Lunes, 25 de Octubre de 2021

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Las Lemurias y otros cultos romanos

En la mitología romana, las larvae o lemures eran considerados unos espectros o espíritus de los muertos que habían vivido una vida miserable y vagaban para atormentar a los vivos

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Se considera que los lemures, a los que se representa a veces como esqueletos, erraban por los viñedos, pozos y estancias del hogar molestando a criados, niños y animales y propinando buenos sustos. Sin embargo, los lares, espíritus de los antepasados, eran considerados los protectores del hogar. El pater familia era el que oficiaba las ceremonias religiosas privadas y hacía las ofrendas en los lararios de las domus en su honor frente a toda la familia.

Pero el mayor miedo era a los lémures como espíritus vengativos que salían de sus tumbas en ciertos días para atormentar a sus familiares vivos y relacionaban su origen con Remo. El 9, 11 y 13 de mayo, eran los días en los que creían que los lémuresregresaban al mundo de los vivos y vagaban por las casas de sus familiares. Para conjurarlos se celebraba una gran fiesta pública además de una serie de ritos privados que tenían lugar en el seno de cada familia. Eran las Lemuralia.

Mientras que de la ceremonia oficial y pública no sabemos nada, sí conocemos parte de los ritos familiares gracias a la descripción que nos dejó en su obra “Fastos” el escritor latino Ovidio. Cuenta que cada una de las tres noches el pater familia se levantaba a la medianoche y, tras hacer una señal de protección de la higa (el puño cerrado con el pulgar sobresalido entre los dedos) y lavarse las manos con agua corriente, cogía nueve habas negras y las arrojaba a su espalda sin volver nunca la mirada atrás. Después de tirar cada una de ellas, debía repetir nueve veces seguidas: Yo arrojo estas habas, con ellas me salvo yo y los míos. Supuestamente, las habas eran recogidas por el espíritu quien, si quedaba satisfecho, se marchaba. El ritual es más extenso pero el objetivo era proteger a toda la familia hasta al año siguiente. Creían en la existencia de una vida en el más allá, en la presencia de fantasmas y en honrar a sus muertos. De hecho, algunos estudiosos consideran las Lemuralia antecedente de la fiesta cristiana del Día de Difuntos. Los romanos eran muy supersticiosos en todos los sentidos y prueba de ello es que esos días eran considerados “nefastos” durante los cuales los templos permanecían cerrados y tampoco se celebraban matrimonios. Y llevaban encima muchos amuletos (sobre todo fascinum).

Es una de tantas fiestas que practicaban en Roma, Mérida y en otras localidades del imperio romano, siempre en su afán de aplacar la ira de los espíritus y de los dioses para conseguir alejar el mal y atraer la buena fortuna. Por cierto, como curiosidad decir que los lemures, es decir, los primates de la isla de Madagascar, fueron llamados así por el naturalista sueco Linneo al ver que tenían hábitos nocturnos y emitían sonidos tremendos por la noche, inspirándose en esta parte de la mitología.

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