Miércoles, 27 de Octubre de 2021

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Bielorrusia: libertad de expresión y la sombra de Putin

Repasamos el historial de violaciones a la libertad de expresión del régimen de Lukashenko y trazamos el perfil del periodista opositor detenido, Roman Protasevich

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La falta de libertad de expresión y el control de los medios de comunicación en Bielorrusia no son ninguna sorpresa tras la crisis social desatada en el país en 2020 a raíz de las elecciones de agosto de 2020 en las que el presidente Alexandr Lukashenko fue acusado por la oposición, la OSCE y numerosas organizaciones de fraude electoral. Lukashenko, que lleva 27 años en el poder, es considerado el último dictador de Europa.

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Estas elecciones desataron una oleada de protestas en las calles duramente reprimidas por la policía. El informe de Amnistía Internacional sobre Bielorrusia revela que el año pasado se arrestó por cargos falsos o se obligó a exiliarse a candidatos y candidatas de la oposición, sus equipos de campaña y personal colaborador.

Además, la policía recurrió al uso excesivo e indiscriminado de la fuerza para dispersar las manifestaciones que terminaron con miles de detenidos en ocasiones sometidos a torturas. “En solo tres días, del 9 al 12 de agosto, fueron arrestadas más de 2.600 personas y a finales de año teníamos constancia de que más de 25.000 personas habían sido detenidas en Bielorrusia”, subraya Carlos de las Heras, portavoz de Amnistía Internacional.

A muchos de los detenidos, algunos de ellos periodistas o activistas, se les negó el derecho a informar de su paradero a sus familiares y el contacto con sus abogados, y eran “humillados, golpeados, muchas mujeres sometidas a violencia sexual, e incluso privados de alimentos, agua o la atención pública cuando la necesitaban”, asegura de las Heras.

Con la eliminación de toda oposición y disidencia, el derecho a la libertad de expresión quedó totalmente restringido. “Los medios de comunicación están totalmente controlados por el Gobierno y en más de 400 casos han tenido que cerrar o exiliarse”, denuncia AI. Y la detención esta semana del periodista opositor Roman Protasevich mediante el secuestro de un avión que volaba de Grecia a Lituania es el último ejemplo.

El derecho a la reunión pacífica y a la expresión también se ven socavados mediante los bloqueos de Internet, según ha constatado AI. De las Heras recuerda que “las autoridades bielorrusas controlan los grandes proveedores de servicios de internet y por ejemplo hicieron imposibles muchas de las manifestaciones que hubo tras las elecciones mediante el corte de los suministros”.

Bielorrusia es además el único país de Europa en el que se sigue imponiendo la pena de muerte, algo que preocupa a la organización especialmente por la forma de realizar las ejecuciones, sin siquiera informar a los familiares ni de la condena ni del lugar en el que son enterrados sus seres queridos.

La mala situación económica en Bielorrusia unida a la deficiente gestión que ha hecho Alexandr Lukashenko y a sus “comentarios incendiarios”, como los comentarios machistas que ha realizado en los medios de comunicación contra su opositora Svetlana Tijanóvskaya, han alimentado la crisis social en Bielorrusia en el último año.

El perfil populista de Lukashenko y la personalización del poder en su figura, así como su “total falta de respeto por la oposición política y social”, le asemejan al perfil del presidente ruso Vladimir Putin.

¿Quién es Roman Protasevich?

El periodista y activista detenido es un viejo conocido del régimen de Lukashenko. La corresponsal de El País en Rusia, María Sahuquillo, ha investigado sobre su figura, un personaje que no había nacido aun cuando el presidente llegó al poder, sin embargo, no tardó en unirse a la organización opositora Frente Joven, con solo 16 años. Con ella organizaba protestas mayoritariamente pacíficas y en una de esas marchas fue detenido dando lugar a una fotografía que se hizo viral.

Sahuquillo cuenta que aquella experiencia le marcó, volviéndose más activo y acumulando detenciones hasta ser expulsado de la universidad por su activismo.

Sus padres, que no siempre compartían sus ideas, contaron a la periodista que desde muy joven Portasevich quería ser fotorreportero y ha colaborado con varios medios que le situaron en la diana de las fuerzas de seguridad. Tras varios periodos en el extranjero, en 2019 se exilió en Polonia a raíz de que el KGB bielorruso arrestara a uno de sus mejores amigos.

En 2020, cuando se iniciaron las protestas contra el veto de candidatos a las elecciones presidenciales, el activista inició con otro amigo un canal de Telegram con información sobre las protestas y detenciones que creció enormemente al estallar las multitudinarias manifestaciones en Bielorrusia. El canal, además de reportar violaciones, contribuyó a coordinar las protestas, lo que puso a sus creadores en la lista negra del KGB.

Quienes le rodean consideran al periodista un patriota, pero se enfrenta a hasta 15 años de prisión por incitar al odio y a los disturbios masivos en Bielorrusia por alimentar las protestas.

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