Domingo, 28 de Noviembre de 2021

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Carlos Gil, premio a mejor tesis doctoral: "La meritocracia reproduce las desigualdades de la sociedad"

El investigador sevillano Carlos Gil se ha asomado a la Ventana para hablar de su tesis doctoral, premiada como la mejor del año por el Consorcio Europeo de Investigaciones Sociológicas, en la que rechaza el concepto de meritocracia como herramienta efectiva de ascensión social

La meritocracia no funciona y tan solo consigue que se reproduzcan las desigualdades que ya existen en nuestra sociedad. Es lo que expone la tesis doctoral de Carlos Gil, que acaba de ser premiada como la mejor del año por el Consorcio Europeo de Investigaciones Sociológicas. El investigador ha pasado por La Ventana para explicar a fondo su trabajo, de título 'Rompiendo la meritocracia desde la puerta de salida: Desigualdad social en la formación de habilidades y la elección de escuela'.

“El argumento central que propone mi tesis”, explica Gil, “es cómo las clases más aventajadas rompen la idea meritocrática de que es la habilidad y el esfuerzo lo que explica nuestra posición en la sociedad".

En el sistema educativo, asegura, las propias habilidades que condicionan el éxito se fomentan de forma diferente según las circunstancias en las que haya vivido el alumno: “La habilidad cognitiva y el esfuerzo dependen en gran medida de la familia en la que naces y circunstancias que no eliges, incluso el esfuerzo, que se piensa que es algo vinculado a tu responsabilidad individual, se ve que también depende de tu familia, tus elecciones dependen también de tus circunstancias materiales y de los recursos que tienes”.

El suelo de cristal

Gil se centra también en un tema “en el que las investigaciones previas o el discurso público no han puesto tanto énfasis”, como es la siguiente consideración: “¿Qué pasa con los que vienen de arriba y tienen una habilidad baja o no se esfuerzan tanto? ¿Realmente bajan en la escala social?”

La realidad, según cita el investigador, es que “solo en torno al 10% de aquellos que nacen en familias más aventajadas baja en la escala social”.

“Por eso digo que se rompe la meritocracia, porque hay una especie de suelo de cristal en el que por muy mal que les vaya o por muy baja habilidad que tengan, los hijos de las clases aventajadas no bajan”, concluye.

Margaret Thatcher, Adolfo Suárez y el sueño americano

Tanto en España como en el extranjero se dan casos de personas que, viniendo de una clase social menos aventajada, logran acceder a puestos de poder muy altos, como es el caso de Margaret Thatcher, primera ministra británica de 1979 a 1990, y Adolfo Suárez, presidente del Gobierno de España entre 1976 y 1981.

Para Gil, el problema reside en que “estos ejemplos se magnifican, y no son representativos de lo que luego en términos estadísticos sucede en realidad en la sociedad”.

Lo relaciona con la idea del sueño americano, que como decía el cómico estadounidense George Carlin: “Se llama sueño porque hay que estar dormido para creérselo”. “Este cliché del sueño americano de que da igual de dónde vengas, que lo puedes conseguir con tu esfuerzo, eso es la minoría de los casos, ocurre en muy pocas ocasiones y es una falacia generalizar esos casos de éxito particulares”, opina.

La casilla de salida no está a la misma altura para todos

La idea de la meritocracia como herramienta para la ascensión social propone que con esfuerzo, dedicación y las suficientes habilidades, es posible subir en la escala social y pasar de ser una persona que proviene de una familia o entorno de clase baja a tener un mayor capital, tanto económico como social y cultural, para terminar formando parte de las clases altas.

El fallo en este planteamiento para Carlos Gil está en la base que se necesitaría para que el concepto de la meritocracia funcionase en nuestra sociedad: la igualdad de oportunidades. “Es muy difícil llegar a la igualdad de oportunidades con las políticas públicas, porque después siempre hay estrategias de las clases altas para sobrepasar el sistema educativo o el mercado de trabajo y reproducir su estatus a través de otros canales, como por ejemplo a través de la transmisión de riqueza”, explica.

No podemos, sin embargo, descartar totalmente la idea de la meritocracia: “No digo que la sociedad, el sistema educativo o de trabajo no se tenga que regir por criterios meritocráticos, evidentemente, tiene que haber algún tipo de evaluación lo más objetiva posible para la selección tanto en la educación como en el mercado de trabajo”.

“Yo lo que critico es que hay un discurso que se ha implantado en los últimos años que hace énfasis en la responsabilidad individual de lo que conseguimos en la educación y la sociedad, pero realmente si no hay igualdad de oportunidades, la meritocracia lo que hace realmente es reproducir las desigualdades en la sociedad”, concluye Gil.

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