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'Insolación', el deseo de la mujer en el siglo XIX

Una obra divertidísima, moderna, profundamente castiza y de esencia feminista

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Emilia Pardo Bazán nació en A Coruña en 1851. Era una mujer interesantísima, moderna, rompedora, inteligente. Colaboró con revistas y periódicos, redactó ensayos, artículos, crónicas de viaje, cuentos y novelas en una carrera literaria realmente prolífica hasta su muerte, el 12 de mayo de 1921, de la que este año se conmemora el centenario.

Entró en contacto con el krausismo por medio de Francisco Giner de los Ríos e impulsó en España el naturalismo francés. Ocupó desde 1916 la cátedra de lenguas neolatinas de la Universidad de Madrid. Es la autora de 'Los Pazos de Ulloa' y 'La madre naturaleza', que ya os hemos contado en 'Un libro una hora', y de 'Morriña' o 'La sirena negra'. Publicó 'Insolación' en 1889. Es una novela que habla del deseo femenino en el siglo XIX y de cómo las convenciones sociales se interponían en su camino. Es una obra divertidísima, muy moderna, profundamente castiza y de esencia feminista.

Pocos críticos contemporáneos supieron prescindir de adherencias extraliterarias al valorar 'Insolación', considerada en su día una especie de osado divertimento; en cambio, el paso del tiempo ha colocado esta obra menor entre las más destacadas de su autora. Varios son los motivos y quizá sean extraliterarios, precisamente, los dos principales: el tema, que casi podemos calificar de feminista; y el enfoque, mucho más próximo a la sensibilidad actual que a la de entonces.

Emilia Pardo Bazán, con maestría, supo utilizar en proporciones justas los ingredientes narrativos de que disponía —incluso adelantándose en ciertos procedimientos— hasta conseguir un producto redondo: aparentemente ligero, pero con las suficientes capas de profundidad como para dar pie a más de una lectura. Una seductora levedad formal envuelve el cuidado equilibrio de su estructura y una aguda capacidad de observación y de análisis hacen que atraiga hoy tanto como en su momento sorprendió y hasta escandalizó.

La separación de su marido, momento clave en la vida de Pardo Bazán

En marzo de 1889 vio la luz 'Insolación. Historia amorosa', con la dedicatoria a José Lázaro Galdiano en prenda de amistad. 'Insolación' aparecía en un momento muy significativo para Emilia Pardo Bazán. Hacía pocos años que se había separado de facto —aunque privadamente— de su esposo, y desde entonces vivía en una situación bastante inusual para la época, pues la separación matrimonial no se consideraba una opción en la escala vital de la mujer. De esa forma había ganado libertad de acción —en particular, estancias anuales en París—, pero había vuelto a depender en lo económico de sus padres.

En 1889 su voluntad de dedicarse profesionalmente a la literatura ya estaba consolidada gracias a una nómina de siete novelas de éxito y una personalidad conocida en el mundo de las letras españolas. Había conseguido franca notoriedad por no ajustarse a los etéreos idealismos que eran de obligado cumplimiento para cualquier autora respetable.

También estos eran tiempos importantes en el plano personal. Casada a los 16 años, Emilia Pardo Bazán había vivido sobre todo en Galicia, ajustándose al cerrado modelo que le dictaba su estatus como miembro de la aristocracia menor terrateniente: esposa y madre ante todo. Pero su afición autodidacta al estudio y su interés por el conocimiento en el más amplio sentido de la palabra la habían llevado poco a poco a explorar nuevos horizontes, y en 1889 pudo al fin cumplir uno de sus mayores deseos: instalarse en Madrid, donde además del mundillo intelectual y literario podía disfrutar de una intensa vida social.

Su relación con Benito Pérez Galdós y José Lázaro Galdiano

Pardo Bazán exploraba una parcela sentimental que había tenido acotada durante años y, junto con la vivificante emoción del éxito literario, experimentaba otras emociones más íntimas. Era un momento de apertura: años en que la correspondencia con sus colegas de letras la llevó a plantearse una nueva cercanía en los afectos, basada en la afinidad de intereses . Eran los años de su relación con Benito Pérez Galdós y de su breve, brevísima historia amorosa, pronto devenida amistad, con José Lázaro Galdiano.

Varias claves formales y temáticas definen 'Insolación'. Entre las últimas destaca por su osadía —para la época— el enamoramiento de Francisca de Asís Taboada, marquesa viuda de Andrade, y el guapo, rico y tarambana Diego Pacheco. La osadía radicaba en no presentar a la protagonista de una de las maneras canónicas con que se solía pintar a la mujer que vivía un trance así: como inocente víctima de un varón abyecto o, directamente, como un ser moralmente abominable. Y, sobre todo, en no aplicarle el justo castigo que cualquier pío lector esperaría de su conducta. Porque en la novela Pardo Bazán ponía a hombre y mujer en plano de igualdad y denunciaba, con irónica sutileza, la paradoja de la doble moral sexual de su época: actos idénticos provocaban reacciones opuestas, y sociedad y religión los medían con distinto rasero según quién los realizara.

'Insolación' sorprende no solo por su tema y por su trama, sino también por las opciones que toma su autora al plantearlos; para empezar, el lector oye la historia a través de varias voces, no siempre acordes a la hora de presentar los hechos . Un narrador en tercera persona comparte protagonismo con la propia Asís, quien a veces cuenta en primera persona y a veces dialoga con otra voz, la de su conciencia, que se encarga de rebatir sus puntos de vista. La acción, además, no avanza en orden cronológico: ya en el capítulo II, el paréntesis de un salto al pasado ayuda a comprender las circunstancias del presente.

El papel destacado de los personajes femeninos 

Pardo Bazán siempre había destacado por sus acertadas descripciones, y en 'Insolación' acierta especialmente al captar el ambiente de la romería, verdadera catarata sensorial de olores, imágenes, sabores y sonidos; también en las ensoñaciones marítimas de Asís, derivadas del alcohol o de la tristeza. Todos esos momentos tienen su razón de ser, se imbrican en la trama, le dan sentido, y distan mucho de las interpolaciones descriptivas o las temibles "lecciones de cosas", tan propias del naturalismo, que, de pronto, irrumpían en el decurso de la historia como un enorme meteorito para abrir un inmenso cráter en la narración. 

Ocupan lugar destacado en 'Insolación' los personajes femeninos. En la semana de mayo que dura la acción de la novela, la protagonista —tan preocupada por la moda y por el estatus de su clase que oye misa en las Pascualas, la iglesia ultrachic del momento— tiene a su alrededor un abundante elenco de mujeres de lo más variopinto: desde aristócratas o burguesas hasta gitanas pedigüeñas, pasando por criadas o camareras, todas ellas individualizadas, con volumen y personalidad.

En el centro de ese plantel femenino, Asís: una mujer de 30 años que creía controlar la comodidad de su anquilosado y previsible universo —aun­que siempre bajo la amenaza de su severo confesor, el padre Urdax—, sosegada en lo emocional. Alguien que de pronto, sin comerlo ni beberlo, descubre algo para lo que no estaba preparada: un deseo que la desborda y que no sabe gestionar .

Este artículo contiene varios fragmentos de la introducción de Eva Acosta a la edición de Penguin Clásicos

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