Martes, 07 de Diciembre de 2021

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Dentro de la industria del porno: así es la película más descarnada y valiente

La directora sueca Ninja Thyberg ofrece un retrato crudo y distante en 'Pleasure', película que examina las dinámicas laborales en el patriarcal mundo del porno en Los Ángeles

Fotograma de 'Pleasure'

Fotograma de 'Pleasure' / KARMA FILMS

La pornografía y la prostitución son dos de los asuntos que más dividen a la nueva ola feminista del siglo XXI ¿Puede existir un porno feminista? ¿Es posible la prostitución libre? ¿Dónde empieza y acaba la voluntad de la mujer? Son preguntas que sobrevuelan el debate social y teórico de los últimos años sin un punto de encuentro entre las diferentes corrientes. El audiovisual se ha acercado a estas nuevas miradas en busca de nuevas representaciones más que de respuestas. Lo han hecho, por ejemplo, la serie ‘The Deuce’, sobre el origen del millonario negocio de los vídeos sexuales en los 70, o ‘Adult Material’, retratando la dificultad para emanciparse de ese entorno.

En un universo cuya producción y consumo están al servicio del patriarcado, la joven directora sueca Ninja Thyberg sorprende con un descarnado y distante relato de las bambalinas del mundo del porno en Los Ángeles. Descarnado por la violencia intrínseca que sufren las mujeres y distante porque se afana en no victimizar a sus personajes. En ‘Pleasure’ ofrece un complejo retrato del cine dentro del cine, del porno dentro del porno. “Siempre he estado interesada en los roles de género y las imágenes mediáticas, y qué efectos tienen en la construcción de las identidades. Desde que empecé a hacer películas he estado explorando la mirada masculina, la perspectiva masculina en películas, y en el porno está en toda su esencia. Es un buen lugar para contar esta historia donde la protagonista tiene que enfrentarse con esa mirada. Nunca se había hecho desde este lugar”, explica sobre su ópera prima en conversación con la Cadena SER.

En 2013 la realizadora ya se interesó por este tema en un corto del mismo nombre y un año más tarde se desplazó a Los Ángeles para profundizar y documentarse a pie de campo sobre las dinámicas de una industria tan opaca y corrupta. “Un amigo me presentó a una persona que trabajaba en este mundo. Él me fue introduciendo, fui conociendo a otras, otras y otras, paso a paso fui teniendo cada vez más acceso. Siempre he sido honesta con mis intenciones, con todas las cosas que quería conocer y aprender, yo misma quería poner en duda muchos de los prejuicios que tenía. Esa honestidad la percibieron. Con el tiempo, hice amigos y empecé casi a pertenecer a esa comunidad, fue un proceso bastante natural. Todos los actores, excepto Sofía Kappel, pertenecen a la industria del porno, me han apoyado y han querido ayudarme en todo momento. Incluso hay personas trabajando detrás de las cámaras que son de ese mundo y ellos mismos son conscientes y conocen los problemas”.

La debutante Sofía Kappel encabeza el reparto con una interpretación portentosa y escurridiza. Es ingenua y ambiciosa, fría y furiosa, calculadora y frágil. Todo a la vez sin caer en el clásico cuento de juguete roto. Da vida a Jessica, una joven sueca de 19 años que llega a Estados Unidos con la intención de convertirse en la próxima gran estrella del porno. En su camino, Bella Cherry, el nombre artístico que adopta, se enfrenta a un sistema patriarcal jerarquizado donde las mujeres compiten -aunque hay espacios para la sororidad- y los hombres observan y mandan desde sus cómodos puestos de poder. “Al principio de la película, determinados personajes masculinos y las chicas que conviven con Bella la están ayudando, no compiten con ella y le advierten de los riesgos. Pero ella traiciona eso en su propio viaje personal, no representa mi punto de vista ni lo que hacen todas las mujeres en el mundo del porno. En cierto modo, esa parte tiene más que ver con una crítica al sueño americano, al hecho de que si quieres llegar a la cima y tener mucho éxito, tienes que pasar por encima de otras personas. Y al mismo tiempo es una crítica al capitalismo”.

Thyberg representa todas las fantasías y peajes que exige ese entorno laboral y demanda el potencial público. Muestra todo lo que hay detrás de las representaciones y categorías creadas sobre la mujer y el sexo en el porno. De la colegiala inocente que se enfrenta a su primera vez a tríos, sexo con violencia, simulación de violaciones… La brutalidad con el cuerpo de la mujer crece al ritmo de la ambición de la protagonista. Llegar a la cima implica todo tipo de prácticas -y aquí está el cambio en la mirada- que afronta con algunas dudas y mucha determinación. “La película muestra en muchos momentos todo aquello que tiene que esconder el cuerpo de la mujer, o la propia mujer, para cumplir con las fantasías de los hombres. Quería mostrar los otros ángulos de rodar imágenes porno. La crueldad es algo importante en ese mundo, pero no quería mostrarlo de una manera triste o sucia, no quería victimizar al personaje. Desde el punto de vista de la protagonista, es un mundo de color rosa, con muchos brillantes, y al mismo tiempo crudo”, defiende la directora sobre el estilo de la película, descarnado y sin concesiones, pero lleno de colores de ese falso glamour.

En tiempos de feminismo, Thyberg huye de una propuesta militante o moralizante, opta más bien por un completo examen sobre las relaciones laborales y las clases sociales, tan bestia y metaficcional como auténtico. “Utilizo la industria del porno como alegoría de la sociedad, se muestran las diferentes estructuras del poder y esas dinámicas laborales que son extrapolables a cualquier sector en ese sentido”. La distancia que toma la realizadora le sirve para exponer con mayor crudeza su denuncia, el cuerpo femenino sigue siendo un campo de batalla y explotación para el heteropatriarcado y los medios pese a la ilusión de emancipación que ofrecen las redes sociales. “Todavía estoy esperando que la mirada de una mujer heterosexual convierta al hombre en un objeto sexual, no hemos llegado ahí. El movimiento Me Too también ha tenido efectos en el mundo del porno, ha dado herramientas a las mujeres para defenderse y luchar contra la explotación de los cuerpos femeninos. Es un primer paso que se está dando, pero quedan muchos más. Seguimos siendo un reclamo prioritario en los medios, la mujer como objeto y su cuerpo como encarnación de la belleza y el arte”, concluye.

Fotograma de 'Pleasure' / KARMA FILMS

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