Martes, 30 de Noviembre de 2021

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Josephine Baker, la venus de bronce

Al poco de nacer, la pequeña Josephine fue abandonada por su padre. Más tarde su madre volvió a casarse y tuvo otros tres hijos. Esta desesperada situación la empujó a abandonar la escuela para comenzar a trabajar como niñera y limpiadora

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En este punto debemos mencionar que en aquella época los prejuicios raciales estaban muy marcados, lo que la llevó a ser víctima de situaciones muy duras. Se casó muy joven y en 1922, a la edad de 16 años, comienza a practicar baile hasta que finalmente logra unirse a un grupo de danza. Tuvo la oportunidad de viajar con el grupo The Jones Family Band, aunque inicialmente fue rechazada por ser considerada como una artista algo torpe y muy oscura. Al año siguiente logra unirse a The Dixie Steppers lo que la lleva a trasladarse a Nueva York y, gracias a sus habilidades para el cante y el baile, logra trabajar en Brodway. Con 19 años, Josephine se traslada a París para actuar en la Reveu Négre, siendo ella la corista, donde brilla con su increíble Danse Sauvage. Su belleza, sensualidad y carisma hace que Josephine Baker logre ganarse al público parisino, ávidos de exotismo. A los tres meses de estar en el país, consiguió su primer papel en el teatro Folies Bergère lo que la catapulta al estrellato. Se convierte en modelo y actriz de películas. Su talento no pasa desapercibido por las masas. En 1927 es conocida como la mujer más famosa y mejor pagada de todo el continente europeo. Sin embargo, a pesar de haber tenido un éxito tan tremendo en su gira europea, no fue bien aceptada en Estados Unidos. La causa fue únicamente su color de piel.

Al estallar la segunda guerra mundial Josephine Baker sigue viviendo en París, y decide mudarse al sur de Francia. Colabora con la cruz roja y forma parte de la Resistencia francesa usando su profesión como un puente para facilitar la misión. Asimismo, como podía viajar por toda Europa usando salvoconductos, comenzó a trabajar como agente de espionaje encubierta llevando mensajes secretos escritos con tinta invisible en las partituras musicales que utilizaba para trabajar. No hay duda de que su participación durante la guerra fue muy importante para el gobierno, quién más adelante decidió condecorarla con la Legión de Honor y otorgarle la medalla a la Resistencia, algo que pocas personas han tenido la oportunidad de recibir.

Le pusieron varios apodos tales como la “Venus de bronce”, la “Perla negra” y la “Diosa de ébano”. En sus años de esplendor empieza a adoptar a niños de diversas nacionalidades y crea una familia a la que llama “La tribu del arco iris” con 12 miembros que viven en el castillo de Les Milandes, en Dordoña (Francia). Al pasar los años regresa a Estados Unidos, pero no solo con la intención de trabajar como artista, sino más bien con la idea de contribuir con el movimiento social afroamericano y defender los derechos civiles de los negros participando en la marcha hacia Washington convocada por Luther King por el trabajo y la libertad. Algunas veces pasó por serias dificultades económicas, pero logró sobrellevarlas con dignidad, cual ave fénix, hasta el día de su muerte, que casi fallece sobre el escenario a sus 68 años mientras representaba su último gran espectáculo: “Bobino”.

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