Viernes, 03 de Diciembre de 2021

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Lo que debía ser una celebración se convirtió en una batalla partidista

El PP fue incapaz de reconocer lo obvio y aprovechó la efeméride para embarrar el debate parlamentario

No hay en este país ni un solo tema, ni uno solo, que pueda quedarse al margen de la polarización política. Ni siquiera celebrar que en diez años no ha habido ni un solo muerto más

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Ayer fue un día de intensas emociones, de recordar y de escuchar testimonios que nos volvieron a situar ante la realidad de mucha gente hace diez años. La vida marcada por el miedo de aquellos que temían ser asesinados, la vida marcada por el miedo ante la posibilidad de que ETA matara a su marido, a su mujer o a su hijo, la vida marcada por la ausencia del asesinado. Ayer volvimos a recordar cómo era todo eso hace diez años y el alivio, la alegría e incluso el vacío que sentimos cuando la banda terrorista anunció el cese de la violencia.

Ayer nos dedicamos a mirar con perspectiva estos diez años transcurridos y la conclusión es que estamos infinitamente mejor. Y lo estamos por algo tan sencillo que hace diez años nos costaba imaginar, y es que no ha habido ni un solo asesinado por ETA más. Este hecho objetivo y obvio hay que remarcarlo todavía con insistencia para contrarrestar el discurso de aquellos que siguen hablando de la banda terrorista como si todavía empuñara las armas.

ETA ya no existe, ETA no mata aunque queda camino todavía por recorrer, asuntos por resolver, para restañar las heridas. Y es evidente, también, que cada víctima vive el perdón, el rencor, el odio o la indiferencia a su manera, es su derecho y debería ser su intimidad.

Y ante este escenario, lo que resulta incomprensible es el enfrentamiento político, cuyo origen es algo que buena parte de la sociedad ha dado por superado, aunque, evidentemente y afortunadamente también, no por olvidado.

La batalla partidista se lleva por delante cualquier posibilidad de acuerdo, incluso para consensuar una declaración institucional para conmemorar el fin de la violencia de ETA.

Lo que debía ser una celebración se convirtió de nuevo en una batalla partidista con un PP incapaz de reconocer lo obvio y aprovechando la efeméride para embarrar el debate parlamentario.

No hay en este país ni un solo tema, ni uno solo, que pueda quedarse al margen de la polarización política. Nada, ni siquiera celebrar que en 10 años no ha habido ni un solo muerto más.

Ayer fue uno de esos días en los que la sociedad demostró la madurez que no encontramos en algunos sectores de la política. Afortunadamente, la jornada se llenó de las voces de los testimonios de esa sociedad mientras otros se dedicaban a agitar unos fantasmas que desaparecieron hace una década.

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