Lunes, 17 de Enero de 2022

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¿Qué dice de nosotros el dinero?

El periodista, escritor y divulgador Francesc Miralles nos habla cómo nuestra particular relación con la economía condiciona en gran medida nuestra felicidad

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"El extracto de una Visa a veces dice más del alma de una persona que varios años de psicoanálisis". Esta frase Joan Antoni Melé, impulsor en España de la banca ética Triodos, ilustra muy bien el tema del que habla el periodista, escritor y divulgador Francesc Miralles esta semana en el programa 'Si amanece nos vamos' de Roberto Sánchez.

Según establece Cristina Benito en su libro 'Money Mindfulness': "el dinero no lleva necesariamente a la felicidad, pero una mala relación con él es un seguro de infelicidad". La autora, además, establece cinco tipos de personas según cómo somos con nuestra economía. 

1) El pirómano

Como su nombre indica, es aquella persona que necesita quemar cuanto antes el dinero —sea mucho o poco— que pasa por sus manos, como si tuviera miedo a que desapareciera antes de ser usado. En su nivel más patológico estaría el ludópata que gasta en unos pocos días el salario que debería durarle todo el mes, pero este patrón también está presente en la élite de los más ricos.

2) El desprendido

El desprendido entrega lo que le sobra y lo que no le sobra a los demás, tanto si se trata de dinero como de tiempo, dos conceptos que, como veremos más adelante, están íntimamente relacionados.

Tal como indica el doctor en psicología Antoni Bolinches, a las personas extremadamente generosas muchas veces les faltó el amor del padre o de la madre, y en la edad adulta tratan de obtenerlo comprando el amor de los demás.

El desprendido hace favores constantemente que le acaban costando dinero y tiempo. Trata de hacerse indispensable para asegurarse el cariño de su entorno. Sin embargo, con eso genera una deuda a su alrededor que algunos no pueden corresponder, lo cual suscita incomodidad.

3) El neurótico de la pobreza

Hay personas que no queman sus recursos alegremente, como el pirómano, ni tampoco lo regalan como el desprendido, pero que se privan de la prosperidad de una forma más sutil: no dejando que el dinero fluya hacia ellos. El resultado acaba siendo el mismo, con la única ventaja de que no se endeudan.

Es lo que el editor y periodista David Barba denomina 'neurosis de pobreza', y la padecen aquellos que, pudiendo ganar dinero con su talento, prefieren permanecer pobres y puros, en lugar de ser unos 'vendidos'.

Encontramos este patrón en muchos poetas y artistas, así como en idealistas extremos en general, que rehúyen cualquier medio que pueda mejorar su nivel de vida, porque eso implicaría traicionarse. Como hemos visto en el primer capítulo, hay un prejuicio judeocristiano ante esta creencia

4) La hormiguita

Ahorrar no solo es bueno, es necesario. Pero, como en cualquier otro aspecto financiero, los extremos suelen ser contraproducentes.

La hormiguita es un patrón muy habitual —y acertado— en épocas de vacas flacas o después de una crisis económica, pero no puede convertirse en una actitud permanente de carestía que a menudo es reflejo de una obsesión enfermiza por acumular dinero. En el fondo, su patología es similar a la del avaro.

Como el insecto en su colonia, la hormiguita almacena el dinero como si fuera un bien escaso, aumentando siempre las reservas y limitando todo lo posible las salidas, incluso pasando incomodidades y privaciones innecesarias. Y el impulso que le gobierna vuelve a ser el miedo: a que surjan mañana gastos inesperados, a dejar de generar ingresos en el futuro, a un hundimiento generalizado que haría necesario recurrir a esa despensa de recursos.

5) La nube del no-saber

Este es el título de un libro místico inglés del siglo XIV cuyo autor se desconoce, pero que nos sirve para etiquetar el quinto patrón: aquellas personas que, por despreocupación o por aversión al dinero, prefieren no ocuparse de él.

Lo ignoran como si no existiera, o como un mal con el que hay que vivir. Sin embargo, como el dinero está presente en todas las facetas de nuestra existencia y continuamente los estamos intercambiando, la nube del no-saber acostumbra a ceder la gestión y control de sus recursos a otra persona.

Hay gente que no sabe lo que tiene en la cuenta hasta que, cuando ha de afrontar una crisis o un divorcio, se encuentran con que todos aquellos recursos que han confiado a un tercero han desparecido. Delegar el seguimiento y manejo del dinero puede ahorrarnos preocupaciones a corto plazo, pero si la relación que une a ambas partes se deteriora, la realidad económica largamente ignorada emerge como una maldición.

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