Domingo, 05 de Diciembre de 2021

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'Carol': la libertad de amar

Con motivo del Día del Orgullo LGTBI, os contamos esta maravillosa historia de amor entre dos mujeres

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Patricia Highsmith nació en Texas en 1921 y murió en Suiza en 1995. Es una de las escritoras más originales y perturbadoras de la narrativa contemporánea. Es la autora de 'Extraños en un tren', 'El talento de Mr. Ripley' o 'El amigo americano', entre muchas otras. 'Carol' se publicó con pseudónimo en 1952 con el título 'El precio de la sal'. Fue rechazada por su primer editor, y fue un gran éxito de ventas. Es una novela extraordinaria, profunda, sensible, erótica, pero sobre todo es una maravillosa novela de amor.

Claire Morgan, una autora desconocida y que eligió permanecer en el más absoluto anonimato, publicó en 1952 una novela 'El precio de la sal' notablemente audaz para la época. Los críticos trataron el libro con una mezcla de desconcierto y respeto, pero el éxito de público fue inmediato, y se vendieron más de un millón de ejemplares de la edición de bolsillo. La novela no volvió a editarse y reapareció con el título 'Carol' firmada por su autora con su verdadero nombre, Patricia Highsmith.

Una novela publicada inicialmente bajo un pseudónimo y con otro título

"La inspiración para este libro", cuenta la autora, "me surgió a finales de 1948, cuando vivía en Nueva York. Había acabado de escribir 'Extraños en un tren', pero no se publicaría hasta fines de 1949. Acepté un trabajo de dependienta en unos grandes almacenes de Manhattan, durante lo que se conoce como las aglomeraciones de Navidad. Una mañana apareció una mujer rubia con un abrigo de piel. Yo me sentí extraña y mareada, casi a punto de desmayarme, y al mismo tiempo exaltada, como si hubiera tenido una visión. Después de trabajar me fui a mi apartamento, donde vivía sola. Aquella noche concebí una idea, una trama, una historia sobre la mujer rubia y elegante del abrigo de piel. Escribí unas ocho páginas a mano en mi cuaderno de notas de entonces. Era toda la historia de 'El precio de la sal'".

Cuenta Patricia Highsmith: "Cuando escribí 'El precio de la sal' empezaban a aparecer, un tanto tímidamente, algunas novelas sobre la homosexualidad, aunque la propaganda de las fajas de los libros las calificaran de "osadas". Y los homosexuales, hombres y mujeres, las leían, como seguramente las leían también algunos heterosexuales que sentían curiosidad hacia un sector de la sociedad para ellos desconocido, casi un submundo. Mi joven protagonista, Therese, puede parecer ahora demasiado timorata, pero en aquellos tiempos los bares gays eran sitios secretos y recónditos de alguna parte de Manhattan, y la gente que quería ir cogía el metro y bajaba en una estación antes o una después, para no aparecer como sospechosa de homosexualidad".

"Ahora, los chicos y chicas homosexuales salen a la luz en su temprana adolescencia y al menos descubren que no están solos"

Patricia Hignsmith escribe, en un epílogo en 1983: "El lector de la década de 1980 quizá encuentre a Therese demasiado tímida y vergonzosa como para ser creíble. Pero ella vivía en una época mucho más represiva. Hoy, una chica con sus ambiciones y su nivel de percepción conocería el mundo gay desde los 12 años o desde la edad a la que descubriera hacia dónde se inclinaban sus deseos.

Las revistas y los libros son ahora más sinceros y accesibles. Las actividades sexuales empiezan mucho más temprano que a los 19 años de Therese. Quizá ahora, incluso en las pequeñas ciudades, los chicos y chicas homosexuales salen a la luz en su temprana adolescencia y al menos descubren que no están solos en su desviación del camino habitual".

Como señala Patricia Highsmith, "'El precio de la sal' fue rechazada por el primer editor que la leyó y aceptada por el segundo. Tuvo "serias y respetables" críticas en su edición de tapa dura. Sin más críticas, fue una victoria aplastante en su edición de bolsillo, porque la publicidad fue únicamente de boca a boca. Mucha gente debió de identificarse con Carol o Therese. Así, un libro que al principio fue rechazado, llegó arriba del todo. Me alegra pensar que les dio a varios miles de personas solitarias y asustadas algo en que apoyarse. En esta época debe de haber pocas Thereses, pero siempre habrá Carols en miles de ciudades, con historias similares, que a las furias del infierno tienen que añadir la furia del marido y padre que ha "perdido" el amor de su mujer por otra mujer".

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