Jueves, 23 de Septiembre de 2021

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Metáforas de baratillo

"No, eso de rectificar no corre bien por las redes. No se retuitea tanto"

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Cruzo Malasaña. Escucho a los grupos de franceses que pasean buscando los locales mas modernos para tomarse algo y bailar al ritmo de la música. Después pasarán por el supermercado y comprarán unas cuantas botellas con las que seguir la marcha en el apartamento alquilado para este fin de semana cultural.

Con todo cerrado a las seis de la tarde en París, ¿a quién no le apetece darse una vuelta por Madrid, aunque su nivel de incidencia del virus sea mas del doble?

Una joven francesa lo explica en un video dirigido a sus compatriotas, con una franqueza que no estamos acostumbrados a escuchar aquí: Resulta, dice la chica en su lengua natal, que en España no pueden permitirse cerrar los bares porque no tienen dinero para compensarles, así que está todo abierto. Al menos en Madrid.

La muchacha les anima a pasarse por aquí y aliviar así las restricciones. Los vuelos están baratos y la PCR imprescindible para el viaje es gratuita en su país, así que el plan es perfecto.

Esquivados los franceses, salgo ya a la Gran Vía y cruzo hacia la calle Preciados.

Paso entre los bolardos gigantes instalados allí y por un momento me viene a la cabeza que en su día se colocaron para evitar el peligro, muy real, de que alguien con una furgoneta o un camión atropellara a la multitud en nombre de su concepto de la justicia y lo divino. El siempre problemático mundo de las ideas, como las que escucho a través de un altavoz estratégicamente colocado allí por “los negacionistas”, que a diferencia del feminismo sí pueden manifestarse día tras día gracias a la libertad de expresión de la que gozamos. No son miles. Tienen la suerte de no pasar de quinientos.

En realidad son 20 o 30 aquí en esta calle, pero hay muchos mas dispuestos a compartir su discurso en las redes.

La voz que se escucha en ese altavoz es la de un escritor famoso, con muchas décadas de trabajo a sus espaldas. Un intelectual y comunicador amante de los libros que nos descubrió hace ya mucho tiempo los entresijos de la España mágica.

También él, como otros personajes públicos ha decidido poner sus habilidades dialécticas al servicio de la denuncia.

“No salgas de casa y déjate manipular”, el viejo escritor, con sus frases primorosamente construidas, nos advierte del profundo significado de cubrirnos la cara con la mascarilla: La deshumanización, a la que se nos está sometiendo por parte de poderes mundiales cuyo plan secreto es convertirnos en seres obedientes y manejables. Seres sin rostro. Seres sin voz. La mascarilla convertida en metáfora de una realidad oculta mas profunda y oscura.

No es el único que lo hace, también hemos escuchado estos días a una famosa actriz afincada en Francia con un discurso parecido. Precisamente allí, en ese país, es donde otros intelectuales y filósofos que se apuntan a la misma idea llevan meses esforzándose en difundirla por medio de charlas y vídeos primorosamente editados.

Los vinculados al movimiento “Hold up” se esforzaron durante todo el verano en denunciar que la obligatoriedad de la mascarilla en Francia, cuando ya no había muertos demostraba su argumento: La emergencia estaba superada, y sin embargo los gobiernos no pensaban renunciar a ponernos el bozal para seguir adelante con su malvado plan.

Lo del virus era lo de menos, ¿O quizás era una invención?, ¿Por qué no sostener que en realidad nunca ha existido, que es todo una patraña de los medios de comunicación, esos poderosos manipuladores de la realidad?

Extender esas derivadas no es ya labor de los intelectuales; queda para los seguidores de segunda. Los que van a hospitales en plena noche para enviarte después el video que supuestamente demuestra que no hay enfermos, que todo es mentira.

Pásalo, retuitéalo.

Luego llegó la segunda ola, y la tercera y los hospitales volvieron a llenarse. Los muertos volvieron a contarse por miles a diario también en Francia, y París tuvo que cerrar sus puertas, pero por mucho que he buscado, no encuentro ningún podcast, ningún vídeo primorosamente editado en el que alguno de esos filósofos e intelectuales reconozca haberse equivocado. La gravedad de la situación.

No, eso de rectificar no corre bien por las redes. No se retuitea tanto.

Mientras, los jóvenes franceses siguen refugiados en las calles de Madrid, sin entender esa voz en español, grabada en un remoto pueblo castellano, bien alejado de las multitudes y los virus, que sigue pregonando a todo volumen metáforas de baratillo.

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