Viernes, 07 de Mayo de 2021

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ESTRENOS DE CINE | ENTREVISTA

Eduardo Noriega: "No puedo elegir, prácticamente no me ofrecen hacer cine"

El actor es uno de los protagonistas de 'Los traductores', thriller francés con reparto internacional sobre las miserias del mundo editorial. Con este proyecto regresa a las salas tras trabajar en varias series de televisión en un momento complicado para la industria. A punto de cumplirse 25 años del estreno de 'Tesis', el intérprete repasa su carrera y su visión del oficio en tiempos de streaming

Eduardo Noriega, durante la presentación en Madrid de 'Los traductores'

Eduardo Noriega, durante la presentación en Madrid de 'Los traductores' / Juan Naharro Gimenez/WireImage)

Eduardo Noriega es uno de los rostros clave del nuevo cine español de finales de los 90. Con 21 años debutó en 'Historias del Kronen', de Montxo Armendariz, y solo un año después su papel en 'Tesis', luego en 'Abre los ojos', de la mano de Amenábar lo convirtieron en el actor de moda. En los 2000 internacionalizó su carrera con Guillermo del Toro, ha trabajado con Agustín Díaz Yánez, con Mateo Gil, con Cesc Gay... A un lado y otro del charco, y también en el cine europeo. En los últimos tiempos las series ha llamado a su puerta, 'Inés del alma mía' o 'Hache', y el cine le ha ido dejando, en parte, de lado. Ahora estrena 'Los traductores', película fracesa de Régis Roinsard con un reparto coral (Olga Kurylenko, Lambert Wilson, Alex Lawther...) en la que interpreta a uno de los traductores encerrados en un búnker para preparar el lanzamiento de la última parte de un bestseller sin filtraciones. Un thriller en forma de cluedo sobre las miserias del mundo editorial y la mercantilización de la cultura extensible a otras artes. Con este proyecto regresa a las salas, lugar que añora como buen romántico, y con él repasamos su carrera y su visión del oficio y de la industria cuando se cumplen 25 años de 'Tesis'.

¿Cómo llegas a este proyecto internacional con tantos actores?

El director Régis Roinsard buscaba a personajes de cada país para interpretar a los traductores respectivos. Se supone que la novela Dedalus es un bestseller mundial y el editor elige a los países donde más se ha vendido, China, Rusia, Grecia, Alemania, España… y entonces el director tenía que hacer esa labor de buscar a traductores de cada país. Yo hice una prueba, le mandé una cinta con un par de secuencias y me dijo que me quería a mí. Me hizo ilusión porque habla de libros, de traductores, de negros, de autores con pseudónimo, de editores ambiciosos y sin escrúpulos… Me parece que poner en el centro de la historia a los traductores, que son siempre alguien invisible, es interesante. Cuando lees un bestseller, pocos piensan en el trabajazo que hay detrás de un traductor y de cómo podría variar el tono y el estilo del libro. Las traducciones normalmente si son malas, nos llaman la atención, pero si son buenas, lo damos por hecho. Me hacía ilusión que un thriller, una película con intriga, pusiera en el centro a los traductores y hablara de libros y, además, tener la oportunidad de trabajar con gente, con actores de cada país, como Olga Kurylenko, Lambert Wilson, Alex Lawther, Riccardo Scarmacio… ha sido una experiencia muy satisfactoria y lo hemos pasado muy bien.

Ya habías rodado en Francia hace 10-15 años, ¿cómo llevas el francés y también cómo cambia hacer cine en un país que cuida tanto su industria y tiene tantas miradas?

Es tremendo. Es el espejo donde debería mirarse no solo el cine español, sino los espectadores, la sociedad… Cómo se mira allí el cine, cómo está considerado. El cine es algo importantísimo, forma parte de nuestra cultura. En este año que hemos estado con más tiempo libre, me he visto muchísimo cine antiguo, pero también mucho cine español. He hecho un recorrido por todo el cine español del siglo XX y te das cuenta de que la historia de nuestro país está contada a través de nuestro cine. Incluso películas no de tanta calidad, también están retratando una época, como es el cine de los 70 o el cine que se escribía contra la censura. Para lo bueno y para lo malo, toda la historia está en nuestro cine.

Creo que se le debería tener en alta estima, ser un patrimonio cultural importantísimo que deberíamos de guardar y cuidar. Eso en Francia no hay discusión alguna, es una cosa clarísima. Tiene esa importancia y, por supuesto, la gente tiene admiración por la gente que se dedica al cine, no como aquí en España. Y luego en cuestión de industria, de financiación, de distribución, de capacidad de promocionar el cine fuera de sus fronteras… Esta película, que es una gran película en cuanto a presupuesto, se ha estrenado en más de 20 países en el mundo. Me hace especial ilusión estrenar en cines teniendo en cuanto la lamentable situación de las salas, de los teatros, de las salas de música en España. Animo a la gente que vaya al cine, al teatro, es muy triste ver cómo cierran salas. Es una forma de colaborar para que esta industria siga peleando. Sé que hay muchos sectores  dañados en nuestro país y que todos tenemos que echar una mano para salir adelante. En este caso, me hace ilusión volver a las salas, no sé cuándo será la próxima vez que estrene una película en cines. Yo ya había rodado en Francia y es un país que nos saca bastante ventaja en muchos aspectos relacionados con el cine. Y además, es una película de personajes encerrados, algo que yo ya había hecho en una película más antigua, ‘El método’, donde se ven encerrados por otras circunstancias, pero también con ‘Perfectos desconocidos’, siendo una comedia radicalmente opuesta a esto. Tengo experiencia en que me encierren con otros actores durante meses. Los libros, la literatura, los traductores, las obras de autor respecto a los bestseller, es un tema apasionante y además con ese punto de intriga de no saber quién es quién en esta historia.

La película habla también de la mercantilización del arte. Scorsese escribía hace unas semanas un ensayo y ponía el foco en el término ‘contenido’, ya no son películas, obras… ¿Qué piensas de cómo la cultura y el cine está siendo arrastrada a esos ciclos consumistas?

Es parte de la rueda. Creo que también va por modas, en este caso, es una tendencia marcada por unas grandes empresas, multinacionales, que ponen el ritmo y necesitan más y más contenido. Aspiro a que, dentro de que es un negocio y que nos van a venir bien estas plataformas para darnos trabajo, a que haya espacio para obras quizás no tan masivas, no tan comerciales, no tan previsibles. Lamentablemente creo que estamos acostumbrando al público a ver un tipo de serie o de cine y ahí está el peligro. Pongo como ejemplo este año la película de David Trueba, una película interesante que habla de la inmigración, algo que nos toca a todos y que solo nos acordamos cuando hay una gran tragedia, luego nos volvemos a olvidar. La valla, los muros, la inmigración para un país como el nuestro que es el límite de Europa y África, todo el conflicto que invita a la reflexión en una película que él ha estrenado en una web. Es una especie de suicidio porque todo el mundo tiene ya plataformas, si pago tres, cómo voy a pagar más por otra. Lamento de verdad que sea una película que no haya hecho ruido, que no la haya visto nadie, que ni siquiera haya tenido el reconocimiento de la industria. Entonces, sinceramente, creo que las plataformas deberían tener ese hueco para este tipo de obras que se salen de los estrictamente comercial y hablan de temas interesantes.

Y cuando las plataformas apuestan por este tipo de obras, también se genera la sensación de que nada permanece, que el consumo rápido lo agota todo. El año pasado Netflix estrenó la película de Scorsese, antes ‘Roma’ de Cuarón, este año ‘Mank’, de Fincher… ¿Tienes la sensación de que todo va quedando enterrado?

Afortunadamente se están haciendo grandes obras con grandes directores, pero es cierto, hay algo en el consumo desaforado de series y películas, yo espero que se baje un poco la burbuja. Personalmente prefiero otro tipo de consumo. Prefiero el cine y la película como algo concluyente. Además creo que una de las virtudes es la síntesis, la capacidad de desarrollar historias y personajes que luego cierres. Me aburro con la tercera, la cuarta, la quinta temporada… acabo siempre desconectando, incluso de series que me entusiasman y muy bien escritas. Hay mucho talento en las series pero a mí personalmente me acaban aburriendo.

Con las plataformas hay una especie de ansiedad, de consumo compulsivo. De verte la temporada completa el viernes que se estrena la serie. Eso como actor me da muchísima pena. Estamos dos meses para el rodaje de una segunda temporada, o tres o cuatro meses, y se la ven en una zampada. Eso ya son maneras de consumo, pero creo que estamos alentando esa compulsividad, a verlo todo, a comentarlo, a comer tan rápidamente que no degustamos la comida. No nos paramos a ver los sabores, las texturas, con qué vino iría mejor esta comida, no mezclarlo. No, ahora nos lo comemos todo de un atracón y ya estoy pensando en cuál va a ser la siguiente comida. No la disfrutamos, no tiene ese poso y, por tanto, eso hace que también nos alejemos de productos que conlleven una mayor reflexión, asimilar lo que has visto, que te haga pensar, que busques por qué te ha emocionado. Estamos haciendo productos de consumo rápido y de olvido más rápido.

La dinámica es pensar qué serie me voy a perder si no veo mañana completa la temporada de lo que sea. Espero que sea una especie de boom que poco a poco se vaya calmando. Igual que ahora hay muchas plataformas y siguen llegando, multinacionales, y todos necesitamos estar en todas para poder abarcar. Imagino que también habrá fusiones, como en los grandes bancos, porque es impensable que existan todas. Hemos pasado de no pagar dinero por la tele a pagar dinerales por cuatro o cinco plataformas para consumir de forma compulsiva series todos los días de nuestra vida. Es un poco estresante. Estas plataformas a su vez necesitan contenido y, por eso, le llaman contenido, ya no les importa tanto la calidad porque lo que les interesa es competir con la de enfrente y ofrecer más, más y más.

He vivido muy de cerca, con mi socio Miguel Ángel Lamata, todo el proceso. Cuando hicimos ‘Nuestros amantes’ acabó vendiéndose a Netflix y nos dio la oportunidad de que se viera en todo el mundo. Antes era territorio a territorio cada película, si la vendías a México era un éxito, si se veía en Francia… Ibas uno a uno, la película iba avanzando, ahora Netflix te ofrece un milagro. La van a ver en 190 países y la serie, además, en una tarde entera. Es alucinante cómo ha cambiado el modelo. Por un lado, piensas que te da mucho, porque la ven en países remotos donde no llegarías tú, pero por otro lado, se ha perdido esa cosa de acompañar tu película, hacer una proyección en tal país y un coloquio posterior, comentar la jugada… Hay una cosa romántica, para los que somos románticos, que se ha perdido lamentablemente. Ya no existe. Es una especie de venta de tu alma al diablo. Consigues el éxito mundial porque te va a ver todo el mundo, ojalá así sea, pero pierdes esa cosa romántica y artesanal que tenía el cine. Todo el mundo ha cambiado, no solo nuestra industria, lo que pasa que en nuestro caso lo padecemos mucho más por el consumo audiovisual. Yo espero que se vaya rebajando este boom, no sé hacia qué modelo vamos, espero que no sea a uno de consumo de productos mucho más rápido. Ojalá se siguieran haciendo películas de tres horas, pero me da la sensación de que cada vez duran menos y que el formato es cada vez más pequeño. El consumo para móviles de ficciones que duran tres o seis minutos…

También hay una cierta uniformidad estética. Lo que cambia es la visibilidad de la que hablabas, por ejemplo, en esta película de los traductores están los protagonistas de ‘Borgen’ o ‘The end of the fucking world’ ¿Cómo cambian las series el trabajo como actor? ¿O es lo mismo con muchos capítulos?

Últimamente he empalmado serie tras serie. Ha cambiado muchísimo la cosa y prácticamente no me ofrecen cine. No es que pueda elegir, hago lo que me ofrecen y encantado. Ojalá siga haciendo series mucho tiempo, pero personalmente echo un poco de menos el cine. Sí cambia el trabajo. Un ejemplo burdo, para una serie de ocho o diez capítulos, se queda una semana antes para ensayar los primeros capítulos y se trabajan, pero luego ya no se ensayan. Para los últimos capítulos llegas tú al set con tu propuesta. La rapidez y la eficiencia con la que hay que rodar no te permite detenerte. La película, con mejores o peores resultados, se trabaja como un todo en cuanto a ensayos y preparación de preproducción. En cambio, las series descuidan esa parte. Es otra dinámica, se rueda más rápido, con dos cámaras, que no te permiten de repente un plano frontal. Al final el actor se acopla rápidamente y es cierto que el trabajo es el mismo. Dicen acción y estás delante de la cámara con tu personaje, pero las dinámicas de rodaje son más rápidas y yo prefiero el detenimiento del cine. Trabajar cada secuencia. En eso no hay nada que hacer, hay que acoplarse al ritmo que marquen.

Antes la dinámica de cine era muy lenta, esperar horas a que iluminaran un plano, de eso se quejaban siempre los grandes actores, para ahora de repente darlo todo en dos segundos. Pero antes, tú habías pensado esa escena, la habías reflexionado, ensayado y propuesto al director. Ahora con las cámaras HD puedes rodar con la luz de un mechero y luego en etalonaje tienes capacidad para hacer lo que quieras, por tanto, la dinámica es otro mundo. Falta pausa y detenimiento para pensar cuatro tomas de cámara distintas o cuatro tonos diferentes con los actores. A veces echo de menos eso, con la impresión de que la primera propuesta es la que vale y la que queda. Habría que pensárselo un poco más.

En abril se cumplen 25 años del estreno de ‘Tesis’, ¿eres un actor que hace balance de lo que ha hecho o no ha hecho? ¿puede controlar un actor eso que llaman carrera?

Yo he vivido buenas épocas de cine en España. A finales de los 90 se hacía mucho cine y yo pillé una buena época. Ahora hay muy pocos actores, los puedo contar con los dedos de una mano, que trabajen con asiduidad en cine. Son muy pocos. Ha desaparecido la clase media, ahora son los cuatro o cinco directores que tienen su proyecto más o menos grande y luego están las películas cada vez más pequeñas, con menos tiempo y presupuesto, con dificultades tremendas para estrenar en cines. Está cambiando mucho la cosa. No se puede dirigir una carrera desde uno mismo. En España, no. Imagino que si eres una gran estrella en Hollywood como Tom Cruise, pues quizás, aunque seguro que él te dirá que tiene muchas dificultades de un proyecto a otro según intereses empresariales. En España un actor hace lo que puede, tiene mejores rachas o peores, a lo mejor hay veces que sí que le han coincidido dos proyectos y elige uno u otro, pero son pocos casos, eso ya no sucede.

Estoy deseando tener un problema de elección, que tenga que perder una película por otra, me dolerá mucho, pero será una buenísima señal. Me ha ocurrido en alguna ocasión pero eso no define una carrera. Hay un tipo de personajes que también te ofrecen habitualmente, aquí en ‘Los traductores’ me sorprendió que ofrecían un personaje que no era el arquetipo de thriller de otros tiempos. Es vulnerable, tartamudo, débil física y mentalmente, alejado del típico que me han ofrecido. Yo siempre he querido romper en la medida de mis posibilidades, pero la mayoría de los personajes que te ofrecen son de otro perfil, porque son lo que has hecho, lo que le suenas. Es difícil salirte de la idea preconcebida que tienen de ti, pero yo ahora lo que quiero es trabajar, me da igual repetir el personaje, ya llegarán otros tiempos donde se pueda elegir. La industria española está muy precaria, estrenar una película en cines siempre había sido arriesgado, pero ahora tiene ya tintes heroicos, trágicos. Ojalá nos pongamos en marcha poco a poco.

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