Martes, 11 de Mayo de 2021

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La vida que tenemos

"Pasar dos años convenciéndonos de que el cuerpo del otro es un peligro tendrá efectos colaterales gigantescos"

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Llevo más de un año conversando a diario con un amigo. Son conversaciones cortas, de cinco o diez minutos. Nos pasamos recetas de cocina, hablamos de cine y de libros, nos contamos la vida cotidiana como si fuera una cosa extraordinaria. Un día, mientras él paseaba a su perro, en un momento suyo de pesadumbre por varias cosas canceladas –viajes, encuentros con la familia- me dijo “Bueno, ya está. No me voy a quejar. Esta es la vida que tenemos”. Me pareció una frase sabia de aplicación difícil. Retornamos ahora, en el cono sur, donde vivo, a un futuro que es el pasado, un sitio que ya conocemos, lleno de soledad y mascarillas. Un paisaje repleto de preguntas: ¿llegaré viva a la vacuna; podré ver a mi padre antes de que pase otro año; volveré a Indonesia, a España, a México? Muchos esperan “el día después”, e imaginan un momento cinematográfico en el que regresaremos a las calles sin mascarilla y sudaremos en recitales y nos apretujaremos en salas de teatros. Sospecho que será muy diferente. Pasar dos años convenciéndonos de que el cuerpo del otro es un peligro tendrá efectos colaterales gigantescos. Esta es la vida que tenemos, y yo apenas la soporto. Ayudan algunas cosas. La película El club, del chileno Pablo Larraín, que es de 2015 pero recién fue estrenada en Netflix; el documental El agente topo, de la también chilena Maite Alberdi; las novelas Un amor, de Sara Mesa, Nuestra parte de noche, de Mariana Enriquez, Desierto sonoro, de Valeria Luiselli, Poeta chileno, de Alejandro Zambra, la serie Succesion, la voz de la cantante argentina Susana Rinaldi entonando tangos en una terraza de Buenos Aires. En esa vida que tenemos –opaca, desanimada- todas esas cosas me dejan respirar, y entonces siento un temor supersticioso de decir en voz alta lo que pienso: qué sucederá con la creatividad de todas esas personas si pasa mucho más tiempo y todo sigue igual, inmóvil. Dónde encontrarán el deseo para cantar, para filmar películas y series, para escribir. A lo mejor es ahora mismo cuando somos felices y no nos damos cuenta. Pienso en el poema de Claudio Bertoni: “¿Y si después/ de la muerte/ hay una vida/ infinitamente/ más dolorosa/ que esta?”. ¿Y si después de esta vida hay otra, infinitamente más dolorosa que esta?

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