Jueves, 17 de Junio de 2021

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'La busca', la lucha por la vida en la periferia de Madrid

Una obra sorprendente que retrata el Madrid suburbial y la pobreza de una forma impresionante

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Pío Baroja nació en San Sebastián, en 1872, pero vivió casi toda su vida en Madrid. En 1935 ingresó en la Real Academia. Durante la Guerra Civil española pasó a Francia, pero en 1940 se instaló de nuevo en Madrid. Murió en 1956.

Miembro de la generación del 98, es el autor de algunas de las novelas esenciales de nuestra literatura como 'Camino de perfección', 'El árbol de la ciencia', 'Zalacaín, el aventurero' -que ya os hemos contado en 'Un libro una hora'- 'Las inquietudes de Shanti Andía', y la trilogía 'La lucha por la vida', compuesta por 'La busca', 'Mala hierba' y 'Aurora roja', entre otras muchas. 

'La busca' se publicó en 1904 y retrata la periferia de Madrid y la pobreza de una forma impresionante. Es una novela que hay que leer para disfrutar de todos los detalles, todos los matices, la cantidad de personajes que la pueblan. Es triste y muy sorprendente.

Una de las trilogías más significativas de Pío Baroja

'La lucha por la vida', título procedente de las palabras de Darwin en 'El origen de las especies', es una de las más famosas y significativas trilogías de Pío Baroja. Su primera versión, titulada 'La busca', apareció por entregas en el diario El Globo, entre el 4 de marzo y el 29 de mayo de 1903, con un total de 59 capítulos y nunca ha sido reeditada. El autor debió de ir reescribiendo y ampliando la obra casi al mismo tiempo que se publicaban los folletines de El Globo, o lo hizo inmediatamente después, puesto que a lo largo de 1904 se editaron, en volúmenes independientes, las tres novelas en que se había convertido aquella primera versión, tal como hoy las conocemos: 'La busca', 'Mala hierba' y 'Aurora roja'.

Parece claro que Baroja, aun sin contar con un plan muy preciso, cifraba su propósito en esbozar un amplio fresco de la sociedad madrileña, si bien luego redujo el ámbito de las acciones para centrarse especialmente en el inframundo de mendigos y delincuentes, en las gentes humildes y en el despertar de las reivindicaciones de la clase obrera.

Muchos años más tarde, al evocar sus primeros pasos como escritor, Baroja confesaba: "El convivir durante algunos años con obreros, panaderos, repartidores y gente pobre, el tener que acudir a veces a la taberna para llamar a un trabajador con frecuencia intoxicado, me impulsó a curiosear en los barrios bajos de Madrid, a pasear por las afueras y a escribir sobre la gente que está al margen de la sociedad".

Mucho más que una radiografía del Madrid suburbial

La trilogía barojiana es algo más que una radiografía del Madrid suburbial en el tránsito del siglo XIX al XX. Los múltiples personajes que pueblan estas páginas, algunos de los cuales aparecen solo fugazmente, ayudan a producir la sensación de un mundo hormigueante y bullicioso en el que la muchedumbre predomina sobre el individuo.

Puede considerarse como un relato de formación en el que lo esencial, la línea conductora que proporciona cohesión y unidad al conjunto, es el proceso evolutivo de Manuel desde los 12 o 13 años; esto es, la narración de sus actos, con los errores y las experiencias que van jalonando su progresiva instalación en la sociedad. Manuel se une a esa oleada migratoria que, abandonando la periferia o el mundo rural, comenzó a invadir las ciudades en busca de mejor fortuna durante los últimos años del siglo XIX.

Como señaló Adolfo Bonilla y San Martín: "En toda la trilogía late un violento y fortísimo espíritu de oposición contra nuestra viciosa organización social y contra las infinitas preocupaciones que ahogan la espontaneidad y amargan la existencia del hombre. Es una empresa noble y redentora". La vigencia de estas novelas permanece intacta un siglo después. La existencia de holgazanes, pícaros, estafadoras, personas laboriosas, seres desvalidos y gentes de espíritu generoso no es algo exclusivo de una época. 

Los rasgos literarios de 'La busca'

Como señala Baroja en sus Memorias: "Los cuadros que forman 'La busca' y 'Mala hierba', que la sigue, son un conjunto de apuntes del natural, procedimiento que no es, sin duda, el mejor para producir una obra armónica y bien perfilada". Pero reconocía que "ha sido, de mis novelas, de las que más aceptación han tenido. No sé a punto fijo por qué".

Tres son los rasgos literarios especialmente destacables en 'La busca': Primero, la recreación de ambientes: decía Baroja: "A mí, en general, es un tipo o un lugar lo que me sugiere la obra. Veo un personaje extraño que me sorprende, un pueblo o una casa, y siento el deseo de hablar de ellos"; segundo, los retratos: muchos tipos permanecen, gracias a la maestría con que el autor los ha individualizado, en la memoria del lector, todos ellos con sus rasgos diferenciadores, físicos y morales, bien acusados; tercero, el tratamiento del paisaje, que deja de ser un lugar estático: los elementos del paisaje trascienden su mera función descriptiva y los rasgos del paisaje se asimilan al estado de ánimo del personaje, integrándose en la acción narrativa.

Este artículo contiene extractos del prólogo de Ricardo Senabre de edición de Alianza Editorial

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