Martes, 30 de Noviembre de 2021

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Tres películas que merecen la pena y un documental maravilloso

En nuestras recomendaciones de la semana hay cine español, chino y sueco. Somos tan eclécticos como 'The Velvet Underground', la banda a la que homenajea Todd Haynes en un documental

Las películas de la semana

Las películas de la semana / Cadena SER

Siguen llegando blockbuster a la cartelera, pero esta semana nos quedamos con el cine de autor. El gran estreno de la semana es español, y muy español, ‘El buen patrón’, la película que vuelve a reunir a Fernando León de Aranoa y Javier Bardem 20 años después de ‘Los lunes al sol’. Además, hay un precioso homenaje al cine del maestro chino Zhang Yimou, un retrato crudo de la industria del porno, un documental musical y un reestreno muy especial. 

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El buen patrón

El cine de Fernando León de Aranoa permite trazar un camino histórico de lo que ha sido la evolución de las condiciones de trabajo de la clase obrera. Desde Barrio hasta El buen patrón, en sus películas hay un reflejo de cómo se trabaja, de cómo se vive y de cómo se sufre con resignación y humor en la sociedad española de las últimas décadas.

El chaval que repartía pizzas andando y en el metro de Barrio puede leerse ahora como una avanzadilla de la perversión que supone la concepción de los repartidores de Deliveroo o Amazon o cualquier plataforma de las mal llamadas “colaborativas”. El desastre que sufre un grupo de trabajadores de astilleros en Los lunes al sol, era en realidad un aviso de lo que podría suponer demonizar la figura del obrero o del sindicalista. En El buen patrón lo que vemos es a una clase trabajadora superviviente, que debe obediencia al jefe, al patrón, que no está unida, ni quiere estarlo. Cuando hay un despido, el trabajo está solo, acampado enfrente de la fábrica, jodiendo las vistas a los jefes y haciéndose sentir mal a los excompañeros. Y vemos a un jefe mediocre, caciquil y muy, muy real. Tanto que da risa y miedo a la vez.

Por eso la comedia negra es el tono perfecto para reflejar los modos y costumbres de un tipismo muy español, y mucho español: el empresario hecho a sí mismo. O más bien, el empresario que cree que se ha hecho a sí mismo. Nadie como Javier Bardem para bordar a ese espécimen que abunda por pueblos y provincias de la España, la llena y la vaciada. Lo que hace Bardem es una auténtica barbaridad interpretativa, modula la voz, hasta acercarse a un ligero tartamudeo, domina el cuerpo -¡cómo coge el jamón!- y hace que veamos a ese hombre casado, para quien la familia es lo más importante aunque pase absolutamente de ella. Un tipo con poder, que puede llamar al periódico local, al alcalde y al policía del pueblo. Un jefe “amigo”, ese que cree que trata bien a sus trabajadores porque usa un lenguaje cercano. Bromeaban actor y director con que este empresario podría ser un reverso de Santa, papel de parado carismático que le dio el Goya a Bardem por Los lunes al sol.

El buen patrón muestra además algo perverso, cómo el sistema capitalista se apropia de cualquier movimiento contestatario. Casi le está diciendo a Foucault que cuidado, que lo del contrapoder está muy bien, pero el contrapoder se agota, como se agotó la fuerza revolucionaria del Che cuando su cara se imprimió a granel en camisetas, bolsos y tazas. Si está bien visto contratar mujeres, allí estará este patrón. Si está bien visto tener trabajadores racionalizados, él será el primero en hacerlo… Y así con todo.

El cine de Aranoa tiene mirada humanista y social, Princesas, Amador, Un día perfecto lo corroboran. Sin embargo, desde su debut con la maravillosa Familia, el cineasta madrileño no había sacado el colmillo afilado de la sátira. Dice que era imposible plantearse este retrato de las relaciones laborales desde otra perspectiva. Un humor en su justa medida. No hay carcajadas, salvo en escena de la cena con amigos, donde todos los tópicos de la derecha y de una parte del centro izquierda, salen a relucir. La falsa idea de meritocracia, el que a un empresario no le gusta despedir o, el tópico de los tópicos, las subvenciones al cine español.

La excelente decisión de no ubicar la película en ninguna ciudad concreta, con un trabajo de arte que ahonda en esa indefinición, crea el clima de provincias perfecto. Que nos permite ver, además, el machismo enquistado en todas las clases sociales representadas, los despidos recuerdan al cine de Ken Loach, a quien si seguimos desde sus inicias hasta sus últimos filmes, también descubrimos los cambios que neoliberalismo de Thatcher y Reagan han ejercido en todos nosotros. Si hay una película de la que bebe El buen patrón esa es Recursos humanos, del director francés, Laurent Cantent. Con un tono más serio y naturalista, Cantet diseccionaba a la clase obrera y al mundo de la empresa a través de un padre y un hijo trabajadores de una fábrica que iba a ejecutar varios despidos. La caza, la balanza, el puticlub o esa verja de la fábrica Balanzas Blanco que emula, con distancia y humor, a la verja del patrón de los patrones, Hearst, en Ciudadano Kane.

Pleasure

La pornografía y la prostitución son dos de los asuntos que más dividen a la nueva ola feminista del siglo XXI ¿Puede existir un porno feminista? ¿Es posible la prostitución libre? ¿Dónde empieza y acaba la voluntad de la mujer? Son preguntas que sobrevuelan el debate social y teórico de los últimos años sin un punto de encuentro entre las diferentes corrientes. El audiovisual se ha acercado a estas nuevas miradas en busca de nuevas representaciones más que de respuestas. Lo han hecho, por ejemplo, la serie ‘The Deuce’, sobre el origen del millonario negocio de los vídeos sexuales en los 70, o ‘Adult Material’, retratando la dificultad para emanciparse de ese entorno.

En un universo cuya producción y consumo están al servicio del patriarcado, la joven directora sueca Ninja Thyberg sorprende con un descarnado y distante relato de las bambalinas del mundo del porno en Los Ángeles. Descarnado por la violencia intrínseca que sufren las mujeres y distante porque se afana en no victimizar a sus personajes. En ‘Pleasure’ ofrece un complejo retrato del cine dentro del cine, del porno dentro del porno. “Siempre he estado interesada en los roles de género y las imágenes mediáticas, y qué efectos tienen en la construcción de las identidades. Desde que empecé a hacer películas he estado explorando la mirada masculina, la perspectiva masculina en películas, y en el porno está en toda su esencia. Es un buen lugar para contar esta historia donde la protagonista tiene que enfrentarse con esa mirada. Nunca se había hecho desde este lugar”, explica sobre su ópera prima en conversación con la Cadena SER.

En 2013 la realizadora ya se interesó por este tema en un corto del mismo nombre y un año más tarde se desplazó a Los Ángeles para profundizar y documentarse a pie de campo sobre las dinámicas de una industria tan opaca y corrupta. “Un amigo me presentó a una persona que trabajaba en este mundo. Él me fue introduciendo, fui conociendo a otras, otras y otras, paso a paso fui teniendo cada vez más acceso. Siempre he sido honesta con mis intenciones, con todas las cosas que quería conocer y aprender, yo misma quería poner en duda muchos de los prejuicios que tenía. Esa honestidad la percibieron. Con el tiempo, hice amigos y empecé casi a pertenecer a esa comunidad, fue un proceso bastante natural. Todos los actores, excepto Sofía Kappel, pertenecen a la industria del porno, me han apoyado y han querido ayudarme en todo momento. Incluso hay personas trabajando detrás de las cámaras que son de ese mundo y ellos mismos son conscientes y conocen los problemas”.

La debutante Sofía Kappel encabeza el reparto con una interpretación portentosa y escurridiza. Es ingenua y ambiciosa, fría y furiosa, calculadora y frágil. Todo a la vez sin caer en el clásico cuento de juguete roto. Da vida a Jessica, una joven sueca de 19 años que llega a Estados Unidos con la intención de convertirse en la próxima gran estrella del porno. En su camino, Bella Cherry, el nombre artístico que adopta, se enfrenta a un sistema patriarcal jerarquizado donde las mujeres compiten -aunque hay espacios para la sororidad- y los hombres observan y mandan desde sus cómodos puestos de poder. “Al principio de la película, determinados personajes masculinos y las chicas que conviven con Bella la están ayudando, no compiten con ella y le advierten de los riesgos. Pero ella traiciona eso en su propio viaje personal, no representa mi punto de vista ni lo que hacen todas las mujeres en el mundo del porno. En cierto modo, esa parte tiene más que ver con una crítica al sueño americano, al hecho de que si quieres llegar a la cima y tener mucho éxito, tienes que pasar por encima de otras personas. Y al mismo tiempo es una crítica al capitalismo”.

Thyberg representa todas las fantasías y peajes que exige ese entorno laboral y demanda el potencial público. Muestra todo lo que hay detrás de las representaciones y categorías creadas sobre la mujer y el sexo en el porno. De la colegiala inocente que se enfrenta a su primera vez a tríos, sexo con violencia, simulación de violaciones… La brutalidad con el cuerpo de la mujer crece al ritmo de la ambición de la protagonista. Llegar a la cima implica todo tipo de prácticas -y aquí está el cambio en la mirada- que afronta con algunas dudas y mucha determinación. “La película muestra en muchos momentos todo aquello que tiene que esconder el cuerpo de la mujer, o la propia mujer, para cumplir con las fantasías de los hombres. Quería mostrar los otros ángulos de rodar imágenes porno. La crueldad es algo importante en ese mundo, pero no quería mostrarlo de una manera triste o sucia, no quería victimizar al personaje. Desde el punto de vista de la protagonista, es un mundo de color rosa, con muchos brillantes, y al mismo tiempo crudo”, defiende la directora sobre el estilo de la película, descarnado y sin concesiones, pero lleno de colores de ese falso glamour.

En tiempos de feminismo, Thyberg huye de una propuesta militante o moralizante, opta más bien por un completo examen sobre las relaciones laborales y las clases sociales, tan bestia y metaficcional como auténtico. “Utilizo la industria del porno como alegoría de la sociedad, se muestran las diferentes estructuras del poder y esas dinámicas laborales que son extrapolables a cualquier sector en ese sentido”. La distancia que toma la realizadora le sirve para exponer con mayor crudeza su denuncia, el cuerpo femenino sigue siendo un campo de batalla y explotación para el heteropatriarcado y los medios pese a la ilusión de emancipación que ofrecen las redes sociales. “Todavía estoy esperando que la mirada de una mujer heterosexual convierta al hombre en un objeto sexual, no hemos llegado ahí. El movimiento Me Too también ha tenido efectos en el mundo del porno, ha dado herramientas a las mujeres para defenderse y luchar contra la explotación de los cuerpos femeninos. Es un primer paso que se está dando, pero quedan muchos más. Seguimos siendo un reclamo prioritario en los medios, la mujer como objeto y su cuerpo como encarnación de la belleza y el arte”, concluye.

Un segundo

Dos personas se cruzan en un escenario desértico. Ambos huyen y a la vez se persiguen mutuamente para hacerse con el mismo objeto: una película que se va a proyectar en el rudimentario cine de un pueblo de la China rural. Así arranca, a modo de road movie, 'Un segundo', la última película del veterano Zhang Yimou, que en esta ocasión, firma una carta de amor al séptimo arte, ambientada en el contexto de la Revolución Cultural del país.

'Un segundo' fue seleccionada como pieza de apertura en la última edición del Festival de San Sebastián. Sin embargo, su estreno estaba previsto para la edición de la Berlinale de 2019, hasta que las autoridades chinas ordenaron su retirada, alegando razones de tipo técnico. Después de estos dos años en el baúl, la cinta ha conseguido ver la luz en Donosti y llegar en pleno otoño a las salas españolas.

Los dos protagonistas de esta historia están marcados por la pérdida, ella es una joven huérfana a cargo de su hermano pequeño y él es un convicto que ha logrado escapar de los campos de trabajo, pero además, es un padre que desea ver a su hija en el noticiario que precede a la película, un equivalente al NO-DO español.

En medio de esa lucha por conservar el celuloide, los dos acaban en una pequeña aldea, en la que Don Películas, alguien que nos hace recordar a aquel Alfredo de Cinema Paradiso, se encarga de contagiar su amor por el cine al resto de los habitantes.

Es aquí donde contemplamos el cuidado de este proyeccionista al cine, no solo como un medio de masas o una forma de entretenimiento y de arte, sino como objeto en sí mismo. Tras toparse con una cinta completamente sucia y descuidada, Don Películas se encarga de reunir a las suficientes personas para comenzar a limpiar, fotograma por fotograma, la película.

En ‘Un segundo’, Zhang Yimou elabora una crítica al régimen de Mao, plantea una especie de relación paternofilial entre los personajes, pero sobre todo, ofrece un gran espacio para contemplar la pantalla, para adentrarse en su fantástica y personal oda al cine.

The Velvet Underground (en Apple TV+)

La banda neoyorquina The Velvet Underground quiso romper todas las convenciones de la música, del arte y de la sociedad. De ahí que no hicieran promoción como el resto de grupos del momento. Eso es lo que más ha complicado la vida al director Todd Haynes para levantar un documental sobre el emblemático grupo formado por Lou Reed y John CaleThe Velvet Underground es un magnífico panóptico de lo que fue ese grupo musical y de toda la escena neoyorquina de los años sesenta. Andy Warhol, Jasper Jones, Jonas MeKas... todos estaban en el mismo barco y todos crearon uno de los contextos artísticos más interesantes e influyentes de las últimas décadas.

"Laurie Anderson, la compañera de Lou Reed, dejó mucho material en la biblioteca de Nueva York y eso me dio la oportunidad de acceder al material, luego ella aceptó que fuera yo el director y nos pusimos a trabajar a principios de 2020. Entonces llegó la pandemia y eso nos dio tiempo a revisar todo el material y ordenar lo que queríamos y hacer encuentros por zoom entre el equipo", explicaba el director en la rueda de prensa.

El poco material de conciertos y de escenas públicas de la banda, Haynes lo cambia por una concepción visual cercana al pop art y a la cultura de la época. Hay entrevistas, pantallas partidas, grabaciones privadas de Andy Warhol, fotografías y fragmentos de películas independientes de la época y de performance o hapenings a los que acudían. "Es una pena que ese cine no se vea ahora, de alguna manera yo he querido que eso esté y que el público lo recupere".

"La banda, de una manera consciente, tenía claro que no quería promocionar, que no quería hacer lo que otros grupos. De ahí que no haya mucho material de ellos. Lo maravilloso es que lo encontramos en otras disciplinas, en el cine, el arte, los hapenings, y la cultura multimedia. Eso era la vida cultural de Nueva York y eso ha sido una oportunidad para nosotros por poder contar la historia usando ese material", añadía Haynes.

Eran los años de la generación beat, la lucha por los derechos civiles y la experimentación a todos los niveles. El neoyorquino barrio de Greenwich Village se convirtió en el refugio de músicos experimentales, directores de cine "underground" y poetas transgresores que desafiaban el consumismo y las convenciones sociales que encarnaba la América oficial. Todos pasaban por The Factory, bajo la atenta mirada de Warhol, que produjo e introdujo en el mundo artístico a este grupo musical, y hasta firmó la portada del disco de la banana.

"Había mucha gente rodando películas en aquel momento y se cambiaban imágenes y material. Por eso hemos podido mostrar la historia de otra manera, Mostar la historia de un momento cultura". explicaba. Y es que de eso trata The Velvet Underground, no de explicar la música de la banda o la relación entre Lou Reed y John Cale, de amor odio; sino de explicar un momento, un espíritu, un sentimiento.

"Ellos rechaban cualquier movimiento político, a diferencia de los hippies en la costa este", dice Haynes. Ese contraste, entre Los Ángeles y Nueva York es uno de los tramos más divertidos del documental. "Sin embargo, eran políticos a su manera. Eran abiertos a todas las identidades, era casi una política freudiana, y eso me sigue emocionando".

Para un director que ha ganado La Palma Queer en Cannes y que ha abordado en muchas de sus películas la homosexualidad, aquí también se interesa por esa condición abierta y libre de estos artistas. Antes de triunfar, cuenta el documental, lo atormentado que estaba Lou Reed, un estudiante de literatura inadaptado y con hambre de rock and roll, que había sido sometido a terapia de electrochoque por sus padres para "curar" sus tendencias homosexuales y su apetito por los estupefacientes.

Haynes es uno de los directores con una mirada más personal en el cine independiente americano. Amante de la música, ya habló del movimiento Glam, de David Bowie e Iggy Pop en Velvet Goldmine, película que estuvo ya en Cannes. Después firmó uno de los mejores documentales musicales sobre Bob Dylan en I'm not there, donde al cantautor americano y Premio Nobel lo interpretaban un sinfín de actores, entre ellos Cate Blanchett. En The Velvet Underground, el director de Carol o Lejos del cielo, quería que la imagen y la música fueran un todo.

"Antes de empezar me pregunté qué tenía de visual, qué tenía de estilístico. Lo hice con Dylan, una película sobre él debía ser múltiple, de ahí que hubiera muchos actores para mostrar cada momento. En este caso, lo que he intentado es mostrar mis sentimientos sobre esa música".

*Bonus: el reestreno de 'El día de la bestia'

La película de Álex de la Iglesia vuelve 26 años después a los cines. La cinta que anticipaba que al anticristo iba a nacer en Madrid es una de las obras fundamentales del cine español y del cine de género, con influencia en numerosas obras posteriores. 

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