Viernes, 03 de Diciembre de 2021

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La mujer real detrás de La asistenta, el fenómeno de Netflix

Stephanie Land escribió 'La criada' un ensayo en el que relataba su experiencia como trabajadora doméstica, madre soltera y víctima violencia de género y las trabas y obstáculos que le puso el país más desarrollado del mundo

La escritora Stephanie Land.

La escritora Stephanie Land. / Cadena SER

Hay para quien el retrato de la pobreza y la exclusión es aburrido, malrollero, cansino y, este es el último adjetivo aparecido al respecto, poco realista. En la ficción es habitual que el retrato de la clase obrera lo realicen directores que han estudiado en buenas universidades y que han vivido y crecido en el seno de una familia burguesa. Es lo que tiene que los medios de producción de la industria cultural estén, en su inmensa mayoría, en manos de la burguesía. Por eso cuando alguien cuenta su relato desde la zona cero de la pobreza y la exclusión es tan celebrado.

Es lo que ocurrió a Stephanie Land, una chica universitaria que tuvo que dejarlo todo y ponerse a trabajar limpiando casas, o lo que fuera. La clase obrera no tiene derecho a fallar. Lo supo entonces y lo sabe ahora. Es el hilo conductor de La criada, un ensayo que publica Capitan Swing y que Netflix ha convertido en serie, una de las más vistas por detrás, eso sí, del Juego del Calamar.

Producida por la actriz Margot Robbie, La Asistenta narra la historia real de la escritora, quien decidió escribir en un blog el infierno vivido junto a su expareja, maltratador, así como sus esfuerzos por sacar adelante a sus hijos. El New York Times publicó su historia y ahora ha llegado a millones de hogares en todo el mundo gracias a este personaje de madre soltera abandonada por el sistema que interpreta la actriz Margaret Qually.

¿Qué supone ver tu historia en una serie de televisión con tanto éxito en Netflix?

No sé cómo me siento, la verdad. Depende un poco del día y lo que vea en las noticias. Ayer me enteré que 67 millones de personas han visto esta serie y eso me alucina. Trato de disociarme de la actriz, de la serie, porque creo que el personaje es diferente de mí y eso ayuda un poco a verlo todo desde fuera.

La serie ha puesto en el centro cómo escondemos la pobreza y todo lo que conlleva...

Absolutamente. Me gusta que la gente hable de pobreza, porque normalmente ni usamos esa palabra. Es un grupo de gente invisible, especialmente las mujeres que limpian casas. Creo que es muy importante no solo hacer visible la cantidad de gente que trata de sobrevivir, sino también mostrar los abusos laborales que padecen y de los que no pueden escapar.

Algo que haces en el ensayo, y que también vemos en la serie, son la cantidad de obstáculos que tiene una madre soltera para trabajar y cuidar a sus hijos, ¿cómo son esos obstáculos?

Aquí en Estados Unidos nos fuerzan a contabilizar las horas de trabajo. 20 horas al día para poder recibir cualquier ayuda y para mantener el cuidado de los niños necesitas un trabajo, pero también tiempo para cuidarlo. Cuando empecé trataba de tener a una niñera, que era otra madre soltera, porque era la única manera de poder trabajar y a la vez conciliar con un niño solo.

¿Han cambiado las cosas en Estados Unidos o la situación para estas mujeres sigue siendo difícil?

Creo que ha mejorado un poco. Biden ha actualizado lo que llamamos costes nutricionales, y el programa de alimentos, que da 30 dólares al mes por persona, lo que supone un dolor al día. Es lo mínimo y es imposible sobrevivir así. Es bastante imposible, porque tienes que pensar que esa comida hay que cocinarla y la gente muchas veces no tiene ni un sitio donde hacerlo, ni tiempo, porque tiene que trabajar más horas que el resto para poder sobrevivir.

Una de las claves del ensayo es ahondar en la imagen de las personas sin recursos, que muchas veces llevan el estereotipo a cuestas de "perezosos", ¿es difícil de cambiar?

En Estados Unidos, el salario mínimo está en 7 dólares por hora. En muchos estados necesitas a veces dos vete eso para poder permitirte un apartamento donde dormir, por no hablar de la electricidad, la comida, el coche y otras necesidades… Una madre soltera, tiene que trabajar 100 horas al día para poder lograr el dinero necesario. Decir que esa gente es perezosa es muy fuerte, porque no dejan de trabajar, los siete días de la semana. Es que trabajan todo el tiempo para poder sobrevivir y salir adelante. Ni siquiera pueden permitirse vivir con su familia.

No sé si tu historia pone en duda el mito del Sueño Americano o muestra las entretelas del neocapitalismo...

América siempre ha vivido sobre ese mito de que si trabajas duro, lo consigues todo. Lo que está ocurriendo es que lo que pensamos es que si no lo has conseguido es que no has hecho demasiado. Eso no es cierto. Hay gente que tiene una vida privilegiada desde que nace, tienen colegios caros pagados, no tienen que preocuparse de nada y si pasa algo, pueden soportar ese golpe. Luego hay otra gente que no tiene nada a qué agarrarse, que no puede permitirse fallar. Y han nacido en el mismo lugar, ¿cómo puede ocurrir esto? Es imposible sostener el mito así.

Un tema importante que destacas son los abusos psicológicos y la falta de credibilidad que tienen las víctimas, ¿qué debemos hacer para cambiar esto?

Necesitamos empezar a creer a las mujeres, lo primero, sobre todo cuando dicen que algo está ocurriendo y no hacerles luz de gas o decirles que ese abuso no es real. Hay un momento en que crees que estás loca, que nadie te cree y tú misma duras de ti, de lo inteligente que eres, de que se está yendo la cabeza. Y luego llega la violencia física. Al final las víctimas están solas, débiles y no tienen donde ir. Creo que es más difícil de detectar que el abuso físico, porque se ve. Y a veces hay que recordar que aunque no haya marcas, sigue habiendo violencia. Yo recuerdo el juez cuando me dijo que si no me había amenazado directamente, cómo le acusaba. Me sentí tan mal, tan deprimida, porque todos decían que era un buen tipo, que no se veía capaz de hacer eso. Es muy peligroso no creer a una mujer que está pidiendo ayuda.

Ahora que el éxito y la proyección de tu historia son globales, ¿Qué te gustaría que quedara en la gente que ve la serie o lee el libro?

Creo que lo más importante es que vean que la gente pobre trabaja muchísimo y muy duro. Que los padres y madres solteros pueden cuidar a los niños, pero necesitan al sistema y hay que eliminar los estigmas sobre ellos, sobre todo sobre las madres solteras de clase obrera. Parece muchas veces que no quieran a los niños o que no los cuiden bien, es simplemente que el sistema va contra ellos.

¿Cómo ha cambiado tu vida en estos últimos años? ¿Lo has asimilado?

Ha sido un cambio enorme. No sé si voy a ser capaz algún día de procesarlo. Es raro venir de ser la persona que limpiaba los baños a tener amigos que contratan a gente para que se los limpie. Yo trato de mantener el contacto con esa comunidad que tanto me ayudó y que me conocen muchísimo y mantenerme al margen de cosas que me recuerdan los días en los que necesitaba tanto y me gusta recordarle a mis hijos de dónde venimos, sobre todo cuando vamos a comprar.

Estoy escribiendo un libro sobre las barreras de la clase obrera cuando quieren acceder a la universidad. Lo difícil que es. Creo que también estará mi propia historia y la de otra gente que he conocido.

 

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