Lunes, 14 de Junio de 2021

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Una comedia sangrienta, suspense con vino y un peliculón iraní

Vince Vaughn regresa al humor con 'Este cuerpo me sienta de muerte', una divertida propuesta que mezcla comedia de instituto y violencia. En Netflix, Amy Adams protagoniza 'La mujer en la ventana', thriller de suspense de influencia hitchcockniana.

La película de la semana es 'Hijos del sol', película neorralista que mezcla el cine de aventuras y la denuncia social con unos niños trabajadores en busca de un tesoro debajo de una escuela

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‘El Señor de los anillos’ sigue una semana más liderando la taquilla 20 años después de su estreno, pero otras películas luchan por colarse en lo más alto, como ‘Este cuerpo me sienta de muerte’, comedia de acción con Vince Vaughn. A Netflix llega ‘La mujer en la ventana’, película de Joe Wight con Amy Adams, Julianne Moore y Gary Oldman, que homenajea al mismísimo Hitchcock. ‘Hijos del sol’ es una propuesta que combina cine social con thriller y aventuras para denunciar la explotación infantil en Irán y Afganistán. Y de Francia llega ‘Borrar el historial’, con tres vecinos enfrentándose a las todopoderosas empresas informáticas. En cine clásico celebramos el 40 aniversario de ‘Carros de fuego’ y repasamos la carrera cinematográfica de Cher, la diva cumple 75 años. En televisión, por fin la radio centra una serie de comedia, los ‘Reyes de la noche’ nos llevan a los años 80 y 90, a la rivalidad de la radio deportiva en España.

Este cuerpo me sienta de muerte (Christopher Landon)

Comedia de acción con una sencilla premisa, la de que Vince Vaughn, un asesino en serie, intercambia su cuerpo con una joven estudiante, Kathryn Newton, un proceso que dura 24 horas. Dirige esta locura Christopher Landon, director de 'Feliz día de tu muerte', un sangriento entretenimiento en la línea de otras comedias de inicio de los 2000. 

La mujer en la ventana (Joe Wright)

Entre remakes y adaptaciones literarias que replican cintas clásicas, Hollywood sigue generando producciones que intentan actualizar historias del gran maestro del suspense, Alfred Hitchcock. Es imposible mirar 'La mujer en la ventana' sin pensar en James Stewart en 'La ventana indiscreta', aunque la nueva película de Joe Wright se basa en la novela homónima de A.J. Finn, cuyo debut fue un auténtico fenómeno en 2018.

Amy Adams es una psicóloga que sufre agorafobia, un trastorno de ansiedad y pánico a lugares públicos, que le impide salir de casa. Con síntomas depresivos y riesgo de suicidio, pasa los días medicada, bebiendo vino y viendo películas clásicas en penumbra. Solo tiene relación con el inquilino que vive en el sótano y su única mirada al mundo es a través de las ventanas de su piso de Nueva York.

Tiene controlados a todos los vecinos, salvo a los Russell, una nueva familia llegada de Boston que se instala en la casa de enfrente. Un matrimonio al que observa. En apariencia, un banquero, su mujer, llamada Jane Russell, otro homenaje al cine clásico, y un hijo adolescente al que conoce en los primeros días.

Todo en apariencia porque tanto el guion, que firma el actor y dramaturgo Tracey Letts -por cierto, interpreta al terapeuta en la cinta-, como los movimientos de cámara mantienen al espectador en un estado permanente de confusión tomando el punto de vista subjetivo de la protagonista. Y llegados a este punto, no hay sorpresa, la protagonista presencia un brutal crimen que la empieza a obsesionar.

Joe Wright juega con los encuadres, con planos inclinados, generando una constante sensación de inestabilidad, como la que experimenta la cabeza de Amy Adams, recurre a colores saturados y un contraste de luces y sombras para mantener la intriga. Dice el director, autor de títulos como Orgullo y Prejuicio, Expiación o, la última, El instante más oscuro, que sus anteriores películas eran más barrocas y aquí ha intentado hacer algo más minimalista. Toda la historia se desarrolla prácticamente en un único espacio, en esa gigantesca casa, para transmitir la angustia y paranoia que sufre la protagonista, lo que que obliga al espectador a dudar de cada escena.

Se puede atisbar la inspiración y la influencia de Hitchcock, pero no hay rastro de su cine en este thriller psicológico en el que Amy Adams suma otra papel de mujer atormentada pensado para la carrera de premios. Le acompañan en el reparto, de forma fugaz, Gary Oldman, Julianne Moore o Anthony Mackie. Netflix estrena esta cinta que Fox había guardado en el cajón y el gigante del streaming adquirió tras el cierre de salas por la pandemia.

Ejército de los muertos (Zack Snyder)

A algunos cines llega también este fin de semana la nueva película de Zack Snyder,  que vuelve al universo zombie tras 'Amanecer de los muertos'. Lo hace con una película de atracos, acción y mitología ambientada en Las Vegas. Publicaremos la crítica la próxima semana junto a una entrevista al director con su lanzamiento mundial en Netflix.

Después de la boda (Bart Freundlich)

Otra película que ha seguido un camino similar al de 'La mujer en la ventana' es 'Después de la boda', remake de la cinta danesa de Susanne Bier que protagonizó Mads Mikkelsen. En este caso son Julianne Moore y Michelle Williams, una mujer que trabaja en causas sociales en la India y que acude a la boda de una empresaria dispuesta a donarle dinero porque sí. Estreno en Amazon Prime Video.

French Exit (Azazel Jacobs)

Comedia surrealista que dirige Azazel Jacobs con la que Michelle Pfeiffer estuvo nominada al Globo de Oro. Es una viuda rica que se muda a vivir con su hijo a París y con su gato, que ella cree que es su marido reencarnado. Está disponible en plataformas digitales como Rakuten.

Hijos del sol (Majid Majidi)

El cineasta iraní Majid Majidi -perteneciente a esa generación de directores como Panahi- lleva varias películas a sus espaldas trabajando con niños y mostrando las duras condiciones que muchos de ellos tienen por haber nacido en un determinado país, como Beyond the clouds o Muhammad. Majidi bordea eso que a muchos críticos sesudos y racionales les molesta tanto, lo que llaman pornografía sentimental de la pobreza. Sin embargo, su cine ha conseguido superar esa etiqueta que ha perseguido a directores como Dany Boyle en Slumdog Millionaire, pero sobre todo a mujeres cineastas, como la libanesa Nadine Labaki.

Majid Majidi utiliza en Hijos del sol el recurso de mezclar varios géneros, el thriller, la comedia negra, el cine de aventuras para acompañar al realismo social y de denuncia de una situación que debería darnos vergüenza. Según UNICEF, 152 millones de niños en todo el mundo sufren explotación infantil, una situación agravada por la guerra, por los desastres naturales y por la desigualdad. Eso ocurre en Irán, donde muchos niños afganos.

"Son cifras oficiales, por lo que la realidad debe ser peor. Por eso cuando se piensa que los niños y la juventud son el futuro de cada país hay que poner en marcha medidas para protegerlos, los gobiernos tienen que cooperar para dar a esos niños una vida de niños, una educación y un ambiente favorable para desarrollarse, crecer y tener los medios necesarios para reconstruir el porvenir de su país", explica el director en una entrevista en la Cadena SER.

Khorshid es el título original, con el que la cinta se presentó en el pasado Festival de Venecia. En ella, el director nos sumerge en las vidas de los niños forzados a trabajar, a vender en el metro, explotados por mafias y cuyos padres o están en la cárcel o han muerto o les han abandonado.

Narra la historia de un niño de doce años y de tres de sus amigos que tratan de ganarse la vida y ayudar a sus familias mediante trabajos precarios y delictivos. Un día reciben el encargo de unos mafiosos de encontrar un tesoro oculto bajo la tierra, justo debajo de la escuela a la que rechazan ir. Para encontrarlo, deberán adentrarse en un túnel al que solo puede accederse desde una escuela benéfica, a la que deberán inscribirse, lo que cambiará definitivamente la suerte de los muchachos.

La potencia de Hijos del sol es el pulso narrativo, un guion que encaja muchas tramas secundarias, el modo de contar una historia dramática y, sobre todo, el casting. La selección de los niños protagonistas. "Es un proceso que ya conocía con mis películas anteriores, pero fue más difícil esta vez, porque había que encontrar a niños que realmente fueran trabajadores infantiles. No era posible que esto lo pudieron hacer niños acores".

Encontraron a dos hermanos afganos después de ver a más de 2000 niños. Son niños trabajadores. "Fue, al mismo tiempo, un proceso muy interesante, porque vimos el talento y le potencial de estos niños que pasan su vida tratando de sobrevivir en las calles, pero si se les da la oportunidad de mostrar su potencial, vemos los talentos maravillosos que tienen", nos explicaba intentando combatir esa idea de que el pobre se merece su destino, cada vez más instalada en Teherán y en Madrid.

Ali Nassirian, el protagonista ganó el premio Marcelo Mastroiani en Venecia, que es un premio con el que sueñan muchos actores profesionales. "Estamos muy contentos de haber encontrado a los niños apropiados para los papeles". "Es verdad que mis obras se han consagrado al mundo de la niñez", reconoce el realizador, que vuelve a contar una historia de niños sin futuro. Dice que lo hace porque es la generación que más le preocupa, porque son el futuro de cada sociedad y cada pueblo. Pero también por pura estrategia política que deja claro cómo se gana el relato. "Porque con su belleza, con su aspecto de inocencia y de delicadeza es más fácil tener un impacto y sensibilizar a los espectadores sobre asuntos como la pobreza".

Así somos en occidente, incapaces de mirar a Canarias donde los inmigrantes pasan esta pandemia confinados en un minúsculo e inhóspito lugar, pero capaces de llorar si un niño mono tiene que trabajar. A algunos críticos inteligentes no entienden que el problema de la pornografía de la pobreza no lo tienen los directores -a lo mejor alguno sí-, sino los espectadores.

Esta fábula que recuerda al gran Dickens, adecúa los problemas de mantener la pobreza infantil y la falta de esperanzas en el futuro de una sociedad. En países donde el Daesh suma adeptos, dejar abandonados a millones de niños no puede traer nada bueno. "Sabemos que cuando los niños no tienen todo lo suficiente, sobre todo los niños vulnerables que por la precariedad en la que viven tienen que someterse al trabajo y a muchos abusos por parte de los adultos, la ignorancia en la que viven les pone en una situación peligrosa. Y pone en una situación peligrosa a toda la sociedad", nos dice el director.

La película se rodó antes de que el coronavirus cambiara el rumbo de medio mundo, algo que ha acrecentado todos esos problemas y esa situación de la pobreza infantil. "Ahora mismo hay problemas de salud muy importantes con la pandemia, pero tan importante como la salud es la educación, y también la educación que se da a estos niños vulnerables, imprescindible para que no aparezcan fenómenos políticos como Daesh, que pueden contaminar al mundo entero solo a través de la ignorancia de estas generaciones y de los abusos cometidos hacia ellos. Sin una falta de conciencia y de posibilidades de sobrevivir, se cae en el Daesh. Por eso hay que dar todas las atenciones necesarias a los niños", insiste Majidi.

Borrar el historial (Gustave Kervern y Benoît Delépine)

Por todos es sabido que la aparición en los últimos años de Internet y otras herramientas digitales nos ha facilitado la vida, pero también nos la ha condicionado, hasta incluso, en muchas ocasiones, ser incapaces de desengancharnos de esas tecnologías. Este es el punto de partida de ‘Borrar el historial’, una comedia absurda con la que todos nos podemos sentir identificados.

Una mujer que no quiere aceptar que su hijo y su marido la han abandonado, a la vez que es sobornada por un vídeo sexual, un padre con multitud de deudas y enamorado de una teleoperadora y una conductora obsesionada con conseguir buenas críticas en Internet. Con estos protagonistas, la dosis de parodia está más que servida.

Gustave Kervern y Benoît Delépine son los creadores de esta comedia que, con mucho sarcasmo e ironía, critica a grandes empresas como Facebook o Amazon a través de esos torpes personajes que, a pesar de saber que están condenados a la desgracia, se embarcarán en todas las aventuras posibles para intentar remediar su destino. A pesar de que casi toda la crítica va hacia el mundo digital, los cineastas franceses también se permiten ampliar su diana hacia los seguros o incluso la lotería. Lo especial de ‘Borrar el historial’ es que consiga que nos riamos de esas desgracias ajenas que, en el fondo, también son las nuestras.

Lo que vemos en pantalla no es más que el día a día de la vida moderna, pero estamos tan acostumbrados a ella que la mayoría no seríamos capaces de reconocer esas acciones como posibles elementos de comedia. Y ahí reside su fuerte, en saber identificar esas situaciones que son comunes, que nos suceden a todos y que, además, ocurren diariamente. Aquí hay cabida para reconocer la preocupante adicción a las series de televisión o ese afán de tener que fotografiar todo lo que hacemos.

‘Borrar el historial’ podría definirse también como un conjunto de pequeños sketches sobre esta última década, y lo hace tan bien, que cuando abandona esa sucesión de chistes para adentrar a sus personajes en una reflexión más profunda, es cuando comienza a perder fuerza. Pero, aún así, la cinta de Kervern y Delépine merece la pena desde la primera escena en la que la actriz Blanche Gardin aparece frotándose la espalda contra el tronco de un árbol. Merece la pena porque es prácticamente imposible destacar solo un momento de la película, sino que dan ganas de comentar todos y cada uno de los chistes que se van sucediendo. Es una película inteligente, que lleva esas situaciones tan cotidianas al extremo más absurdo y, precisamente por ello, resulta difícil pensar que pueda provocar rechazo en alguien. Además, entre toda esa comedia, nos hace reflexionar sobre cómo esa vida moderna tan prometedora que nos ofrece Internet, quizá no es apta para todo el mundo. ‘Borrar el historial’ consiguió alzarse con el Oso de Plata Especial.

Vivir sin nosotros (David Färdmar)

Un drama sobre las relaciones de pareja que dirige el director sueco David Färdmar. Cuenta cómo una pareja de jóvenes afronta su ruptura, el pasado, el presente y el abismo que abre en sus nuevas vidas. Tono intimista en un tour de force emotivo y doloroso que contribuye a normalizar en pantalla, en este caso, el desamor homosexual. 

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