progresivamente y las áreas rojas continuarían con medidas restrictivas. El objetivo: expandir esas zonas libres de Covid lo más rápido posible.

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Sin embargo, y para que todo esto funcione, es esencial mejorar el sistema de Salud Pública y aumentar la capacidad de rastreo, acompañado de un soporte económico, asistencial y psicológico para poder asegurar el aislamiento de los casos.

"En vez de utilizar ese dinero en construir hospitales pandémicos, hay que fortalecer la sanidad primaria, el número de rastreadores, la capacidad tecnológica de rastreo y la capacidad de hacer confinamientos duros allí donde se producen brotes", declara José Antonio López Guerrero, director del grupo de Neurovirología de la Universidad Autónoma de Madrid.

La falsa dicotomía entre salvar vidas y salvar la economía

El economista y director de EsadeEcPol, Toni Roldán, explica que "el coste va en función de lo capaz que seas de controlar el número reproductivo del virus y si eres capaz de implementar una estrategia buena". Es decir, una estrategia de cierres sin ningún mecanismo de control para mantener las zonas con bajas incidencias supondrá un coste económico mayor y requerirá de más ayudas para mitigar los daños (ampliación de ERTES, las ayudas directas a las empresas…).

"Si tu consigues proteger una zona verde, va a florecer, y es ahí donde la economía podrá funcionar, donde no se requerirá medidas de aislamiento y si no que se lo pregunten a Nueva Zelanda o Australia", añade Roldán. Durante el tercer trimestre de 2020, ambas pusieron fin a la recesión económica. Nueva Zelanda registraba una recuperación récord del 14% del PIB -tras caer un 11%- y Australia crecía un 3,3% -tras una caída del 7%-.

El profesor y virólogo José Antonio López Guerrero manda un mensaje contundente: "Es complicado, pero hay una realidad clara y lo ha demostrado la primera ola en España: sin salud no hay economía que se pueda salvar".

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