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La Ventana

Javier Alcántara, musicoterapeuta: "Una cosa es tocar en un hospital y otra es tener objetivos terapéuticos"

El musicoterapeuta, Javier Alcántara, se asoma a 'La Ventana' a propósito de la publicación de la primera guía que promueve la implantación de la musicoterapia en las UCIs

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Por todos es sabido que los beneficios de la música son numerosos. Cualquier forma artística, por el simple hecho de existir, supone algo muy positivo. Pero la musicoterapia da un paso más allá. A través del uso de la ciencia de la música como herramienta para cubrir ciertas necesidades, tanto de pacientes como de familiares, se trabajan distintos aspectos fundamentales como el físico, el psicológico, el social o el emocional.

Javier Alcántara es musicoterapeuta en varios centros de alzhéimer y en las UCIs del Hospital de Torrejón, en el Ramon y Cajal y en el San Rafael. Alcántara estudió música y posteriormente hizo un posgrado en musicoterapia en la Universidad de Extremadura y sus prácticas las desarrolló en el Hospital Mount Sinai de Nueva York. “La musicoterapia tiene objetivos terapéuticos, el musicoterapeuta tiene que formarse. Una cosa es cuando yo estoy tocando o componiendo y otra es cuando estoy trabajando de musicoterapeuta”, afirma Javier.

Los efectos de la musicoterapia en UCIs

Tal y como cuenta el musicoterapeuta, el efecto es prácticamente inmediato, pero para ello es necesario que se implanten de una manera correcta. De ahí surgió la idea de hacer una guía con la Fundación Diversión Solidaria, con el fin de abrir camino en otros hospitales y para saber cómo empezar un proyecto de estas características.

“Nos reunimos con el equipo médico y nos explica que pacientes van a recibir el tratamiento. Entonces ya vamos con los instrumentos y entramos en el box”, cuenta Javier Alcántara. Si el paciente está despierto hacen musicoterapia activa, en la que el paciente y los familiares tocan también los instrumentos. “Impresiona mucho ver a una persona entubada tocando el tambor o las maracas”, relata el musicoterapeuta.

Adaptado a las necesidades de los pacientes

Una de las técnicas que desarrollan es la improvisación clínica. “Componemos canciones en tiempo real basadas en las necesidades de los pacientes. Si un paciente por ejemplo solo puede dar con la mano en el tambor, con ese ritmo creamos una canción para el estado de ánimo, para la motricidad o para favorecer la saturación de oxígeno”, explica Alcántara.

Como la memoria musical es la última que se pierde, si el paciente está sedado o en coma le preguntan a los familiares qué canciones les pueden gustar. “En una ocasión una persona estaba sedada y un familiar nos dijo que le gustaba mucho Medina Azahara. Mi compañera tocó una canción de Medina Azahara. Al cabo del tiempo despertó y le dijo a la jefa del servicio que había escuchado la voz de una chica cantando una canción. Cuando volvimos a hacer la canción lo hicimos con el paciente despierto. Fue muy emotivo. Esa parte de humanización es muy importante”, recuerda Javier Alcántara.