Jueves, 15 de Abril de 2021

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Céline Sciamma firma un cuento sobre la pérdida y la maternidad en 'Petite Mamam', presentada en al Berlinale

La directora francesa usa el realismo mágico y los viajes en el tiempo en una conmovedora historia que ha encantado a la crítica

Fotograma de 'Petite mamam', película de Céline Sciamma que compite en la Berlinae 2021

Fotograma de 'Petite mamam', película de Céline Sciamma que compite en la Berlinae 2021 / CEDIDA

Los meses de confinamiento y los estragos físicos, económicos y emocionales que ha tenido y está teniendo la pandemia sobre todos y todas hacen que necesitemos los cuentos de hadas más que nunca. Relatos emotivos, que hablen de la pérdida, del amor y las relaciones, pero refundados, despojados de estereotipos machistas y patriarcales. El tono de cuento ha sido el elegido por varios cineastas que han estrenado o rodado después de la pandemia. Por ejemplo, la francesa Céline Sciamma en Petite Mamam, película con la que compite en esta edición online de la Berlinale.

En su morfología del cuento, el lingüista ruso, Vladímir Propp, delimita las funciones de estos relatos y habla de la ausencia como una de las características comunes a los cuentos. La ausencia de la madre y de la abuela es la que motiva el desencadenante de la acción en la película de Sciamma. Una madre joven, de unos 30 años, y una niña acuden a la casa de la abuela, en medio del bosque para limpiarla y despojarla de los objetos personales después de que la abuela haya fallecido.

Sobre ellas pesa el dolor de la pérdida y la no despedida, además de una serie de secretos y heridas que permanecen. La niña juega en la habitación que ocupaba su madre, Marion, cuando tenía su misma edad, y en el bosque que rodea la casa. El bosque que permite que la directora adentre a su protagonista, el héroe que diría Propp, en un bucle temporal y se encuentre con otra niña, llamada igual que su madre.

“Se me ocurrió en plena ensoñación diurna: ¿cómo sería conocer a nuestros progenitores cuando eran pequeños? Esa fue la matriz de la que surgió esta ficción”, decía la directora en la rueda de prensa. Céline Sciamma sabe lo que es usar el cine para romper estereotipos y esquemas viejos, que no nos sirven como sociedad ni espectadoras, y volver a configurar nuevos relatos. Lo hizo rompiendo la mirada paternalista sobre la mujer y el amor en Retrato de una mujer en llamas, su última película con la que tuvo mayor repercusión internacional. Antes ya había dejado claro que los géneros son fluidos, líquidos, en Tomboy, una historia sobre un niño trans. O cómo es el despertar sexual adolescente, sin porno ni edulcoramientos, en Walter Lilies, su debut. O que es el racismo en la Francia de hoy para las mujeres adolescentes racializadas en Girlhood.

"Es una película de viajes en el tiempo sin máquina para viajar en el tiempo”, define la directora que reconoce haberse inspirado en el maestro de la animación japonesa Hayao Miyazaki, pero también en películas mainstream del Hollywood de los ochenta, como Regreso al futuro y Big. Sin embargo, en Petite Mamam no hay apego a los objetos o a lo material, sino que todo el relato se centra en lo espiritual.

Si en La Boda de Rosa, Icíar Bollaín jugaba con límites del cuento de hadas para mostrarnos que el amor romántico no salva a ninguna mujer, sino la conciencia sobre sí misma en el mundo, Sciamma usa la fantasía y la narrativa de los cuentos para hablar de la pérdida, del amor y de las despedidas. Temas que han puesto patas arriba la intimidad y la psique de cada uno de nosotros en este confinamiento y que siguen redefiniéndonos ahora mismo. "En todas mis películas trato de dejar espacio para la experiencia del público. A él le pertenece jugar con este cuento. El héroe no es el protagonista del relato, sino el espectador”, explicaba Sciamma. 

Las dos niñas son las protagonistas del relato, las actrices Gabrielle Sanz y Josephine Sanz, cuyos gestos, risas, juegos y temores son recogidos por la mirada cuidadosa y detallista de la directora que habla del luto en un momento difícil para todos, pero en especial para los más pequeños. "Son seres listos, comprometidos y sensibles que se están enfrentando a la misma crisis que el resto de nosotros, pese a que nadie se dirija a ellos y no tengan ningún peso político”, decía. 

Petite Mamam empezó a escribirse un poco antes del confinamiento, pero se rodó el pasado otoño. Pocos actores y actrices, un escenario decorado sin ornamentos y con un claro objetivo de no darle una época concreta, un lugar escondido en las afueras del suburbio parisino donde vive y una casa solitaria donde sucede este encuentro fortuito entre mujeres que busca romper el salto generacional, como concluye Céline Sciamma. “Es una película pensada para abolir el pasado y el presente, destruir las barreras entre edades y cambiar la verticalidad por la horizontalidad”.

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