Miércoles, 01 de Diciembre de 2021

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Sofá Sonoro | Especial

Grandes rachas de la música: cuando las estrellas echan humo

Los grandes nombres de la música lo son por momentos concretos, por rachas en las que su inspiración rebosaba por los cuatro costados. Recopilamos grandes momentos de la historia

Las grandes rachas de la música para Sofá Sonoro

Las grandes rachas de la música para Sofá Sonoro / Cadena SER

La historia de la música está marcada por grandes momentos que protagonizaron artistas repletos de ambición, pero también hombres y mujeres que se lo jugaron todo a una carta. Hay rachas iniciales como la de la Creedence Clearwater Revival, que editó sus cuatro primeros discos en año y medio, pero también hay momentos desesperados como los que protagonizaron Johnny Cash o Leonard Cohen. Hay rachas inmortales, como la del Bob Dylan de mediados de los sesenta, la de los Led Zeppelin de comienzos de los setenta, o la carrera completa de estrellas fugaces como Janis Joplin o Jimi Hendrix.

Hay muchos tipos de rachas y de contextos, algunas hermosas como las de Bebo Valdés y Chavela Vargas, que llegaron a lo más alto siendo ancianos. En Sofá Sonoro hemos dedicado muchos programas a esos momentos de la música. El Lou Reed de comienzos de los setenta, el David Bowie de Berlín, los Radiohead de los noventa. Estos son algunos de nuestros momentos favoritos de la música.

Cash: la venganza del hombre de negro

Johnny Cash durante un concierto en los noventa / Getty

A comienzos de los años noventa Johnny Cash estaba más cerca de ser un chiste que una estrella respetada. Las nuevas generaciones lo habían olvidado, los sellos lo despachaban. Nadie quería grabar con él ni saber de él. Lejos de los focos, Cash recorrió el circuito secundario de EEUU encontrando hueco como vieja leyenda en ciudades por las que no pasan las estrellas. Nadie daba un duro por El Hombre de Negro.

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Lo que pasó en aquellos años es quizá la redención más hermosa de la música. Rick Rubin, un productor que había hecho carrera en el hip hop, lo fichó para su sello. Confió en él y le buscó un cancionero nuevo alrededor de versiones de grupos actuales. Le quitó la fanfarria y las orquestas y lo dejó desnudo y a oscuras. Cash se dejó llevar y de allí salió American Recordings (1994), el primero de los seis discos junto a Rubin que devolvieron al cantante a la primera línea, a ganar Grammys, a salir en las fotos, a tocar en los grandes recintos. Sin esos discos el legado de Cash en el siglo XXI sería muy diferente, aquellos álbumes tenían verdad, amor, dolor. Los grandes sentimientos de un hombre viejo que ha vivido de todo y que te los canta junto a una chimenea antes de irse a dormir.

Cuando la reina encontró el trono

Aretha Franklin en sus años en Atlantic / Getty

Desde que era una niña se sabía que Aretha Franklin era especial. La hija del reverendo Franklin daba exhibiciones cada domingo y apuntaba a estrella, pero las cosas no fueron tan sencillas. Tras fichar por Columbia Records, Aretha estaba convencida de que iba a triunfar. Pero no sucedió. Etiquetada como cantante de jazz o de góspel, Aretha no lo hacía mal, pero sus discos de aquella etapa estaban faltos de magia y no llegaban a las radios comerciales. Todo cambió cuando la futura Reina del Soul llegó a Atlantic Records junto a Jerry Wesler.

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En Atlantic, Aretha se encontró a sí misma y todo explotó. Entre 1967 y 1970 Franklin grabó ocho discos. Álbumes eternos con lo mejor del soul, con fuerza, magia, amor, dolor, pasión. Discos que te parten en dos y que te curan después. Nadie ha podido igualar esa racha, esa sensación de ser alguien distinto, especial.

Leonard Cohen: el último baile

Leonard Cohen en una de sus últimas giras / Getty

A Leonard Cohen siempre le llevó mucho tiempo terminar cada canción. Como buen poeta y artesano de las palabras pensaba que todo debía estar en el lugar preciso. Esa obsesión hizo que su cancionero no alcanzase el tamaño del de otros coetáneos. Cuando el canadiense se retiró de los escenarios para vivir en un monasterio muchos entendieron que aquel era el final de su carrera. Esa era la idea, pero para mala suerte de Cohen el plan no salió como pensaba. El músico descubrió que una persona de su confianza le había robado el dinero que tenía ahorrado para la jubilación. Aquella traición llevó a Cohen a calzarse de nuevo el sombrero y volver a la carretera.

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Entre 2012 y 2016, Leonard Cohen publicó tres álbumes geniales, además de directos apabullantes como el de su concierto en Londres. Tocó en grandes festivales, recorrió el mundo varias veces dando recitales de tres horas y puso al público a sus pies. Su muerte fue una triste noticia, pero Leonard nos dejó un último trabajo, Thanks for the Dance. Esta etapa final del canadiense elevó su leyenda y es la constatación de que las grandes rachas de la música no solo las protagonizan los jóvenes.

Andrés Calamaro: la explosión del volcán

Andrés Calamaro durante una actuación en 2012 / Getty

Tras dejar Los Rodríguez, banda capital del rock en castellano de los 90, Andrés Calamaro vivió una etapa tan frenética como genial. Son esos momentos de iluminación en el que a los grandes artistas se les caen las canciones. La de Calamaro es quizá la racha más representativa y la que más de cerca nos ha tocado.

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Calamaro explotó a mediados de los noventa. Fue una explosión in crescendo. Primero llegó un aviso. Con Alta suciedad el argentino recordó al mundo que la estrella era él. Aquel fantástico álbum valdría para tener la gloria eterna y el perdón de los perdones, pero apenas fue un primer paso. Unos años después llegó Honestidad Brutal, 37 canciones. Dos horas y veinte de música. Una exhibición y un álbum generacional que creó escuela. Aún así, quedó el último golpe de aquella racha. Un centenar de canciones, un álbum quíntuple: El Salmón. Aquel disco mal entendido es tanto una locura como una genialidad.

Bruce Springsteen: el ascenso a la gloria

Springsteen durante una actuación a comienzos de los ochenta / Getty

Bruce Springsteen vivió unos agitados años ochenta, una década en la que el músico de Nueva Jersey alcanzó el Olimpo del Rock mientras padecía unas profundas depresiones que lo atacaban con crudeza. Fueron los años de The River, el álbum que lo lanzó al estrellato. Veinte canciones inmortales que mostraban todas las aristas de su música. Tras conocer el éxito con aquel disco doble, el cantante descolocó a todos sus seguidores editando Nebraska, un álbum crudo y melancólico en el que plasmó sus demonios. A la par que se lidiaba con todas esas angustias, Springsteen se sacó de la manga Born in the USA. Aquel disco fue el álbum más vendido de 1985, despachando treinta millones de copias y colocando a su autor en una nueva dimensión.

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Estos tres discos, editados en apenas cuatro años, transformaron la carrera de Bruce Springsteen y lo consagraron como uno de los músicos de rock más importantes de todos los tiempos. El disco doble de rock, el álbum acústico melancólico y el trabajo más importante de su carrera. Una sucesión de éxitos y de sorpresas que se intercalaron en una montaña rusa. A esa sucesión le faltaba un tema a tratar: el amor. Con Tunnel of Love, editado en 1987, Springsteen abordó por primera vez las relaciones sentimentales, los fracasos, las decepciones y los cambios. Una exhibición clave en la carrera de uno de los músicos más queridos del rock.

Van Morrison: el rugido del león

Van Morrison en un concierto en Madrid / Getty

Hay rachas lejanas y hay rachas que están sucediendo en este mismo momento. Van Morrison sigue en la suya desde que en 2015 editó el genial Keep me singing. Desde entonces el de Belfast ha mantenido una actividad difícil de seguir, intercalando discos hermosos con otros menores, pero en todos hay algún momento de genialidad, alguna canción por la que merece la pena pagar el precio del disco.

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En los siguientes meses volvió una y otra vez a las tiendas con discos que mezclaban temas propios con versiones y que lo juntaban con amigos de todo tipo. Primero llegó Roll with the punches, poco después Versatile. Un disco de blues y otro de jazz que se vieron acompañados de You are driving me crazy y The Prophet speaks para cerrar la racha con el espléndido Three cords and the truth. Una racha que solo una pandemia y un confinamiento han podido parar.

Elton John: la genialidad desbocada

Escucha el Sofá Sonoro dedicado a Elton John

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Pocos artistas más excesivos que Elton John ha dado el mundo. Su historia está sembrada de leyendas, algunas oscuras, que hablan de fiestas imposibles y noches eternas. Su estilismo al subirse al escenario, su forma de volar sobre el piano. Todo eso retrata a un músico salvaje y sobrado, pero en una carrera tan larga hay todo tipo de momentos y la gran racha del pianista inglés es quizá la más llamativa de la música.

En la década de los setenta, Elton John editó diez discos en seis años que son parte de la historia de la música con siete números 1 consecutivos en EEUU que cimentaron su leyenda como uno de los más grandes creadores de la música popular del siglo XX. De la mano de Bernie Taupin, Elton John se comió el mundo a bocados, a base de canciones eternas y una forma única de entender el espectáculo.

Madonna: el reinado incuestionable

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Pocos artistas pueden mirar cara a cara a Madonna. La Reina del Pop tuvo un comienzo de carrera difícil de igualar. Fue la gran voz de los años ochenta y dejó su huella en la música enlazando tres números 1 eternos con sus discos Like a Virgin, True Blue y Like a Prayer. Solo con estos tres álbumes vendió más de sesenta millones de copias.

Pero cifras al margen, la racha de Madonna en los ochenta es tremendamente poderosa. Está su carisma, pero también sus polémicas, su actitud, su manera desafiante. Madonna ignoró las reglas del juego y fijó las suyas. Se convirtió en sex symbol, en empresaria, en actriz. Hizo todo lo que quiso y no miró atrás. Las rachas de la música se pueden medir de muchas maneras, pero con cualquier métrica siempre sale ganando Madonna.

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