Sábado, 18 de Septiembre de 2021

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'La Regenta', todo un universo encerrado en la heroica ciudad de Vetusta

Una novela que resulta extraordinaria por el cuidado y el detalle con que se presenta la vida de Vetusta y sus diferentes clases sociales

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Leopoldo Alas nació en Zamora, en 1852, y murió en Oviedo en 1901. Conocido con el seudónimo de 'Clarín', forma con Galdós la pareja de grandes novelistas españoles del siglo XIX. También fue un gran cuentista, un gran periodista, un crítico cortante y agresivo, y un gran novelista. Es el autor de 'Pipá' y de 'Su único hijo', otra obra maestra. Entre sus relatos destacan 'Doña Berta, Cuervo y Superchería' y los 'Cuentos morales'.

Publicó 'La Regenta' en 1884. Es una novela apasionante, por lo que cuenta y por cómo está contada. Muestra todo un universo, la ciudad de Vetusta, trasunto de Oviedo, poblada de personajes a los que terminamos conociendo profundamente. Cuenta cómo se mueve ese universo y por qué. Sus razones y sus miserias.

Con 'La Regenta', la literatura española deja su huella en uno de los campos más relevantes de la literatura decimonónica, el que tiene como personaje central a la casada infiel. La novela de Leopoldo Alas responde a una ambición ingente, la de hacer el retrato de una sociedad sumergida en las más rígidas y obcecadas categorías del provincianismo y a la que, finalmente, culpa del drama de sus personajes. La Iglesia y la aristocracia, bastiones intocables de la moral y las costumbres, son objeto de un análisis implacable y acusador, pero magníficamente templado por el afán del novelista de profundizar en la conducta del ser humano.

La España medieval que Clarín rechaza con rotundidad

El tono de cierta neutralidad con el que se va desplegando el retrato está salpicado de juicios, opiniones y adjetivos que nos remiten a la mirada intencionada de Clarín. Pero no sería 'La Regenta' la gran novela que es, si el moralismo de Clarín le hubiera empujado a aplicar sin fisuras sus juicios. Su impresionante talento y su espíritu crítico se aúnan para profundizar en un análisis que, por encima de todo, busca la comprensión, conocer más, saber más. El interés que le produce el ser humano se impone sobre su poderosa necesidad de juzgar. Ahonda tanto en los personajes que, cuando estos ocupan el primer plano, la valoración moral de la sociedad, siempre presente, empalidece un poco.

A lo largo de la obra, el autor nos ha ido diciendo que la sordidez y la voluptuosidad van siempre unidas. Casi todos los personajes tienen una parte oscura y sórdida que les lleva a conducirse de forma indigna. Los protagonistas del drama sostienen en su interior fuertes luchas contra los instintos y contra el mal, incluso contra las convenciones y las imposiciones sociales de venganza.

El concepto de honor no está basado en la parte más generosa y magnánima del ser humano. De manera que el dramático resultado final es culpa, en muy buena medida, de la organización social. Más aún: de las categorías más fundamentales que sus dos grandes bastiones, la Iglesia y la aristocracia, consagran y se esfuerzan por perpetuar. Una España medieval, que Clarín rechaza con rotundidad.

Dos personajes atormentados que no encuentran su lugar en la sociedad

La pasión, las dudas, las luchas internas, los secretos, los silencios, y otras emociones que no pueden formularse, planean sobre las páginas de una novela que, como no podía ser menos, causó una gran impresión entre sus lectores coetáneos. Los lectores de hoy habrán de quedar atrapados en la poderosa atmósfera decadente que marcó la vida provinciana de la España del siglo XIX y cautivados por el magnífico y complejo retrato de sus más destacados protagonistas, la Regenta y el magistral, dos personajes atormentados que no encuentran su lugar en la sociedad.

Como señala Germán Gullón, 'La Regenta' es el resultado de una conjunción: la suma de flaubertismo (la novela autoconsciente) más naturalismo (visión "moderna" de la realidad, que permitía ver en profundidad), más las circunstancias propicias (el público quería novelas), más el interés del autor por lo ético (krausismo) y el deseo del artista de ser oído en toda España.

La novela resulta extraordinaria por el cuidado y detalle con que se presenta la vida de Vetusta y sus diferentes clases sociales; para la descripción del ambiente provinciano y del entramado de la vida colectiva, lo más naturalista de la obra, utiliza las técnicas más apropiadas, como el monólogo interior y el estilo indirecto libre, aptos para que la historia parezca contarse por sí misma -la narran los personajes- y para penetrar en el interior de los seres ficticios, en su sentir.

Este artículo contiene extractos del prólogo de Soledad Puértolas en la edición de Siruela

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