Jueves, 06 de Mayo de 2021

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'Enric Clarasó en su taller', una obra sobre el trabajo y la amistad

Hoy viajamos a Barcelona para entrar en el 'Museu Frederic Marès', donde se realiza una exposición temporal ('Convidats & amfitrions'), que acoge dentro de la colección permanente del museo tres obras "invitadas" pertenecientes a las Galerías de Arte de Catalunya

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Santiago Rusiñol: Enric Clarasó en su taller (1889).

¿Qué estamos viendo?

Una imagen de la creación. Vemos a un hombre, un escultor, Enric Clarasó, de pie en el centro de su estudio/taller, delante de un taburete donde ha colocado una trozo de arcilla, y con sus manos le está dando forma. Es la creación primigenia: coger un poco de arcilla y modelarla, crear una figura a partir del barro. Ir modelando con los dedos hasta el momento “mágico” en que la pieza ya no es un trozo de arcilla sino que se ha convertido en una figura. Ese momento de la creación: cuando aparece en el mundo una figura que antes no estaba.

La imagen del escultor modelando una figura de barro, tal como aparece en esta pintura de Rusiñol, me recuerda inevitablemente a una imagen que aparece en la Biblia de Sant Pere de Rodes (que se conserva en Paris) donde vemos a Dios creando/modelando a Adán exactamente igual que aquí vemos al escultor dando forma a su figura.

¿Sabemos qué está creando el escultor en la pintura?

Seguramente está realizando el primer estudio de una figura para una fuente. Lo que vemos es el boceto, de unas dimensiones pequeñas, unos 30 - 40cm de alto para luego realizar una pieza a tamaño natural en mármol. Si nos fijamos con detalle vemos que se trata de una mujer que lleva un cántaro bajo el brazo. En la pintura no podemos saber mucho más, pero si miramos el catalogo de Clarassó encontramos una escultura que realizó de una fuente donde al lado de la fuente hay una mujer esculpida a tamaño natural con un cántaro que ha ido a buscar agua, muy similar a la que vemos en la pintura.

Por tanto podemos pensar que Rusiñol nos ofrece un momento “real”, prácticamente una fotografía de como era el taller de Clarasó un día de 1889.

¿Qué relación tenían Clarasó y Rusiñol?

Eran grandes amigos y además compartían taller. Lo que nos muestra la pintura es el taller que el escultor y el pintor tenían en Barcelona, en la calle Muntaner, a finales del siglo XIX. Nos transporta a ese día a día donde los dos artistas trabajan, cada uno en su espacio. De repente el pintor sale de su estudio, ve a su amigo de pie esculpiendo, con el sol entrando por la ventana, y decide y colocar el caballete y comenzar a pintarlo.

La obra nos habla de la intimidad del taller, del trabajo, de la amistad entre ellos y, también, de las ambiciones compartidas. Los dos artistas que sueñan con crear obras perdurables.

En el taller, además de la obra en la que está trabajando, se ven otras esculturas. ¿Se han podido reconocer?

Gran parte del encanto de esta imagen es que nos permite asomarnos al taller de un artista, ver el lugar donde trabajaba, la luz, el espacio, los materiales y también los modelos que tenia a su alrededor cuando creaba. Esto es fantástico.

Al fondo del estudio, debajo de la ventana, hay una estantería construida con unos tablones y unos puntales. En la parte baja hay almacenados materiales de trabajo, y en la repisa superior, justo debajo de la ventana, recibiendo al luz, hay tres figuras (tres esculturas) que no son de Clarasó. Son modelos de obras antiguas que le sirven de inspiración.

Hay una pequeña Venus, un ángel con las alas desplegadas y una hombre tumbado al que le faltan la cabeza y parte de los brazos y piernas que podemos identificar perfectamente. Se trata de una de las esculturas que formaban parte del frontón occidental del Partenón de Atenas, una escultura del rio Ilissos (del 430 a.C.), que actualmente se conserva en el British Museum.

Estos artistas modernistas, como Clarasó, Rusiñol o Ramón Casas, abrieron nuevos caminos al arte (y a la modernidad) sin olvidar el pasado.

La pintura de Rusiñol se encuentra ahora mismo, en una exposición que propone el diálogo entre piezas modernas y antiguas. ¿Qué dialogo se establece con esta pintura?

La ilustración perfecta del trabajo del escultor junto a su resultado. La pintura de Rusiñol se exhibe en la planta baja, en una sala con esculturas de la roma antigua: fragmentos de piezas del imperio romano que han llegado hasta nosotros. Cualquiera de las piezas del museo podría estar en la repisa de la ventana de Clarasó. Los fragmentos de la antigüedad que siempre han mirado los artistas para crear sus obras, de Miguel Ángel a Giocometti.

La pintura dialoga directamente con un busto del emperador Augusto, del siglo I d.C., hallado en Tarragona. Y aquí se establece la fuerza de la creación de un imagen (que nos ilustra la pintura). Este busto de Augusto, realizado con el mejor mármol de la época y tallado por escultores romanos, era “la imagen” del emperador en Tarraco.

Augusto estuvo de viaje por Hispania y sabemos que visitó Tarraco. Por tanto, algunos ciudadanos de la antigua Tarragona tuvieron la suerte de ver en persona al emperador, pero muchos otros no. Y para todos ellos, el emperador era la máxima autoridad pero también alguien que estaba lejos. La escultura del emperador, en las distintas ciudades del Imperio, era la prueba visible de su existencia, la imagen de su poder.

Y todo ello, todo el poder de las imágenes, nace de las manos del artista que trabaja con la materia en su taller y es capaz de convertir un trozo de arcilla, o un bloque de mármol, en otra cosa. La magia de la creación.

La exposición se completa con otras dos obras “invitadas” que dialogan con la colección. ¿Cómo son?

Se trata de obras plenamente contemporáneas, de 2017-2019, que dialogan con salas del museo donde hay obras del siglo XVI o objetos de moda femenina del siglo XIX. Sin entrar en detalle en el diálogo de que establecen estas piezas, me gustaría hacer una reflexión más general sobre lo que implica colocar una obra “moderna” con otra del pasado y establecer diálogos anacrónicos: obras que pertenecen a épocas distintas, a culturas diversas, y sin embargo, al colocarlas una junto a la otra son capaces de iluminarse mutuamente.

Precisamente ahora, en Barcelona, hay otra exposición con este mismo planteamiento (cosas del calendario, coinciden en el tiempo). Se trata de la exposición 'Diálogos intrusos' en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, donde se han colocado 19 obras de arte contemporáneo de la Fundación Suñol, 19 intrusos, repartidos dentro de la colección del MNAC que crean diálogos sorprendentes y reveladores. El subtítulo de la muestra es magnífico: Todo es presente. Así es, todo obra de arte, ya sea del siglo XII o de hace dos años, nosotros la vemos ahora, en el presente. Y las obras, tanto las antiguas como las modernas, nos interpelan ahora, en el presente.

Mañana es Sant Jordi, y le hemos pedio a Miquel que nos recomiende algún libro de arte 

El primero un descubrimiento que he hecho hace poco con mi hijo, los libros del ilustrador Thé Tjong-Khing. Están editados en catalán y también en castellano por editorial 'Mediterránea', pero si alguien lo encuentra en alguna tienda en francés, inglés o chino, da igual, puede comprarlo y leerlo ya que sus libros no contiene ninguna palabra.

Por ejemplo, el último que hemos mirado en casa es sobre El Bosco y es la aventura de un niño que se llama Hyeronimus, que jugando con su perro cae dentro del cuadro 'El jardín de las delicias' de El Bosco y aquellos animales fantásticos le cogen la mochila, la pelota y la gorra.

La “lectura” consiste en seguir las peripecias del niño persiguiendo a los animales por todos los espacios del cuadro del Bosco, con múltiples historias paralelas que van apareciendo. Es una historia visual muy recomendable.

Del mismo autor otro libro fantástico: 'Arte con Pastel'. Aquí estamos en una galería de arte y un ladrón roba un cuadro y se va corriendo. Los que están en la galería comienzan a perseguirlo y van cruzando por diferentes lugares que recrean cuadros de Mondrian, Kandinsky, Matisse, Chagall, Van Gogh, Hokusai…

Y para terminar, cualquier libro de Patricia Geis, editados por Combel. Son monografías sobre artistas (Picasso, Matisse, Leonardo,....) o sobre cuadros (Las meninas). Son autenticas maravillas ilustradas. Son libros de historia del arte, con datos e informaciones sobre las obras, que te enseñan a mirar y a jugar con la obra. Tienen desplegables, pequeños libros dentro del libro, fantásticos pop-up que recrean en 3D la pintura, recortables para jugar con los personajes de la obra y modificar su posición. Una joya.

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