Sábado, 04 de Diciembre de 2021

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Jonás Trueba y el arte de escuchar a los jóvenes

"Es una película con jóvenes que habla de temas que nos tienen que interesar a cualquier edad. Trata de la vida, de cómo estar en el mundo o construir una identidad, de cómo estar solo o con amigos, de cómo es enamorarse. Me gusta pensar que es una película existencialista", defiende el director de 'Quién lo impide', su testimonio de la juventud española

Jonás Trueba estrena 'Quién lo impide'

Jonás Trueba estrena 'Quién lo impide' / Cezaro De Luca/Europa Press via Getty Images

¿Cómo os gustaría ser representados en una película, en el cine en general? Esa es la pregunta que Jonás Trueba le hizo a un grupo de jóvenes en 2016. Algunos se sentían incomprendidos, otros admitían que eran un poco dramáticos. De esa idea han pasado cinco años, tiempo que el director ha dedicado a un proyecto experimental y colaborativo en el que ha ido conociendo a adolescentes, dentro y fuera de las aulas, con la única misión de escuchar y observar. Un proceso intuitivo e imprevisible, confiesa el propio realizador, con el que compone un testimonio apabullante y emocionante de la juventud española. De sus preocupaciones, sus sentimientos, sus vivencias, de su experiencia educativa, de sus relaciones de amistad y amor, de sus viajes de fin de curso, de sus pasiones y miedos...

Una propuesta que trasciende los géneros, la ficción y el documental, que empasta y juega con ellos, los deshace o los une a su antojo en más de 3 horas y media que son una celebración vitalista de la adolescencia, de la época que pone los cimientos de eso llamado identidad. La generación ‘Quién lo impide’ son los nacidos en 2000 o 2001, en pleno siglo XXI, los niños del desencanto que sufrieron en casa las consecuencias de la crisis de 2008, que asistieron al estallido político del 15-M y que ahora han visto cómo la pandemia paralizaba sus vidas. Trueba integra al principio y al final del metraje la nueva era Zoom para completar el juego de representación con estos jóvenes, a los que ha acompañado de la ESO y Bachillerato a su entrada en la Universidad.

Hay debates, entrevistas, escapadas, conversaciones sobre el amor y la soledad, sobre la frustración y la pasión, pero también sobre el acoso escolar, la homosexualidad y la política. Hay manifestaciones por la educación pública, una defensa de la diversidad y un espíritu rebelde que contagia y desmonta prejuicios de una generación hoy permanentemente señalada por el botellón o las redes sociales. El resultado es un relato que trasciende lo generacional para poner frente al espejo a muchas generaciones, para ponernos ante nuestro yo adolescente y pensar qué fue de él y qué hemos hecho. Temas universales que resuenan en esta experiencia inmersiva y revolucionaria. Revolucionaria porque, en tiempos de ruido y artificio, se fija en lo cotidiano e invita a la palabra, a la escucha, a volver a mirarnos, a sentir y observar el mundo como en esas primeras veces.

Visto en pantalla, se percibe que es un proyecto muy especial y bonito para ti como creador, ¿cómo ha sido este proceso de cinco años? ¿es tu propio ‘Boyhood’ de la adolescencia a lo Richard Linklater?

Linklater pasó muchos más años que yo en realidad -risas- Yo no soy tan atrevido como él y tampoco tenía esa vocación desde el principio de hacer una película así con el paso del tiempo. Lo que nos diferencia a nosotros es que ni siquiera teníamos claro que estábamos haciendo una película, nos permitíamos ese lujo, estar juntos filmando diferentes situaciones y momentos sin la obligación de hacer una película. Eso marca una diferencia. Cuando ha acabado siendo una película, es bastante más imprevisible. Hemos intentado que sea fiel a todo un proceso de cuatro o cinco años lleno de cambios, dudas, de disparos a diferentes sitios… La película es, por un lado, un juego de muñecas rusas, por otro una cosa más libre e intuitiva, no había cálculo alguno, ni siquiera con el tema del tiempo. Estoy contento de habernos atrevido, de que haya cobrado esta forma, ni yo mismo lo tenía nada claro. Ahora lo pienso y no sé si me atrevería a empezar algo así mañana.

¿Cómo te acercas a estos jóvenes y le propones esta especie de juego? He oído que un día podías llamarlos y proponerles grabar algo sin más

Es una película que tiene un planteamiento muy sencillo: hablando se entiende la gente. Era así, nosotros íbamos quedando, al principio empezamos un grupo de jóvenes muy pequeñito y pronto se fue ampliando, conociendo a más jóvenes, amigos de amigos, yo iba a institutos y me encontraba con otras personas y surgía un feeling. Ha sido un proceso muy vivo y abierto, he intentado no privarme de nada. Si de pronto me encontraba con un chaval que me hablaba de que le gustaría mostrar la soledad de su cuarto, pues le proponía ir a su cuarto y mostrarlo. Casi lo decía y lo hacíamos, jugábamos mucho a eso, como una película al dictado de lo que se nos pasaba por la cabeza.

¿Has hecho algo que tú echabas en falta de joven? La escucha

Sí, sí, puede ser. Está bien plantear eso. Yo creo que estos jóvenes demuestran que escuchan bien. A mí, por ejemplo, me sorprende cuando muchos de ellos, que ahora son mis amigos, me llaman y me preguntan cómo me va y que qué tal estoy. Me hacen preguntas y si interesan por cosas que incluso mis amigos de toda la vida se olvidan ya de hacerte esas preguntas. Muchos de ellos tienen esa capacidad y ese interés en los demás, eso es muy importante, tener esa capacidad de escucha. Yo no sé si la tuve, es una buena pregunta que ahora me hago. Probablemente no tuve toda la escucha que debería haber tenido, siempre está bien tenerla, pero es difícil y suele escasear. Los jóvenes escuchan más de lo que creemos y según nos vamos haciendo mayores escuchamos menos. No porque nos vayamos quedando sordos, sino porque nos vamos cerrando muchas veces a nosotros mismos, creemos que ya sabemos la lección, la vida… Empezamos a pensar así, a tener esa sensación y casi siempre es equivocada. Esa especie de cerrazón, esa cosa que vamos generando casi siempre. La película justo es un revulsivo contra eso, es una peli de escucha pura, de ponerme a escucharlos y exigirme eso, y entre ellos, mucho. Basta con juntar a unos pocos, ponerse a hablar, hay momentos de escucha muy bonitos, hay testimonios muy interesantes, pero a veces es casi más bonito la cara de escucha del que está al lado.

¿Es una película existencialista?

A mí me gusta pensarla así. Yo mismo me daba cuenta de que no era tanto una película sobre jóvenes, al principio empiezas a explicarla así y luego piensas que tú mismo la estás etiquetando mal o reduciéndola a una idea o estereotipo, ese de película de jóvenes. Es verdad que los protagonistas son jóvenes, pero en realidad estamos hablando de temas que nos tienen que interesar forzosamente a cualquier edad. Es fundamentalmente existencialista porque trata de la vida, de seres humanos, de cómo estar en el mundo, de cómo construir una identidad, de cómo estar solo o con amigos, de cómo es enamorarse. Son temas existencialistas.

Sí, hay una especie de efecto pantalla o espejo. Es una edad que te configura mucho y todos nos vemos, en mayor o medida, representados. Retomando lo de la escucha, ¿es un tópico pensar también que a los jóvenes no se les escucha e incluso se les criminaliza? Algunos se quejan de que no sienten que se valoren sus ideas, motivaciones, aunque, dicen, sean muy dramáticos…

La sociedad tiende, o tendemos, a etiquetarlos como hacemos con tantas otras cosas. Con el cine, con los géneros… Es etiquetar para quitarte un problema de encima, ya le he puesto una etiqueta y ya está. Eso es una tendencia social y cultural muy fuerte que afecta también a los jóvenes. Por eso, no me gustaría caer en el tópico de decir que no se escucha a los jóvenes y tal, sí se les escucha, pero quizás no de la manera adecuada, no se le dan los espacios de reflexión adecuados, las aulas incluso cada vez reservan menos espacio para escucharlos. La película es un intento por mi parte de generar un espacio privilegiado de escucha para ellos, donde se pueden mostrar y expresar tal y como son, como ellos me sugieren.

Son la generación post 15-M y ahora les ha tocado la crisis del Covid. Muchos le ponen la etiqueta de generación perdida, ¿son más la generación de la impotencia? Porque su compromiso sí se muestra en la película

Sí, tienen un compromiso y un deseo de trascender, de mejorar lo que van viendo que no está bien, se hacen preguntas de cosas que sienten que están mal hechas. Yo les veo con una energía de que sienten que podrían cambiar el mundo, seguramente luego no puedan hacerlo al completo, solo una parte, como pasa siempre en el choque con la realidad. La generación ‘Quién lo impide’ son los nacidos entre 2000 y 2001, puro siglo XXI. Cuando llega la anterior crisis, la de 2008, son muy pequeños, pero obviamente la sienten porque les afecta a sus padres, a sus familias, a la sociedad en la que viven… Y ahora, cuando le llega la mayoría de edad y un momento tan determinante en la vida, les sobreviene esta nueva crisis brutal. Evidentemente podríamos decir que han crecido entre dos crisis muy fuertes y a la vez han presenciado un resurgimiento de lo político bastante fuerte en nuestro país. Probablemente son una generación que ha crecido con la política mucho más cerca que la mía. En los 90 la política estaba más dormida que lo que ha estado en los últimos años, pero mi generación es la del 15-M de alguna manera, seguramente fue un revulsivo al haber estado más dormidos. Veremos si ellos que han crecido con una sociedad más politizada van a tender a domar o tranquilizar eso. No lo sé, son preguntas que me hago.

Tú como adolescente, ¿eras más Candela o Pablo? -dos de los jóvenes de la película, ella impetuosa, decidida y abierta, él, reservado, más ausente y parco-

-Risas- Está bien planteado y preguntárselo. Me identifico mucho con los dos, son muy distintos, y probablemente me he fijado en ellos porque contienen cosas mías. Me hubiera encantado ser amigo de ellos de adolescente, no sé si soy uno u otro. Me identifico mucho con la timidez de Pablo, pero también con la energía o capacidad de Candela para reflexionar. Ya me gustaría a mí tener esa capacidad.

El juego de realidad y ficción, de improvisación y guion, ¿también fue surgiendo sobre la marcha o fue algo más planificado? La película va desmontando el artificio

Hemos intentado que el montaje de la película sea lo más fiel posible al proceso de la peli. Que sea lo más transparente posible, que no oculte sus cartas de tal forma que se evidencia claramente qué es más realidad y lo que puede estar más cerca de la ficción, aunque muchas veces se confunden. Hay una raíz documental muy fuerte que es evidente y que está todo el rato, pero luego hay otras capas que se van sumando que tienen más que ver con la invención, con la hipótesis, con la posibilidad, con la especulación de lo que podría ser y no es exactamente así ¿Por qué no va a ser eso también realidad? Es esa cosa que decía Jean Rouge tan bonita de ‘no estamos retratando la realidad, sino que estamos generando una nueva realidad’. En esa realidad de la película caben muchas cosas que viene de la realidad real del ellos y otras de la realidad de la película.

¿Es la película menos Jonás Trueba de Jonás Trueba?

Tú me dirás -risas-. Uf, la siento muy mía esta película, como todas. Y, además, he podido volver a una esencia, coger la cámara yo mismo en el 95% de la peli, eso me ha conectado mucho casi como cuando empezaba a hacer cortos con una Hi8 de adolescente. He sentido una conexión tan fuerte con todos ellos, con toda esa época, que la siento muy cercana. Sí es la película donde yo me he puesto más al servicio de los personajes o de las personas que aparecen en ella que quizás las otras, donde el cuerpo era más definido por mí de antemano.

¿El proceso ha sido totalmente intuitivo? ¿Este joven me interesa, ese otro menos? ¿O has buscado perfiles?

De verdad que sí, ha sido un proceso intuitivo, casi de selección natural. Se ve en la peli. Un chaval empezaba a hablar y claramente, de pronto, se generaba una energía con él y yo intentaba prolongar esa energía. Tenía claro que no quería hacer una película sobre jóvenes a nivel sociológico o antropológico, o a partir de un tema escoger a un tipo de joven, intenté evitar eso, es más una cuestión de azar, de jóvenes con los que me he ido entendiendo y con los que he tenido la suerte de cruzarme, pero sin una idea o búsqueda concreta de antemano. Diría que lo que mejor explica la película es esta cuestión de la intuición.

Después de haber escuchado a estos jóvenes durante cinco años, de la ESO al Bachillerato, ahora ya muchos de ellos están en la universidad, ¿sacas alguna conclusión de la situación de la educación pública en España?

Sí saco conclusiones. He tenido la oportunidad estos años de trabajar también en muchos talleres en secundaria, en clases de 4º de ESO y 1º de Bachillerato. Conozco bastante desde dentro cómo está educación y tengo mis ideas, veo los muchos problemas y las cosas buenas que tiene. La película no saca conclusiones ni dictamina, la educación está mal o bien, pero sí puedes intuir, porque ellos mismos lo explican, ciertos problemas que arrastramos casi desde siempre. Desde el 75, desde la Constitución, no hemos sido capaces de crear una ley de educación que genere un consenso social y parlamentario. Es bastante grave eso.

Siendo un proyecto tan particular, siendo también el testimonio de un tiempo, ¿qué importancia le das al recorrido comercial de la película? ¿O es una película que quizás su sitio esté más en los institutos?

Me gustaría mucho animar a jóvenes y a profesores de instituto a ver la película, a percibirla como un valor, una posibilidad, de arrastrar sus clases a la sala de cine, a tener una experiencia cinematográfica fuerte que les sirva para prolongarla en el aula, para pensar la vida, generar debate… Eso me encantaría, me haría ilusión. Soy consciente de que es una película difícil de distribuir comercialmente, que va a tener una vida comercial muy pequeña, pero seguramente apostaremos por eventualizar las proyecciones en contextos y espacios determinados.

 

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