Jueves, 15 de Abril de 2021

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Robots que improvisan, control remoto con el cerebro y transhumanismo: el futuro que nos espera

¿Se imaginan que un robot supiera improvisar? ¿O que un coche frenara cuando el cerebro del que está al volante detectara que algo está yendo mal? Son preguntas que pueden sonar a ciencia ficción, pero sobre las que ya se está trabajando y para las que ya empieza a haber respuestas

Pablo Lanillos trabaja para que los robots sepan reaccionar ante un imprevisto. Antes, ya consiguió que un robot se reconociera en el espejo. Su trabajo es apasionante, pero no pudo desarrollarlo en España por la falta de perspectivas. Se define a sí mismo como un 'nómada científico', porque ha vivido en Portugal y en Alemania para instalarse definitivamente y desarrollar su investigación en Holanda. Ahora trabaja en el Intituto Donders para el cerebro, cognición y comportamiento. Sus experimentos con robótica ahora tendrán un nuevo impulso porque acaba de recibir 450 mil euros del Human Brain Project, un proyecto europeo que desde hace diez años permite que los investigadores avancen en neurociencia y computación. Su trabajo busca que las máquinas sean más seguras, al poder adaptarse a cambios para los que no están preparadas. Ahora un robot sabe hacer un trabajo de gran precisión en una cadena de montaje, pero tiene dificultades para adaptarse a situaciones complejas, como la interacción con humanos. "A las máquinas las programamos para hacerlo todo perfecto, mientras los humanos pueden errar", explica Lanillos.

María López es cofundadora y CEO de Bitbrain, una empresa de neurotecnología que combina la neurociencia con la inteligencia artificial. Su empresa ha ingresado 400 mil euros del proyecto europeo Human Brain Project para avanzar en sus trabajos. Hace dos años, presentó un prototipo de coche con NISSAN en Japón y aunque la idea era compleja funcionó. El coche estaba conectado al cerebro del conductor a través de unos sensores y cuando el conductor mandaba la orden de frenar, el coche lo hacía. Esas décimas de segundo pueden ser vitales si alguien conduce a alta velocidad. El uso de sensores que descifren nuestro cerebro puede tener un amplio desarrollo: "A día de hoy no podemos saber si la audiencia quiere tomarse un chuletón para cenar, pero sí podríamos saber si les está gustando esta entrevista", explica López. En su empresa utilizan tecnología no invasiva, pero reconoce que cada vez hay más personas invirtiendo en dispositivos que nos acerquen al transhumanismo. Es decir, mejorar la capacidades humanas mediante el desarrollo de todo tipo de tecnologías.

Impacto en el empleo

El ayuntamiento de Barcelona ha probado ya a un androide para acompañar durante dos meses a personas que viven solas. El experimento fue un éxito, ¿pero puede sustituir ese androide a un cuidador? ¿Puede tener empatía? Lanillos cree que sí, que se podrá generar una 'empatía sintética', pero es consciente de que el debate de fondo es la destrucción de empleo y él no esquiva la pregunta. "Sé que en un futuro habrá que plantear una transición, pero la robótica que intentamos hacer es para mejorar la calidad de vida de las personas, no es para quitar trabajos. No veo una eliminación total de trabajos actuales", aclara Lanillos. De momento, la robótica es colaborativa: el robot pide ayuda al humano cuando no puede seguir y viceversa. Aun así, este investigador reconoce que a medida que las máquinas sean más autónomas serán más productivas, porque no requerirán de un operario que las manipule. Tanto López como Lanillos son conscientes de los dilemas éticos que plantea el campo en el que trabajan. "Hay muchos dilemas éticos que sería bueno que empezáramos a pensar, antes de seguir avanzando", explica López. Lanillos cree que ahora hay una mayor sensibilidad: "Antes hacíamos los algoritmos sin pensar en lo que podía venir después. Ahora se piensa en un dispositivo tecnológico, pero también a qué usuario va destinado. Siempre hay que hacer un estudio ético del impacto que puede tener en la sociedad".

María Luz Rodríguez es profesora de Derecho del Trabajo en la Universidad de Castilla la Mancha. Es una de las mayores expertas en el futuro del trabajo y advierte de que, a día de hoy, es imposible hacer cálculos de destrucción de empleo. Hay estudios que calculan que en España la implantación de robots podría destruir un 50% de empleos. Otros informes son más optimistas. La OCDE limita esa destrucción a un 12%. Bill Gates, fundador de Microsoft, defiende que se debería compensar vía impuestos esa destrucción de empleo. Dicho de otra manera, si no hay trabajador que cotice el robot. Esa propuesta es compleja, porque si se grava mucho la tecnología no hay estímulo para la transformación tecnológica que es necesaria. Por tanto, concluye Rodríguez, una buena opción sería que tributen más los beneficios.

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