Martes, 13 de Abril de 2021

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Abran a la policía

"Así que derribaron la puerta y hallaron al otro compañero en el váter, sentado. Resoplaba y estaba muy rojo, sí, pero poco más"

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A veces da escalofríos ver a la policía tumbar puertas, y a los ministros de Interior aplaudir. Recuerdo que en el primer año de carrera uno de mis compañeros llegó al rellano del piso y se encontró la llave atravesada por dentro. Quemó el timbre de tanto apretar, y como no abrían, alertó a la policía. Tuvo un mal presentimiento. Desde fuera se oían sonidos agónicos. «Parecen compatibles con un ahorcamiento», dijo uno de los agentes, el clarividente. Así que derribaron la puerta y hallaron al otro compañero en el váter, sentado. Resoplaba y estaba muy rojo, sí, pero poco más. No siempre se le da bien hilar fino y con tacto a la policía. Hay una novela de Antonio Di Benedetto en la que un tipo se encarama a una azotea y amenaza con saltar. Los bomberos tienden la escalera. La escena tiene a los viandantes angustiados y muy atentos. «¡No me miren más! ¡Basta!», les grita el suicida. Los bomberos fracasan y sube un policía, que decide encañonar con su arma al tipo que amenaza con matarse. «Si no depone su actitud», le dice, «me veré obligado a disparar». No tiene pinta de bromear. Es la impresión que obtiene el suicida, que ante la posibilidad de ser liquidado por el policía, decide alejarse de la cornisa y posponer el salto mortal para otro momento.

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