Viernes, 07 de Mayo de 2021

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'Alicia en el País de las Maravillas': mucho más que una obra maestra del humor absurdo

La novela de Carroll ha sido entendida como ácida sátira, derivada en material para el psicoanálisis y elevada a ícono pop, quizá debido a su potencia onírica

Lewis Carroll es el pseudónimo de Charles Lutwidge Dogson, que nació en Cheshire, Reino Unido, en 1832 y murió en Surrey, Reino Unido, en 1898.
Incluso su seudónimo era un juego de palabras. Transformó Charles Lutwidge en Ludovic Carolus y de allí emergió Lewis Carroll. Era profesor de matemáticas en Oxford y diácono de la Iglesia Anglicana. Tímido y reservado, un apasionado de la fotografía, los juegos matemáticos, la experimentación con el lenguaje y los niños. Escribió tratados de matemáticas, poemas, artículos, relatos y novelas.

Publicó 'Alicia en el País de la Maravillas' en 1865. El origen fue un cuento que le contó a Alicia Lidell y a sus hermanas. Alicia era hija del decano del college de Oxford donde Carroll era profesor de matemáticas. De hecho en Oxford, cada 4 de julio se celebra el Día de Alicia para celebrar la creación de esta obra maestra.

La novela es divertidísima, inteligente, llena de humor, de juegos de palabras, de escenas inolvidables, como son algunos sueños o algunas pesadillas. Es un placer leerla y releerla porque en cada una de sus lecturas encuentras cosas distintas.

El proceso de gestación de 'Alicia en el País de las Maravillas' duró tres años y pasó por tres fases: el cuento oral, la versión manuscrita y la redacción final. La primera tuvo lugar en el curso de un paseo en barca por el Támesis el 4 de julio de 1862, cuando les contó 'Las aventuras subterráneas de Alicia' (título primitivo) a Alicia Liddell y a sus dos hermanas: Lorina y Edith. Carroll afirmó no recordar otro motivo para escribir el cuento que el de "complacer a una niña a la que quería" y, al parecer permaneció en vela "casi toda la noche, dedicado a rememorar en un manuscrito las extravagantes aventuras con que tanto había avivado aquella tarde".

No lo acabó hasta febrero del siguiente año y seguidamente se puso a ilustrarlo, tarea que lo ocupó hasta septiembre de 1864. Dos meses después enviaba a Alicia, como obsequio de Navidad, el manuscrito. En 1863 inicia la reescritura del manuscrito que, ilustrado esta vez por el dibujante John Tenniel, apareció en libro en 1865 bajo el título de 'Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas'. En 1890, el autor publicó una versión para los pequeños "de cero a cinco años".

El Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas

Como señala Marta Guerri, durante toda la novela, Alicia cambia de tamaño al beber o comer algún dulce o bebida que encuentra, menguando hasta hacerse muy pequeña o creciendo hasta aumentar de tamaño. Parece que Lewis Carroll sufría, entre otras cosas, de una condición epiléptica que podían hacerle propenso a la macropsia y la micropsia, dos condiciones en las que se perciben los objetos con un tamaño mayor o menor del que realmente poseen. Hoy hablamos de un fenómeno que recuerda bastante a esos momentos de la novela: el Síndrome de Alicia en el País de las Maravillas, una condición poco común en la que se da una percepción distorsionada de los objetos y de uno mismo, además de desorientación. Las personas pueden ver lo que tienen alrededor, e incluso a sí mismos, como de mayor o menor tamaño del que realmente poseen.

En 1928, Alice Liddell, la verdadera Alicia, subastó el manuscrito de la novela por 15.400 libras esterlinas, unos 75.000 dólares. Fue adquirido por un coleccionista estadounidense quien, seis meses después, lo revendió por 150.000 dólares. Fue subastado nuevamente en 1946 y esa vez, Luther Evans, bibliotecario del Congreso de los Estados Unidos, ofertó con fondos aportados por bibliófilos estadounidenses, adquiriendo la obra por 500.000 dólares. Evans viajó a Inglaterra en 1948 y devolvió el delgado tomo al pueblo británico como un "reconocimiento por haber mantenido a raya a Hitler mientras nos preparábamos para la guerra". El manuscrito de 'Alicia en el País de las Maravillas' hoy se encuentra en la colección del Museo Británico.

Las múltiples lecturas de 'Alicia en el País de las Maravillas'

Como señala John Tones, el libro de Lewis Carroll tiene múltiples lecturas. Es, por supuesto, una aventura destinada a lectores infantiles, pero también un escalofriante reflejo de la conflictiva personalidad de su autor, una sátira de su época y una obra maestra del humor absurdo. Por eso gran parte de la dinámica de la historia se estructura en base a lo que divierte a los niños: caer por toboganes sin fin, correr, esconderse, romper cosas, hacer preguntas.

Lo que pasa es que Carroll odiaba los libros con moraleja final. Por eso Alicia no tiene moraleja y transmite esa sensación de anarquía: no es que no sea un libro moral, es que no da lecciones desde un pedestal. Posiblemente sea una de las razones que le han permitido envejecer tan bien.

'Alicia en el País de las Maravillas', según John Tones, es un ejercicio de técnica literaria espectacular, lleno de juegos verbales y de significados múltiples que lo convierten en una pequeña maravilla para estudiosos de la lengua. También es una sátira de la sociedad de su tiempo, con nada veladas referencias a la realeza (aunque la reina Victoria llegó a recibir a Carroll para felicitarle por el libro, del que era fan) y a las clases altas de la Inglaterra de la época. 'Alicia en el País de las Maravillas' critica a numerosos estamentos de la época y a su ansia por aparentar delante de los poderosos, y lo hace de forma muy inteligente: extrayendo el contexto social parecen todos una pandilla de tronados. La obsesión de personajes como la Oruga, el Sombrerero o el gato de Cheshire por obligar a Alicia a que se comporte de forma racional cuando todos ellos están como regaderas es una estupenda reflexión sobre hacerse adulto y la vida que te espera allí.

A lo largo de su historia, 'Alicia en el País de las Maravillas' ha sido reivindicada por distintos colectivos ajenos a las corrientes dominantes de la cultura. Por ejemplo, los surrealistas vieron en la lógica narrativa de Alicia algo muy próximo a un sueño. Y con razón: los recursos de Carroll no tocan solo los temas de un sueño agitado -las persecuciones que no van a ningún sitio, esconderse de nada, cambios de tamaño, objetos y escenarios mutantes-, sino que a veces parece hacer guiños muy específicos al fascinante mundo de los sueños lúcidos y a la peculiar textura líquida de las pesadillas.

La novela de Carroll ha sido leída como ácida sátira, derivada en material para el psicoanálisis y elevada a ícono pop, quizá debido a su potencia onírica, que incluso llegó a ser relacionada con el LSD y sus viajes lisérgicos. Ha inspirado a Dalí, Max Ernst y hasta a los Beatles.

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