Lunes, 29 de Noviembre de 2021

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'El velo pintado': un descenso a las profundidades del corazón humano

Una novela intensa, profunda, que habla de las diferentes formas de encontrar el amor, de la familia, la paternidad y la educación

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William Somerset Maugham nació en París en 1874 y murió en Niza en 1965. Es un extraordinario novelista y dramaturgo inglés. Estudió medicina y, aunque nunca ejerció como médico, sus estudios marcaron sus novelas. De él se dijo que era capaz de contar cualquier cosa de manera original. Es el autor de 'Servidumbre humana', 'Soberbia', 'El agente secreto' o 'El filo de la navaja'.

Publicó 'El velo pintado' en 1925. De ella, se han hecho dos adaptaciones cinematográficas: en 1934, con Greta Garbo, y en 2006 con Naomi Watts y Edward Norton. Es una novela intensa, profunda, que habla de las diferentes formas de encontrar el amor, pero también habla de la familia, de la paternidad, de la educación, y de cómo nos marca el resto de nuestra vida, del descubrimiento de quiénes somos en realidad.

La fuente de inspiración de Somerset para crear esta novela

El propio autor cuenta que esta historia se la sugirieron unos versos de Dante de 'El purgatorio'. "Creo que es la única novela de cuantas he escrito en la que partí de una historia y no de un personaje. Cuesta explicar la relación entre este y la trama. No es posible crear un personaje en el vacío; en cuanto piensas en él, lo imaginas en una situación, haciendo algo, de manera que tanto él como sus acciones, o al menos su acción principal, parecen ser el resultado de un acto simultáneo de la imaginación. En este caso, no obstante, escogí los personajes de manera que encajaran en la historia que iba desarrollando; los elaboré a partir de personas que había conocido tiempo atrás en circunstancias diferentes".

El título de la novela está tomado de un poema de Shelley. Pero, mientras que la moraleja del poema es muy pesimista —el velo de la vida no debe levantarse porque debajo no hay verdad alguna— la tesis de la novela es más esperanzadora. De hecho, Kitty, la heroína, levanta el velo y descubre el verdadero rostro de su vida: engañoso y superficial. En otras palabras, Kitty se da cuenta de que hasta ese momento no ha tomado ninguna decisión por sí misma.

Por otro lado, al descubrir la falsedad en que ha vivido, es capaz de vislumbrar una nueva existencia. En este sentido, la novela puede ser considerada como un descenso a las profundidades del corazón humano, bajo capas de estereotipos sociales, prejuicios personales y, en general, hipocresía.

Aunque la novela se sitúa en la Inglaterra de los años 20 del siglo XX —por tanto, durante el reinado de Jorge V— refleja muy bien las contradicciones que dominan la época victoriana, especialmente por lo que se refiere a la dependencia social de la mujer y a su deficiente educación afectiva. Si bien durante el reinado de la Reina Victoria la mujer inglesa sigue estando totalmente subordinada al hombre, comienzan a apreciarse los primeros síntomas de cambio en la sociedad.

El Código civil establece la superioridad absoluta del marido en el matrimonio y del padre en la familia, pero el Acta de propiedad de las Mujeres Casadas, de 1882, reconoce el derecho de propiedad de la mujer después de casarse, así como su capacidad jurídica para divorciarse y pleitear por la custodia de los hijos.

Cuando el puritanismo social convive con el vicio y la perversión

La época victoriana se caracteriza por una visión dualística de la sexualidad y en general de la afectividad humana. En el matrimonio, sobre todo por lo que se refiere a la mujer, la sexualidad tiene como finalidad casi exclusiva la procreación; el enamoramiento, el deseo y el amor entre los cónyuges es algo que se juzga irrelevante o innecesario. Por eso, se buscan vías de escape.

El puritanismo social convive con el vicio y la perversión sin excesivos problemas. La única condición que la sociedad exige es hacer a escondidas lo que públicamente está mal visto, como había experimentado el propio Maugham que intentaba esconder sus relaciones con sus amantes masculinos.

Walter ama a Kitty a su manera. Para él, lo que cuenta no es el sentimiento de amar y sentirse amado, sino el acto de amar, que él pone en apariencia incondicionalmente: sabe que Kitty no está enamorada de él, que no lo ama, pero no le importa. Él se conforma con amarla.

En realidad, en la novela se descubre que el amor de Walter no es tan puro como a primera vista pudiera parecer, ama a Kitty con una condición: no ser traicionado. La fidelidad de Kitty constituye una parte importante de la poca autoestima que aún le queda. De ahí su deseo de venganza, pues Kitty ha puesto al descubierto la debilidad más profunda de su marido: haber dejado su dignidad en manos de una mujer casquivana. Walter, como buen intelectual, para ejecutar su venganza no se sirve de la violencia física, sino del sufrimiento psíquico y moral de su esposa.

Mientras Walter se debate en la confusión y la tristeza, Kitty se adentra poco a poco en los pliegues recónditos de la vida auténtica. La experiencia del morir ajeno, el temor a la propia muerte, el descubrimiento de un mundo exótico, distinto al de las costumbres y ritos de la colonia inglesa…, todo ello la llevan a preparar su alma al encuentro con la belleza. No se trata de una belleza sensible y superficial como la experimentada hasta entonces, sino del despertar de su alma a Dios, trascendiendo la miseria y finitud de este mundo.

En esta noticia hemos citado algunos fragmentos del artículo de Antonio Malo La visión femenina de una vida auténtica en la novela 'El velo pintado'

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