Sábado, 17 de Abril de 2021

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Día de la mujer

Irene Sánchez, maquinista del Metro: "Hay hombres que dejan pasar el tren si ven que lo conduce una mujer"

En el Día Internacional de la Mujer, hablamos con Irene Sánchez una de las pocas mujeres maquinistas de Metro; y con Clara Grima y Patricia Domenech, dos mujeres que han luchado contra la desigualdad para vivir haciendo lo que les apasiona

En el Día Internacional de la Mujer, oímos cada año multitud de reivindicaciones que tienen como génesis el mismo problema: la desigualdad y los prejuicios. Una de las principales protestas de este día es la falta de oportunidades para las mujeres en determinadas profesiones, históricamente masculinizadas hasta tal punto que excluyen y marginan a la mujer de su práctica hasta invisibilizarla por completo. Una de estas profesiones es, por ejemplo, la de maquinista. Y una de las mujeres que la desempeñan, Irene Sánchez.

Irene es maquinista en el Metro de Madrid desde hace cinco años. Una de las pocas que se dedican a esta profesión, ya que las mujeres maquinistas representan entre el 20 y 30 por ciento de un total de casi 2.000 trabajadores. Lleva viviendo la desigualdad de oportunidades desde muy joven. “Estudié telecomunicaciones, y en mi clase éramos dos mujeres”, cuenta. Nunca pensó en ser maquinista, pero lo llevaba en la sangre: “Mi padre y mi abuelo eran ferroviarios en RENFE. Un día me presenté a la oposición, la aprobé, y me cambió la vida”.

Irene, que en condiciones normales estaría manifestándose con sus familiares y amigas, asegura que, en años anteriores, sus compañeros se han ofrecido cambiarle el turno para que pudiese hacer huelga, y que siempre se ha sentido “una más”. Señala, eso sí, que algunos niños se sorprenden al ver a una mujer conduciendo el metro. E incluso que “hay hombres que se quedan en el andén y dejan pasar el tren si ven que hay una mujer de maquinista”. Estas actitudes, sin embargo, para Irene, tienen los días contados: “Con la generación de mis hijos, esto se ha acabado”, añade.

 Más mujeres, más historias

Al igual que Irene, muchas mujeres han luchado contra los prejuicios para vivir haciendo lo que les apasiona. Una de ellas es Patricia Domenech, que lleva más de veinte años rompiendo tabúes por todo el mundo. A los 25 años ingresó en el Ejército del Aire, y en 2007 se convirtió en la primera mujer española en pilotar un reactor. Tras dejar las fuerzas armadas voluntariamente, se fue a EEUU para convertirte en la primera española en entrenar un equipo de fútbol femenino. De ahí, a Hawaii, también como entrenadora. Y después llegó Uganda, donde ha puesto en marcha la ONG Goals for Freedom, con la que ayuda a niños y niñas y a mujeres con VIH a través del fútbol.

En palabras de Patricia, se dedica a lo que le gusta “porque para eso estamos en esta vida, para ser felices y hacer felices a los demás”. En su caso, combate la desigualdad desde el deporte base: “Siempre hago equipos mixtos, para que los niños aprendan a respetar a las niñas, y todo el mundo tiene que tocar la pelota”. Una regla que pone desde la propia experiencia: “lo de no pasarle el balón a las chicas pasa en todos lados, en España, en Estados Unidos y en África”.

Clara Grima, por otro lado, tiene 50 años, es de la localidad sevillana de Coria del Río, y profesora titular de Matemáticas de la Universidad de Sevilla. Es una de las divulgadoras científicas más importantes que siempre ha tratado de impulsar medidas para que las mujeres tengan mayor cabida en la ciencia. Esta mañana, leíamos en su cuenta de Twitter lo siguiente: “A luchar por la #Igualdad con uñas, datos y argumentos. Si todavía molestan las reivindicaciones es porque son necesarias. No, no hay igualdad. Pero la habrá”.

El de la ciencia, nos cuenta, es un mundo donde la desigualdad se puede ver de manera cristalina. “La carrera de investigación se ralentiza mucho si eres mujer”, explica, “por muy modernos que nos creamos, el cuidado de las personas dependientes sigue recayendo en las mujeres”. En el ámbito universitario es claro: “el número de mujeres que inicia una carrera es muy menor al que después tiene éxito académico y alcanza puestos de gestión”. Una situación que, espera, tiene los días contados. “No hay igualdad, pero la habrá”.

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