Sábado, 25 de Septiembre de 2021

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La enfermera que abrió una biblioteca en plena pandemia: "A veces no hay cura pero siempre hay cuidados"

Ana María Ruiz López recoge en un libro las historias de lectura y sanación de 'Resistiré', la biblioteca improvisada en el hospital de campaña de IFEMA para mitigar la soledad y la angustia de los pacientes ingresados

"Nunca olvidaré la imagen de los pacientes leyendo esos libros aquellas noches. Los libros salvan vidas"

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La noche del 30 de marzo de 2020, Ana María Ruiz López, enfermera del SUMMA 112 en Madrid escribió en un folio la palabra biblioteca y pegó ese folio con un trozo de esparadrapo en una vieja estantería con ruedas cargada de libros. Libros donados por ella misma y por sus compañeras de su club de lectura. Un precioso cargamento que desde esa guardia se convirtió en biblioteca para los pacientes ingresados en el pabellón 9 del hospital de campaña improvisado en IFEMA. 

Nacía así una pequeña gran historia de amor a la lectura y a su oficio que su protagonista ha plasmado en un libro que se llama precisamente así: "Libros que salvan vidas" , sobre el que esta tarde hemos conversado en La Ventana. 

"Me emociono solo con recordarlo. Nunca podré describir ni olvidar lo que sentí aquella noche, cuando de reojo, comprobé como muchos de mis pacientes se pasaban por delante del carrito a altas horas de la madrugada y se paraban para escoger algún ejemplar, y cómo poco después, vi a varios leyendo en sus camas. Sentí una gran emoción porque pensé que los libros ya estaban consiguiendo sacarlos del hospital para llevarlos a otro lugar, harían volar su imaginación y les darían la compañía que tan necesaria resulta en el proceso de recuperación".

A Ana la habían destinado a ese hospital de campaña seis días antes en lo más crudo y devastador del comienzo de la pandemia. "Nada más llegar vi esa escena oscura, a esos pacientes que no solo necesitaban medicación sino también compañía. Pero la situación era tan desbordante que no teníamos tiempo de sentarnos a charlar un ratito con ellos, de humanizar los cuidados. En seguida tuve claro que hacían falta esos pequeños ayudantes que son los libros". 

Dicho y hecho, de esa primera intuición llegó un primer cargamento de libros de la propia Ana y sus compañeras del club de lectura, que en las semanas posteriores llegó a alcanzar más de 3.000 ejemplares, gracias a una gigantesca e inusitada ola de solidaridad de particulares e instituciones. "A mi los libros siempre me han acompañado y me han salvado en muchas ocasiones, y han vuelto a hacerlo durante esta maldita pandemia. Estoy tan convencida de sus beneficios que pensé que podían ayudar a los pacientes, podían acompañarlos, mitigar esa soledad por falta de abrazos y de visitantes. A un libro sí puedes abrazarlo y te puede llevar a dónde tú quieras". 

De aquella relación terapéutica a través de la lectura a Ana María le han quedado para siempre decenas de historias que recuerda en 'Libros que salvan'. Como la de Antonio, el paciente lector que intercambió con ella recomendaciones literarios y que finalmente falleció, "he querido citarle como homenaje a todas las personas a las que esta pandemia se ha llevado. Puede que no siempre haya cura pero para mi es importante contar que la enfermería aunque no siempre puede curar siempre puede cuidar, y siempre cura". 

O la de Wilfredo, el paciente que no quería leer porque no le gustaba pero al que Ana María le prescribió El Principito. "Le dije que se lo recetaba como una medicina y le pedía por favor que lo probara, aunque fuera por mi, la enfermera pesada. Y lo leyó, y os puedo asegurar que días después su estado de ánimo mejoró. Está demostrado incluso científicamente. La lectura produce muchos beneficios, gracias a las neuronas espejo, lo que leemos nos genera emociones que nos hacen mucho bien". 

Un año después de la pandemia, Ana María habla con orgullo y devoción de su profesión, no siempre suficientemente visibilizada.  "En mi caso la vocación me viene de niña. Mi padre estaba enfermo y pasaba largas temporadas en el hospital. Y mientras yo estaba allí con él, con un libro a los pies de la cama, veía con admiración a las enfermeras que le cuidaban. Y desde entonces tuve claro que yo quería ser como ellas".

Y aunque ha vivido y vive situaciones muy duras "cuando se montó IFEMA éramos una enfermera por cada 50 ó 60 pacientes, con el miedo a contagiarnos, no nos daba la vida", Ana María piensa ahora que su "oficio es más bonito si cabe de lo que pensaba antes". "No se me ocurre un verbo mejor que conjugar que el verbo cuidar. Con este libro también quiero alzar la voz en nombre de todos mis compañeras porque es evidente que somos pocas, que hacemos mucha falta. Nos dejamos la piel hace un año y nos la seguimos dejando, continuamos en primera línea, pero esto tiene que acabar y entre todos podemos hacerlo. Mientras tanto seguiremos cuidando". 

Cuidando y leyendo porque ambas cosas sirven para empatizar con los demás Como también leyó a alguien en algún mensaje anónimo: "Cuando ves a alguien leyendo un libro que te gusta, en realidad es el libro el que te recomienda a esa persona". 

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