Martes, 21 de Septiembre de 2021

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OPINIÓN | Fake news

Sin Trump no hay paraíso (para el periodismo)

65 días sin Trump: ¿qué ha cambiado en el periodismo y en las fake news?

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Al irse dijo a todo el mundo: “Nos volveremos a ver”. Hace dos meses, el 20 de enero, Donald Trump abandonaba la Casa Blanca. Veamos qué ha cambiado en el periodismo y en el inabastable mundo de las fake news sesenta y cinco días después.

Durante los últimos cinco años, uno para su elección y cuatro más como presidente, Trump demostró con creces ser un animal comunicativo capaz de atraer la atención mediática cada vez que se lo proponía. Garantizaba titulares, monopolizaba debates y conversaciones sociales dentro y fuera de la red, provocaba filias y fobias con sus declaraciones, polarizaba y se convertía en el ‘puto amo’ del escenario mediático. Un solo tuit suyo llegaba a 88 millones de seguidores y era escrutado, analizado y publicitado por todos los medios de comunicación de Estados Unidos e incluso del mundo como si fuera a determinar la historia.

Su covfefe es todavía hoy un hito en la comunicación y en la cultura popular estadounidense. Para los no iniciados, covfefe es una expresión que Trump acuñó, no sabemos si voluntaria o involuntariamente, en un tuit la madrugada del 31 de mayo de 2017. Un tuit que decía algo incoherente, a la par que misterioso: “A pesar de la constante prensa negativa covfefe”. El enigmático mensaje de Trump fue retuiteado por más de 70.000 personas en tan solo dos horas y a la mañana siguiente el país entero se estaba preguntando cómo se pronunciaba y qué significaba covfefe. En Twitter, el hashtag covfefe fue usado cerca de un millón y medio de veces durante el día posterior.

Trump retiró el tuit a las seis horas pero lejos de admitir que fue un error, alimentó la imaginación mediática en un nuevo mensaje: “¿Quién puede descifrar el verdadero sentido de covfefe? Disfrútenlo”. Y su entonces secretario de prensa, Sean Spicer, dijo en los días venideros que sólo el presidente y un pequeño grupo de personas saben exactamente el significado de covfefe. O sea que más que ante un error estábamos ante una palabra en clave.

El impacto de covfefe en el imaginario colectivo norteamericano fue espectacular. Generó multitud de memes, se llegó a desarrollar una ley COVFEFE para que los Archivos Nacionales de Estados Unidos preservaran los tuits de Trump para la posteridad, se fabricaron tazas, camisetas, llaveros, sombreros, bolsos, juegos de mesa y puzzles con la palabra covfefe e incluso se llegó a comercializar una marca de café ‘Covfefe Coffee’ y algún que otro bar creó el Cocktail Covfefe.

Con su covfefe, Trump demostró dos rasgos característicos de su personalidad: su incapacidad para reconocer errores y su enorme capacidad para convertirlos en una oportunidad para capitalizar la atención mediática y cautivar a la gente. Hace dos meses que Trump se fue de la Casa Blanca y desde entonces apenas ha aparecido en público. Su silencio mediático lo empiezan a acusar los grandes medios de comunicación norteamericanos. El Washington Post ha perdido un 26% de visitantes de enero a febrero de este año. El New York Times, un 17%. Y respecto al año pasado, un 7% y un 16%, respectivamente.

En televisión, el escenario sin Trump es igual de desolador. La CNN ha perdido el 45% de su audiencia en prime time en estos primeros sesenta y cinco días sin Trump y la MSNBC ha caído un 26%. La única que se ha quedado más o menos como estaba es Fox News, la cadena amiga del ex presidente.

Sin Trump las audiencias y el interés por las noticias, desciende. Y con él en escena, subieron. Antes de que anunciara su candidatura en 2015, las tres principales cadenas de noticias por cable de Estados Unidos promediaban 2,8 millones de espectadores cada noche. En 2019, tras tres años de Trump como presidente, su audiencia había subido como la espuma hasta los 5,3 millones. En prensa escrita, pasó tres cuartos de lo mismo. El New York Times comenzó el mandato de Trump con tres millones de suscriptores y lo terminó con más de siete. Y el Washington Post triplicó sus suscriptores. Sin duda, sin Trump no hay paraíso periodístico.

Consciente de su enorme capacidad mediática, Trump planea cómo cumplir su promesa. ‘Nos volveremos a ver’. Así dijo adiós y ahora empezamos a vislumbrar qué planea el expresidente. El mandato de Trump terminó como las grandes series de Netflix. Nos guste o no, el final de su primera temporada (como él y muchos en Estados Unidos piensan) fue apoteósico. Una multitud asaltó el Capitolio el 6 de enero convencida de que podría evitar la nominación de Joe Biden como nuevo presidente. El asalto fue ruidoso, ostentoso y peligroso. Fallecieron cinco personas: un policía y cuatro manifestantes y se hallaron tres bombas en las cercanías del recinto. Ríete tú del final de Homeland. Luego volveré a él.

Trump tardó en reaccionar. Su silencio lo hizo parecer en connivencia con los disturbios y su mensaje posterior, también. En un vídeo en Twitter dijo a los manifestantes que los amaba, que eran auténticos patriotas y que comprendía su reacción ante el resultado de unas elecciones fraudulentas. “Entiendo vuestro dolor, entiendo que estéis heridos. Nos han robado las elecciones, ganamos por goleada y todo el mundo lo sabe”, dijo entonces Trump.

Entre los manifestantes, se encontraba David Wood, jugador de baloncesto del FCBarcelona la temporada 89-90 y también de equipos de la NBA. En una entrevista en RAC1, emisora líder en Catalunya, Wood dijo el 11 de enero: “Joe Biden acabará en prisión. No será presidente. Lo detendrán esta semana y Trump seguirá siendo presidente. 100% seguro”. No pasó nada de lo que creía Wood pero él se mostraba convencido.

Las fake news no son noticias que no nos convienen políticamente. Ni tampoco son informaciones que dicen lo contrario a lo que pensamos. Una fake news es una información deliberadamente falsa o engañosa que se difunde con la idea de crear una realidad alternativa basada en emociones y creencias pero no sustentada en hechos y evidencias. Al igual que pasó con su covfefe, Trump lejos de reconocer sus errores y sus derrotas, usa su poder y su enorme capacidad mediática para convertir una falsedad en una verdad indiscutible para muchos norteamericanos.

Un estudio de Avaaz demuestra que el 55% de los asaltantes del Capitolio no pertenecen a grupos extremistas sino que son personas que decidieron participar en los disturbios tras ser sometidas a una serie de fake news relacionadas con los resultados electorales. El estudio estima que las 100 fake news más populares en Facebook sobre las elecciones recibieron 162 millones de visitas y que el 44% de los votantes norteamericanos recibieron fake news sobre fraude electoral. De todos ellos, el 35%, es decir más de 70 millones de estadounidenses, creen que el fraude existió.

Las cuatros semanas que fueron de mediados de octubre de 2020 a la semana posterior a las elecciones, Donald Trump y otras 25 personas, entre ellas su hijo Eric, representaron el 28,6% de las interacciones en Facebook alrededor de noticias falsas sobre el fraude.

Trump ya se ha ido pero las fake news, en cambio, siguen existiendo. En Facebook, las principales páginas difusores de información falsa sobre salud obtuvieron 3.800 millones de visitas en el último año. En Twitter siguen activas 13 de las 20 cuentas principales que comparten desinformación sobre las elecciones y en Youtube muchos de los vídeos que promueven esta misma idea siguen disponibles. Y en enero de 2021, mes en que Trump dijo adiós a la presidencia, un estudio de la Universidad de Monmouth ponía de manifiesto el peligro del sometimiento a estas narrativas falsas: uno de cada tres norteamericanos están convencidos de que Biden ganó gracias al fraude electoral. Como David Wood.

Vuelvo un instante al final de Homeland. La serie termina cuando Saul Berenson, agente de inteligencia norteamericano, recibe un libro titulado ‘Tiranía de la mentira’. Por si acaso, no digo más. No quiero haceros spoiler. Solo diré que no lo manda Trump. Aunque podría porque el panorama actual en Estados Unidos pone de manifiesto la capacidad trumpiana para elevar sus trampas covfefe a verdades nacionales indiscutibles.

Como respuesta a su reacción a la insurrección que llevó al asalto del Capitolio, se le abrió un segundo impeachment que no prosperó y Twitter, Facebook, Apple y Google andan apostando por silenciar al ex presidente. De momento, le han bloqueado sus cuentas en Twitter y Facebook y Apple y Google le deniegan el acceso a sus apps stores para evitar que se adhiera a otras redes sociales como Parler.

Sabedor que tras el fracaso del segundo impeachment su regreso en 2024 es posible, sesenta y cinco días después ha llegado la respuesta de Trump: crear su propia red social. El anuncio se produce sin conocer qué plataforma creará, bajo qué condiciones, reglas ni algoritmos. Pero ya está todo el mundo al loro. Jason Miller, hombre de su confianza, ha dejado claras las intenciones de Trump: “Su regreso a las redes sociales redefinirá por completo el juego, y todos estarán esperando y mirando para ver qué hace exactamente el presidente”.

Todos pendientes de Trump, de nuevo. Solo sesenta y cinco días después.

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