Viernes, 25 de Junio de 2021

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Mario Cuenca Sandoval: "Lo hemos reducido todo a fascismo o comunismo"

Mario Cuenca Sandoval publica 'LUX', una novela sobre el auge en España de un partido populista y de extrema derecha

Mario Cuenca Sandoval es autor de 'LUX'.

Mario Cuenca Sandoval es autor de 'LUX'. / Inma Serrano

"En el principio no fue el verbo, sino la emoción (.. ) Le confieso que la primera vez que voté al partido lo hice desde la ira, contra todos los que nos habían gobernado con anterioridad, contra la incompetente gestión de la pandemia, contra la alfombra tendida a los pies de los inmigrantes, contra las blandas leyes que amparaban a los delincuentes, contra los separatistas que amenazaban con pulverizar el país"

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Son las palabras de alguien que tal vez se llama Marcelo Mosén. Tiene 40 años, es profesor de Derecho Romano. Le gusta citar a Virgilio, a Dante, a Séneca. Su hijo de 18 meses ha muerto en la pandemia. Su mujer le ha dejado. Y, por primera vez, se siente en el centro de un entusiasmo nuevo cuyas siglas son LUX. Un movimiento populista, de extrema derecha, que va a gobernar España después de ganar las elecciones generales, y que convertirá el país en un lugar, de nuevo, con muertos en las cunetas, con persecución y tortura a homosexuales y disidentes, y con una legislación emocional y moral que aplicará a toda la población. LUX (Seix Barral) es la nueva novela del escritor y poeta Mario Cuenca Sandoval (Sabadell, 1975), en la que construye un viaje al interior de un régimen autoritario.  

¿Por qué decides hacer esta inmersión en el mundo de la ultraderecha y del populismo más salvaje? Más allá de ser un territorio literario es también un territorio conflictivo e incómodo

Sí, es realmente incómodo. Hacía tiempo que quería escribir algo sobre el fascismo, que curiosamente es una palabra que no aparece en todo el texto. De forma premeditada yo quería que no se utilizara este término y resulta que las circunstancias políticas recientes han ido absorbiéndome. Supongo que nos ha pasado un poco a todos. La actualidad política es tan tremebunda y vertiginosa que se mete en nuestros estados de ánimo y todo eso se tenía que precipitar en el texto que yo estaba trabajando en ese momento. Y a esto hay que sumarle una pandemia que nos pilla a todos por sorpresa y que parece casi de ciencia ficción o lo parecía cuando yo estaba empezando a trabajar en la novela hacia el año 2018, pero resulta que ese elemento de ciencia ficción (la pandemia) es la parte más realista porque tiene que ver con lo que nos está pasando ahora mismo. 

¿Por qué no querías utilizar el término fascismo?

No estoy tan seguro de que podamos aplicar categorías antiguas a lo que nos está pasando. Por supuesto que todos los fenómenos políticos de nuestro tiempo tienen una genética, tienen un pasado, pero este fascismo al que estamos asistiendo en la actualidad, que algunos llaman 2.0 o de baja intensidad, tiene sus peculiaridades y creo que las palabras son importantes también para encuadrar exactamente qué es lo que estamos viendo. 

En 'LUX' cuentas la historia del nacimiento, ascenso y caída de un partido ultra y, aunque cualquier parecido con la realidad sea mera coincidencia, es evidente que Lux bebe de Vox o del populismo de Isabel Díaz Ayuso

Sí, es acentuar hasta sus dimensiones más siniestras rasgos de la política actual. Realmente, la novela presenta los prolegómenos o un prefacio de lo que sería un régimen autoritario y muchas de las semillas de eso están en nuestro presente. Evidentemente, podemos caminar en una dirección o en otra, la historia no está predeterminada, pero creo que la novela intenta presentar las consecuencias más funestas de eso. Al final del camino del populismo casi siempre hay una rebaja, una falta de consideración con respecto a la dignidad humana. Y se empieza blanqueando discursos de odio y se termina justificando la violencia, que sería la manifestación más siniestra de todo esto.

¿Te has alimentado del día a día, de los informativos, de los telediarios?

Sí, la actualidad se ha ido infiltrando en la novela, pero también hay un sinfín de referencias literarias detrás. He tenido que leer mucha literatura que podríamos calificar de ultraderechista o ultranacionalista, pero también he deslizado modelos de la ficción. Quizá el más claro sea el personaje de El conformista, de Alberto Moravia, que no en balde se llama también Marcelo y es mi pequeño homenaje.

Marcelo Mosén es el narrador y protagonista de esta novela con forma de confesión, es un profesor de Derecho Romano, un hombre culto que cita a Ovidio y a Séneca… Con este personaje desmitificas ese prejuicio que asocia la falta de cultura al perfil de votante o militante de la ultraderecha

Es una persona exquisita en sus modales pero, al mismo tiempo, es una especie de extranjero. Es como El extranjero de Camus, es alguien que está al margen de la vida, al margen de la empatía con los demás, al margen de la compasión y, además, es prisionero de un montón de contradicciones internas. La contradicción más obvia es la que se establece entre esa pasión o enamoramiento fulminante que experimenta por un joven estudiante que se llama David, el hijo de la destinataria de su confesión. La contradicción entre esa pasión y su ideario abiertamente homófobo. Marcelo es un hombre en una crisis, la famosa crisis de los 40, pero acentuada por la circunstancia de la pandemia hasta niveles extremos. Es un hombre que tiene su particular descenso al infierno y ese descenso se acompasa con el descenso al infierno de toda la sociedad. Es decir, a través de su yo vivimos el nosotros.

Hay términos y expresiones que aparecen de forma recurrente en la novela: la superioridad moral, el infantilismo de la sociedad o el sentido común. En un momento dado, Marcelo señala que LUX es "un monstruo que se alimentaba por el sentido común"

Sí, lo que hace el populismo es ofrecer soluciones muy simples a problemas que son realmente complejos y los votantes pueden pensar que en esa sencillez hay precisamente una valentía, un coraje que falta en otras formaciones políticas. Pero cuando un líder político arremete contra un colectivo desde una postura populista, ese líder político no está siendo más valiente que los demás, está siendo más grosero que los demás sin lugar a dudas y está siendo más irrespetuoso con la dignidad humana que los demás. Sin embargo, hay cierta actitud antisistema en los populismos, muy aplaudida por los votantes, que además no es exclusiva de España ni de ninguna formación en concreto. Es decir, forma parte ya de toda una ola podríamos decir mundial. La derecha alternativa en Estados Unidos lleva manejando estos discursos desde hace muchísimo tiempo y con gran eficacia. Marcelo escribe en forma de autoconfesión porque así el lector puede percibir las contradicciones en las que incurre y las maneras en las que intenta justificarse a sí mismo. Él repite muchísimas veces que no escribe desde la culpa, pero nosotros como lectores somos capaces de encontrar las flaquezas, las debilidades de este personaje y la culpa que lo atormenta.

Es una pregunta bastante naif pero, ¿es posible empatizar como escritor con esos personajes que estás construyendo?

Sí, sí es posible. En parte porque todos nosotros tenemos ese lado siniestro. En todos nosotros hay esa tentación que también aprovecha la extrema derecha de echar mano de las emociones más primarias como la ira o el miedo, y es fácil encontrarlas dentro de todos nosotros. De todas formas, mi objetivo es que el lector oscile entre la perplejidad por lo que está leyendo. Es decir, cómo se puede justificar con tanta sobriedad determinadas prácticas realmente crueles que se extienden en la España de LUX y en otros momentos somos capaces de reconocerle cierta razón o capacidad de juicio al protagonista. No todas sus reflexiones en este largo monólogo son disparatadas y monstruosas.

David, el hijo de la mujer a la que se dirige Marcelo en esta carta confesional, es un chico de 25 años, homosexual, libre, con el que construye esos vínculos que se dan entre personas de extremos ideológicos opuestos… Y David representa de forma simbólica la oposición y la rebeldía frente al universo de LUX, algo que no representan ni los partidos de la oposición ni la prensa. ¿La voz de David es la tuya?

Puede ser, puede ser. Ideológicamente, por supuesto que está más cerca de mi voz, pero David es también un gran ingenuo. La novela nos previene en varias ocasiones sobre la tentación distópica. David es un tipo que construye distopías en su cabeza muchísimo más atemorizantes que la de la España de LUX, son muchísimo peores. Yo creo que simboliza una deriva que ha sufrido la izquierda en los últimos tiempos, una izquierda que siempre ha sido utópica o incluso utopista -con las hipotecas que eso también puede implicar-, y que se ha vuelto distópica. Se ha colocado en una posición en la que intenta prevenirnos sobre las posibles distopías que se ciernen sobre nosotros, en el sistema capitalista y en el mundo en el que vivimos hoy. Es muy típico de la izquierda actual ese discurso distópico que él representa como nadie, pero la novela en varias ocasiones nos previene de que realmente Lux no es una distopía en el sentido clásico, no es un totalitarismo en el sentido clásico. Es algo que tiene que ver más con la tiranía de la opinión pública y de las redes sociales que con el viejo totalitarismo tal y como se representó en la obra de Orwell o de Aldous Huxley.

Hace poco, The Financial Times señaló, después de las elecciones autonómicas en Madrid, que España necesitaba una conversación pública más inteligente y eso tiene que ver con lo que estás diciendo

Absolutamente. Yo creo que el populismo es una enfermedad de la democracia que sólo se puede combatir con el aquello que Kant llamaba el uso público de la razón, el debate público racional y sosegado en todos los ámbitos. Precisamente de lo que echa mano el populismo es de la antinomia de esta capacidad humana que son las emociones más básicas y las explicaciones incluso conspiranoicas en muchos casos. El populismo ya se está infiltrando en todas las formaciones políticas, no es exclusivo de las nuevas formaciones, como intentan hacernos creer los partidos tradicionales. Ya está en los dos grandes partidos históricos y el ejemplo de las últimas elecciones me parece aplastante. A mí no se me ocurre una líder política más populista que Ayuso, cuando teóricamente no pertenece a un partido de los tildados como populistas.

LUX es una novela llena de testosterona y, aunque serán las madres de los desaparecidos quienes tengan en su mano la caída de LUX, en esta novela no hay mujeres en un ámbito de poder, ¿por qué?

El mundo de LUX es un mundo eminentemente masculino porque, de hecho, el mundo de la extrema derecha lo es. Ahí están las estadísticas, tienen muchísimo más apoyo entre los votantes varones que entre las mujeres y no solo en España, es un fenómeno que se repite en el resto de los países occidentales. La mujer es desplazada en la novela a un papel puramente pasivo, a una a una minoría de edad, por así decirlo. De hecho, es una mujer la oyente pasiva de todo el discurso de Marcelo, a la que no llegamos a conocer hasta más adelante. Y es cierto que, aun siendo una novela de hombres, es una novela cuya salida o cuya única solución pasa por la intervención de las mujeres. Los partidos de extrema derecha tienden a criminalizar a determinados colectivos y eminentemente el de las mujeres, sobre todo las mujeres liberadas.

Como profesor de Filosofía que eres, ¿Qué uso bastardo de determinadas palabras, en el terreno de las ideas, te ha molestado más últimamente?

Hay muchísimas. Se ha hablado mucho del uso bastardo que se está haciendo en nuestro tiempo de la palabra libertad, pero también de la palabra democracia y otras muchas que han sido banalizadas y devaluadas a un nivel que las vuelve irreconocibles o, mejor dicho, que las vuelve tan huecas y vacías que quién no estaría de acuerdo con una palabra así. Pero también creo que vivimos en una época de una polarización tan extrema que los matices desaparecen y en el amplio espectro político que existe desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, donde hay un sinfín de posibilidades distintas y un sinfín de debates abiertos, hemos reducido todo a una bipolaridad de fascismo y comunismo, como si estuviéramos en los años 30 del siglo pasado. Hombre, no sé si se puede calificar a Vox como un partido fascista en los términos tradicionales, eso creo que es un debate largo de tener, pero desde luego llamar comunistas a partidos socialdemócratas, yo creo que Carlos Marx se levantaría de su tumba y vomitaría.

¿Qué reacción crees que va a tener esta novela en el entorno de VOX cuando vean ese emblema que está en la cubierta, tan parecido a ese casco de los tercios españoles que se puso un día Abascal o cuando en sus páginas descubran que es muy fácil identificar a LUX con ellos?

Realmente no lo sé y, si te soy sincero, no ha sido una preocupación durante la creación de la novela. Cuando uno está escribiendo, soy de los que piensan que tienes que acallar todas las voces censoras que se despiertan en su conciencia porque si no el proceso creativo se va a agostar, se va a abortar. Si tienes una voz que te está diciendo ten cuidado porque esto no le va a gustar a según quién o ten cuidado porque este tema es molesto y nadie va a querer tocarlo… Si uno no ha acallado todas esas voces, la novela se convierte en un aborto de novela.

¿Y si fuera al revés, si esta novela despertara simpatías en el entorno de VOX?

Sería fantástico porque, de alguna forma, contradiría las tesis más terribles del libro. Si lo que suscitara fuera su antipatía y sus iras, lo que harían es confirmar precisamente las tesis de la novela.

Dice tu personaje, Marcelo Mosén, que “cualquier discurso de anticipación es por naturaleza ridículo, que el futuro que se vaticina en la literatura envejece siempre demasiado rápido”. ¿Cuánto crees que va a tardar en envejecer el discurso de LUX?

Yo me temo que va a durar más que un simple sarampión. Pensábamos que formaciones de este tipo eran flor de un día y que eran un suflé que se iba a desinflar relativamente pronto, pero recuerdo un día que hablaba con un amigo francés sobre esto y me dijo que eso es exactamente lo que pensaban ellos sobre el Frente Nacional en Francia y hoy es una formación perfectamente asentada. Yo creo que estas formaciones se van a asentar parlamentariamente, van a tener peso en las formaciones de gobierno y, mientras esto suceda, creo que el discurso de LUX sigue plenamente vigente.

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