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Siesta y dulce van de la mano

El 'Comando Quintas' pone la lupa en conocer cuáles son las costumbres de los españoles en torno a la siesta y a lo que comemos después

Comando Quintas | Siesta y dulce van de la mano

Comando Quintas | Siesta y dulce van de la mano

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Madrid

El ‘Comando Quintas’ ha desplegado sus líneas de investigación sobre el famoso y placentero descanso de después de comer, la siesta. Con el objetivo de tratar cómo los hábitos que toma uno en el día a día son claves para mantener un cuerpo y una mente sanas.

Cada persona es un mundo, y más en algo tan íntimo como la siesta. Encuentra defensores y detractores. Y entre los partidarios de dormirla, las opciones y formas de echársela son infinitas. Para ello Ángela Quintas, Toni Cuart y Marina Tadeo han realizado una encuesta de calle para desentrañar algunas de las manías que rodean a este preciado y odiado a la vez, descanso.

La nutrición no se mantiene al margen del sueño. Ya que una alimentación equilibrada tiene un efecto directo en cómo duerme uno. Y de ello se encarga la Crononutrición, una disciplina que estudia como la alimentación debe respetar al máximo posible los ritmos biológicos de nuestro cuerpo. En el caso del sueño, está marcado por los ritmos circadianos y las variaciones en la temperatura corporal.

Podemos comprobar que las horas de máxima tensión arterial tienen lugar por la mañana, que el movimiento intestinal se inicia hacia las 8:30, que la máxima fortaleza muscular se da a partir de las 17:00, o por ejemplo, que la secreción de melatonina necesaria para conciliar el sueño empieza a las 21:30. Algunos rasgos que indican cuándo puede ser mejor comer. Porque la hora del día en que lo hagamos no es indiferente, y puede influir, por ejemplo, en nuestro peso.

Además, dos hormonas cobran un papel vital. La serotonina, la hormona del placer y la felicidad, se secreta a la hora de la merienda y es una de las razones por las que nos apetece dulce por la tarde. Con el dulce se incentiva la secreción de esta hormona y si los niveles de serotonina son bajos, el cuerpo nos pedirá más. La serotonina a su vez es precursora de la melatonina, la hormona que regula los ciclos de sueño, por lo que su relación es clara. Pero la serotonina depende de un aminoácido esencial, el triptófano, porque nuestro cuerpo no la fábrica. Este lo contienen en su mayoría las proteínas tanto animales como vegetales, por lo que un buen aporte de triptófano puede paliar esas ganas de dulce por la noche.

Javier Albares, médico neurofisiólogo y especialista en sueño en el Centro Médico Teknon Barcelona, afirma que “el sueño del ser humano tiene un sueño bifásico, es decir, tiene un periodo principal nocturno y un periodo de siesta a medio día, que se interrumpió sobre todo a partir de la revolución industrial. Eso ha hecho que mucha gente haya dejado de echarse la siesta, pero no porque no sea beneficioso”. Además, analiza cómo los adultos necesitamos entre 7 u 8 horas de media de sueño nocturno. En España no alcanzamos las 7, dormimos una hora menos de sueño que el resto de los europeos. Por eso la tendencia durante el día va a ser a echar la siesta. Sin embargo, Albares recuerda: “la siesta no es un sustitutivo del sueño nocturno, sino un complemento de este”.

La siesta está en un momento de auge. Y son cada vez más los que la reivindican con fuerza. En Estados Unidos ‘The Nap Ministry’ promueve encuentros y siestas colectivas. Y algunas tecnológicas de Sillicon Valley ofrecen a sus empleados la posibilidad de dormirla, porque se ha demostrado que los que optan por ella son más productivos después. Tras la revolución industrial se extendió la idea de que parar de trabajar y tomar un pequeño respiro era algo de vagos. Allí comenzaron los estigmas hacia la siesta, que se asocia principalmente a países mediterráneos y latinoamericanos. Pero un estudio de la revista Neurology tumba el mito de que la siesta es algo cultural, ya que un 22% de alemanes la duermen, después un 16% de los italianos y un 15% de los británicos, frente al 8% de españoles.

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