Sábado, 24 de Julio de 2021

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CENTENARIO DE BERLANGA

Berlanga, el director verborreico y fetichista que no se creía un genio

De Luis García Berlanga se ha dicho que fue uno de los mejores sociólogos que ha tenido España. Sin necesidad de manejar datos estadísticos ni tablas supo retratar como nadie la idiosincrasia de nuestro país y de nuestros gobernantes. Su cine ha repasado la historia española de pie convirtiéndose en un cineasta subversivo precisamente con haber sabido contar las penurias de sus habitantes con grandes dosis de ironía y guasa

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Sus compañeros de colegio le llamaban Titanic porque cada vez que podía contestaba a los profesores introduciendo la palabra Titanic en su respuesta, aunque no viniera a cuento. Una manía que luego trasladaría al cine. Berlanga metía en todas sus películas la palabra austrohúngaro.

Luis García Berlanga nació en Valencia el 12 de junio de 1921. De joven fue muy aficionado al ciclismo, una pasión que conservaría toda su vida. Su padre fue diputado del Frente Popular y por eso cuando acabó la Guerra Civil fue encarcelado e incluso condenado a muerte. Aquello llevó al joven Luis a alistarse en la División Azul en 1941, aunque no era la única razón. Su gesto no le sirvió de mucho ya que su padre estuvo preso hasta el año 1952. Tras volver de Rusia Berlanga se matriculó en la escuela de cine donde conocería a su primer compañero de fatigas, Juan Antonio Bardem. Por entonces Berlanga soñaba con hacer un tipo de cine muy distinto al que luego haría.

Berlanga nunca presumió de genio ni de realizador virtuoso sino todo lo contrario. Reconocía que no sabía nada de lentes ni de técnica fotográfica. Sus legendarios planos secuencia los filmaba así porque le daba una pereza enorme cortar, no porque tuviera ningún tipo de ínfulas artísticas. Películas corales con historias que se cruzan y llenas siempre de magníficos actores. Eso sí, hablando todos a la vez.

En 1960 se produjo el encuentro con el que sería un hombre clave en su carrera: Rafael Azcona. Con él escribiría diez de sus diecisiete largometrajes. El humor disparatado de Berlanga conectaba muy bien con la mirada ácida del guionista. Berlanga, siempre humilde, concedía la mayor parte del mérito de su éxito al guionista. Juntos Azcona y Berlanga definirían el estilo cinematográfico del director a base de ingredientes como el costumbrismo, el esperpento o el humor negro. Un cine que el propio director reconocía también bastante misógino. En realidad la mayor genialidad de Berlanga fue siempre saber encontrar el equilibrio.

Un cine tan personal que hubo que inventar un adjetivo para definirlo: berlanguiano. Lo berlanguiano nacía de la especial manera que tenía el director de ver la vida: con mucho humor, una profunda humanidad y un pesimismo jocoso que conocían muy bien todos sus colaboradores.

Luis García Berlanga fue un director muy machacado por la censura, que le tumbó varios de sus proyectos y que buscaba siempre en sus diálogos segundas y terceras lecturas. Y eso que en lo político Berlanga nunca se significó demasiado. Su amigo Juan Antonio Bardem intentó sin éxito que militara en las filas comunistas. En realidad Berlanga fue siempre un anarquista bon vivant amante de los placeres. Un erotómano que dirigió durante años la colección La sonrisa vertical dedicada a la narrativa erótica. Era también muy maniático y supersticioso y un amante del fetichismo.

Sí, le gustaba la soledad pero a la vez reconocía que su mayor placer era la conversación y padecía una verborrea inagotable. En los últimos años de su vida esa verborrea se fue volviendo cada vez más confusa y enmarañada. Y es que el director reconocía que la edad le pasaba factura. Su última película, París-Tombuctú, la rodó en 1999 y en ella ya se atisbaba su cansancio personal. Luís García Berlanga falleció el 13 de noviembre de 2010, a los 89 años. De él se ha dicho que fue uno de los mejores sociólogos que ha tenido nuestro país porque sin necesidad de manejar datos estadísticos ni tablas ni informes, supo retratar como nadie la idiosincrasia de los españoles. Por eso ya nadie duda de que Berlanga ha sido y es uno de los directores más grandes de nuestra historia y así lo reflejan los libros.

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