Domingo, 16 de Mayo de 2021

Otras localidades

Estrenos Cine | 'el olvido que seremos'

Javier Cámara: "A los buenos siempre se les pide una justificación de por qué lo son"

El actor protagoniza 'El olvido que seremos', adaptación de la novela de Héctor Abad Faciolince que dirige Fernando Trueba

La entrevista completa a Fernando Trueba y Javier Cámara / Cadena SER

El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince publicó en 2006 'El olvido que seremos', una crónica familiar, un libro homenaje a su padre. El doctor Héctor Abad era médico, maestro, activista, un luchador por los derechos humanos que fue asesinado por los paramilitares en los años 80. Esta historia, esta biografía novelada, ha acompañado a Fernando Trueba durante muchos años, es el libro que más ha regalado y su adaptación, dice, al final lo ha buscado a él.

La cinta pone imágenes a esta emotiva historia de amor, la de un padre y un hijo en una familia numerosa de clase media en el Medellín de los años 70. Desde el primer momento, tanto Trueba como el autor, tuvieron claro que Javier Cámara tenía que ser el protagonista. Tanto que le organizaron una ‘encerrona’ para convencerlo. Era el actor perfecto para este Atticus Finch latinoamericano, un héroe común con una poderosa visión humanista como el de ‘Matar a un ruiseñor’.

Con acento colombiano y un sorprendente parecido físico, Cámara interpreta al doctor Héctor Abad, médico activista, popular, que luchaba en la universidad y en las calles por la igualdad social. Gran parte de su carrera la dedicó a investigar sobre medicina preventiva, nunca quiso quirófanos, a convencer a las autoridades de que el camino era dotar de recursos y salubridad a las zonas más desfavorecidas de la ciudad. Su labor pedadógica, en casa y en las aulas, lo convirtió en un símbolo para los médicos más jóvenes a los que llevaba a visitar barrios pobres y ver a niños desnutridos.

Una reivindicación de la bondad, del servicio público, que suena con más fuerza hoy, en tiempos de pandemia, con la defensa de una sanidad universal que no deje a nadie atrás. Producción íntegramente colombiana, de hecho ganó el Goya a mejor película iberoamericana, el director hace una adaptación fidedigna, que firma su hermano, David Trueba, con una propuesta visual que llena de color y luz los años felices de esa familia y opta por el blanco y negro para enfrentar la memoria a la pérdida, a los últimos días del doctor Abad, cuando fue perseguido por sus ideas y asesinado.

Héctor Abad Gómez llevó su compromiso hasta el final. Su defensa fue para con la libertad, la justicia social y los atropellos que en los últimos años perpetraron los paramilitares con la connivencia del Estado colombiano. Más allá de la sanidad y la política, ‘El olvido que seremos’ es una historia bella, íntima y universal, de una familia que creció y se educó en el amor, que entendió el poder contagioso de los afectos frente al odio y el dolor. Una cinta que, en tiempos de cinismo y crispación, calienta el alma.

¿Cómo ha sido el periplo con esta película y con este libro que os gusta tanto? ¿Cuál era el reto al adaptarlo?

Fernando Trueba: El reto era reinventar esa historia, volver a contarla en otro medio, en otro lenguaje, en otro lugar que es el cine. Ha sido una experiencia maravillosa, estar allí en Colombia con Javier y todo el equipo es un antes y un después, una experiencia inolvidable.

Javier Cámara: Me pongo a pensar en el tiempo desde que empezamos a soñar esta película, y me emociono. Creo que es la película que más hemos acompañado, no por ningún esfuerzo, sino por place. Querríamos que llegara, que el mensaje llegara, con el cariño, la bondad y la humildad de este ser culto y noble que nos inspiró.

¿Cómo fue esa encerrona con Trueba y del autor, Héctor Abad Faciolince, para ser el protagonista e interpretar a su propio padre?

J.C.: Fernando sabe que yo dudé para este papel, un poco con la boca pequeña. Él me regaló el libro cuando yo me iba a Colombia a conocer el país por primera vez, tres o cuatro años antes de la película. Habíamos terminado ‘La reina de España’, estábamos en su casa y me puso el libro en la mano. Léete este libro, me dijo. El libro nos ha buscado a nosotros, es una película que ha venido a buscarnos a los dos. Nadie hubiera imaginado que una película 100% colombiana nos llevara hasta aquí, a una película tan bonita de la que estamos tan orgullosos. Hay que hablar bien de ella para que la gente cuando vaya al cine sepa que va a encontrar una película con mucha alma.

Es una película que os ha marcado vital y emocionalmente. Fernando decía que, además del libro, en todo el trabajo de documentación e investigación siempre se encontraba con fotos de Héctor Abad sonriendo

F.T.: Estaba riendo a carcajadas.

¿Cómo ha sido ese proceso de acercarse a su figura con la propia familia?

F.T.: Esas fotos me informaban de la alegría de vivir y del amor a la vida que tenía este señor. Fue una de las razones que me llevaron a la conclusión de que Javier tenía que hacer ese personaje. Pensaba que aunque trajeras a Marlon Brando en ‘El túnel del tiempo’, eso no se podía fingir, no se puede fingir esa alegría, esa vitalidad y Javier eso lo tiene. He rodado con él, y lo tiene desde que llega por la mañana hasta que acaba el rodaje y luego sigue en la cena.

J.C.: Soy un poco cansino, quiere decir

F.T.: Eres incansable, que es lo contrario a cansino, quiero decir -risas-. Es una energía muy buena en el rodaje para todo los que estamos allí pero es que ademas en esta historia el personaje lo exigía. Tú estabas elegido para el personajes, además del parecido físico más que razonable de Javier con el original. Cuando los reúno por primera vez en mi casa, a Héctor, al autor, y a Javier, se hace una foto con él para mandársela a sus hermanas y es igual que su padre.

J.C.: Ahí sentí que ya no había escapatoria

Hay una cosa revolucionaria en esta historia justo ahora. Es un personaje bueno, no hay cinismo, todo es bonito pese a la tragedia que vive él y la familia. Es una defensa de lo bueno esta película, ¿eso es subversivo hoy?

J.C.: Sí, parece que a los buenos le tenemos que pedir una justificación de por qué lo son. Estamos hartos de ver películas donde hay Hannibal Lecter y zombies, la maldad sin ninguna explicación, pero al malo nunca se le pide explicación, incluso es llamativo y atractivo. En cambio, a la bondad se le pide siempre justificación, por qué es tan bueno, por qué es noble… Porque lo es, porque se dedica a los demás, hay tanta gente que se dedica a los demás y no tienen voz, no se les pone el micrófono delante. El otro día vi a un voluntario que ayuda a la gente que llega en cayuco a Canarias. Dijo una cosa tan bonita: cuando llegan mujeres o niños, se abren las puertas de las casas y aparecen mantas y biberones calientes. No hay una persona que lo explique mejor, este voluntario que dedica su vida a eso, ese hombre se alimenta de todo ese amor, recibe tanto cariño como el que da. Esta película espero que la gente les haga mejor en estos momentos donde se escuchan cosas tan violentas y suceden cosas tan extrañas.

Es un médico que defiende la educación y la sanidad universal, no puede llegar en mejor momento un alegato o defensa así

F.T.: Quizás estamos en un momento en este mundo globalizado en una especie de cuenta atrás. O somos conscientes de ello y empezamos a poner remedio a ciertas cosas o… No digo que no pueda haber opiniones diferentes o incluso enfrentadas, pero hay guerras en las que tenemos que estar todos del mismo lado. Una, por ejemplo, es el medio ambiente, salvar este planeta y no dejar a los que vienen un espacio inhabitable; otra es sacar la sanidad de la especulación, del ámbito de negocio de este mundo despiadado de avaricia. Hay cosas que son innegociables y una de ellas es la salud de la gente. La pandemia nos pone ante esto, o tomamos en serio la salud de todos o aquí no se salva nadie. Estamos todos en el mismo barco por una vez. Esta tragedia nos está haciendo darnos cuenta de eso.

La película, con este largo recorrido que ha tenido, ha conectado con la situación de la pandemia pero ahora también se mira con las gafas de democracia o fascismo. Es una crónica familiar que también aborda la memoria política de un país, ¿nos cuesta tener esta memoria?

F.T.: El otro día pasaba una cosa muy curiosa que me ha parecido lo más interesante de estos días de agitación. Cuando se suspendió en una cadena de televisión el debate de los candidatos, todos sabemos los motivos, de repente lo ‘rellenaron’ con un debate entre profesores, filósofos… Tuvieron un debate de una altura que te preguntas por qué no hacen eso más a menudo en la televisión, en la radio sí se escuchan más cercanas a esto, pensaba que habíamos salido ganando al suspenderse el debate de los políticos.

J.C.: Muchas veces el micrófono… Me preguntan por unas cosas y digo, pues voy a opinar pero no tengo ni idea. Te dan ganas de decir, no estoy informado de eso. Yo ahora, por ejemplo, me centro en la película, en los problemas del sector, también se puede hablar de política evidentemente. Pero hay gente que entra a hablar deliberadamente de temas de los que no tiene ni idea. Muchas veces los escuchas, y parece que le han dicho tú a favor y tú en contra, tienen una falta de verdad, de interés… Todo esa verborrea que ensucia, que hace ruido y la gente la tiene de fondo mientras cocina, me imagino, en términos de realidad, política y jugarnos la vida, me parece cruel. Es tiempo de escuchar a personas que sepan.

Héctor Abad Faciolince decía que era importante también para una nueva generación, para la juventud colombiana, conocer la historia de su país a través de esta historia

F.T.: Héctor no escribió el libro ni siquiera para eso, era mucho más modesto su objetivo. Él se dio cuenta de que habían pasado 20 años de la muerte del padre y se sentó a escribir su recuerdos porque se le estaban empezando a olvidar cosas de la infancia, de las cosas que había hecho su padre y todo su trabajo. Él tenía dos hijos, la hija tenía dos años cuando murió su padre y el hijo no había nacido, decidió escribir este libro para que supieran quién era su abuelo. Nunca pensó que este libro se iba a traducir en montón de países e idiomas, por eso la primera edición salió en una editorial pequeñita, pensando que era una cosa más íntima. Pero la gente, que no es tonta y tiene olfato, cuando algo está escrito desde el corazón lo percibe. El libro empezó a pasarse de mano en mano, el boca a oreja, y se convirtió en un fenómeno porque tenía esa sinceridad que tanta falta nos hace y que es tan difícil de encontrar.

Además de retratar un momento histórico en Colombia y un ejercicio como la medicina, es un historia familiar, de amor…

J.C.: Uno habla de una película que ha hecho, el punto de vista de Fernando de esos recuerdos, pero cuando escuchas a Héctor y conoces de primera mano sus recuerdos, que siente un pudor enorme, que sale del país cuando se rueda la película, se marchó a Italia, porque hay mucho puesto ahí. Hay tanta energía, tanta emoción, tanta vida, tanto dolor, tantas lágrimas al escribir este libro, que yo cuando lo escucho me da pudor hablar. Soy un engranaje de esta película, pero cuando ves que todo viene de esos recuerdos, de lo que le costó escribir cada página, de una familia que amamos y queremos, del compromiso de unos actores y el equipo técnico, de la ayuda diaria que recibí para pulir cada línea, el acento, ante cualquier desconocimiento… Viene de ahí, de esas palabras que articula un hombre culto, letrado… sobre este hombre bueno. Esta película habla de todos esos hombres y mujeres buenos que mantienen de pie a un país. Colombia ha tenido mucho dolor.

Los Trueba también sois una familia numerosa, en este retrato, ¿hay cosas también tuyas y de tu propia infancia?

F.T.: No tanto eso, sino saber lo que eso es. Haber crecido en una familia de tantos hermanos y haber vivido todas esas comidas, esas alegrías, los gritos, las risas… todas esas cosas. La relación con mi padre no tiene nada que ver con la de Héctor con el suyo. Curiosamente, cuando leo el libro y me emociona mucho, antes siquiera de que surgiera el proyecto de la película, yo me doy cuenta de que me identificación mayor no es con el narrador sino con el padre. Es del personaje con el que me siento más cercano, quizás por ser un padre muy diferente del que yo tuve. También fue un tipo fantástico pero era un hombre muy conservador, religioso, muy distinto a este padre, era más autoritario. Este es un hombre que educa a sus hijos en la libertad, a pensar en sí mismos, a ser personas. Me he dado cuenta también de una cosa muy curiosa, la película que definió mi vocación de director fue ‘El niño salvaje’, la historia de un médico que educa a un niño encontrado en un bosque, a un niño salvaje en el siglo XVIII, esa fue la película con la que dije, yo voy ser director de cine. Medico siglo después he rodado una película en la que un médico también educa a un niño, a su hijo, ese componente de la educación es clave para mí. He tardado en darme cuenta de esto, pero le he encontrado ese sentido, ‘El olvido que seremos’ tenía mucho que ver conmigo y con aquel yo de 15 años que decidió dedicarse a cine.

Cargando

Escucha la radio en directo

Cadena SER
Directo

Tu contenido empezará después la publicidad

Programación

A continuación

    Último boletín

    Emisoras

    Elige una emisora

    Cadena SER

    Compartir

    • Notice: Undefined variable: lb_es_acceso_con_movil in /mnt/filerprod/html/produccion/datos/rhabladas/cadenaser/ser/templates/includes/v3.x/v3.0/include_player_permanente.html on line 118

    Tu contenido empezará después de la publicidad

    Cadena SER

    ¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?