Sábado, 04 de Diciembre de 2021

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CASO Rocío Wanninkhof Hornos | documental

Dolores Vázquez, la mujer condenada por el relato: "La sociedad no quiere la verdad, solo el morbo"

HBO Max estrena 'Dolores. La verdad sobre el caso Wanninkhof', serie documental en la que Dolores Vázquez, condenada injustamente por el asesinato de la joven Rocío Wanninkhof en 1999, habla por primera vez en más de 20 años. Un trabajo que expone la cadena de errores y la construcción de la narrativa de la lesbiana perversa que produce la periodista Toñi Moreno

Dolores Vázquez, en la actualidad en un momento de la grabación del documental

Dolores Vázquez, en la actualidad en un momento de la grabación del documental / Laura Peris García

Han pasado 22 años y Dolores Vázquez no se reconoce ni en su propio nombre. Dolores está asociado a la injusticia, a la cárcel y al juicio mediático de uno de los errores policiales y judiciales más graves de la democracia en España. Ahora, cuando se mira al espejo, ve a Loli. Es una de las vendas que se ha puesto, la forma que ha encontrado de seguir adelante, de intentar reconstruir su vida, pero el caso que la convirtió en un monstruo para la opinión pública y publicada la sigue persiguiendo como si fuera ayer. “Pienso que toda esta trama de fabricación de mentiras y calumnias de la Guardia Civil la han usado y han sabido hacerlo, al igual que los medios, que te hunden o te elevan, parece que la sociedad no quiere ver la verdad, solo el morbo”, confiesa a cámara en su primera entrevista en más de dos décadas para el documental ‘Dolores. La verdad sobre el caso Wanninkhof’.

La producción de seis capítulos que acaba de estrenar HBO Max reconstruye el caso de la joven Rocío Wanninkhof en Mijas en 1999, una desaparición que se prolongaría durante más de 20 días hasta hallar el cadáver. El suceso pronto despertó el interés de los medios y la familia se apoyó en la prensa para pedir ayuda, la presión social no dejó de crecer para encontrar un culpable. España necesitaba un villano y Dolores Vázquez encajó en la narrativa más perversa pese a la falta de pruebas y evidencias concluyentes entre los investigadores.

“El problema de Dolores es que desde que asesinan a la niña hasta que la detienen pasó un año. Un año en el que todos los días salía en los medios una madre pidiendo ayuda y justicia para su hija, una sociedad que reclamaba a un culpable de un asesinato atroz. Había una presión brutal y no aparecía el culpable, porque no había pruebas, porque había un acosador en la Costa del Sol y nadie lo sabía hasta que mató a otra niña. Todos fallamos en esa cadena”, recuerda Toñi Moreno, periodista que cubrió el caso para Andalucía Directo en Canal Sur y ahora productora, junto a Unicorn TV, de esta serie documental con la que invita a hacer autocrítica.

Dolores Vázquez pasó 519 días en prisión siendo inocente y el jurado, parcialmente intoxicado, la declaró culpable. La condena: 15 años de cárcel. No existían pruebas que la incriminasen: nadie vio a Vázquez en el lugar del crimen, las ruedas de un vehículo no coincidían con el suyo, tenía una coartada que nadie podía corroborar, su ADN no coincidía con el que se recogió en la escena, pero incurrió en varias contradicciones que dieron alas a la Guardia Civi para construir un relato contra ella. “En este caso se dieron todos los elementos. Una niña con 19 años brutalmente asesinada, aparece 25 días después, la sociedad quiere culpables, una familia pidiendo ayuda, una madre expuesta en los medios y la detenida es la expareja de la madre”, explica Moreno.

Se generó la tormenta perfecta, o más bien, la narrativa perfecta para un caso tan mediatizado que el veredicto se jugaba más en los medios que en la sala del tribunal. “A partir de ahí se fue contando su relación por capítulos, creo que es la primera vez que se habló abiertamente de una relación lésbica en la tele. Se decía que mandaba, que era autoritaria y agresiva, que hacía judo… todo era la construcción del perfil de macho ibérico. Cuando se sentó en el banquillo, no tenía nada que hacer. Vivimos en la época de la imagen y los gestos, se retransmitió todo minuto a minuto. Nosotros en Andalucía Directos nos tiramos un año en el descampado”, añade la periodista de lo que Beatriz Gimeno analizó y calificó después como ‘la construcción de la lesbiana perversa’.

El caso tenía tantos ingredientes que la lesbofobia era la guinda para ocupar horas de televisión en la lucha por las audiencias de finales de los 90. “En el documental no dice abiertamente soy lesbiana. Por qué lo tiene que decir. Ella ha decidido vivir su sexualidad en secreto o no salir del armario y está en su derecho. No le había contado su vida a nadie y estaba en la portada de todos los telediarios ¿Por qué tiene que contarlo? Cuando me siento con ella, le dije que teníamos que hablar de la relación con Alicia y ella decía que no iba a hablar de su vida privada. Pero claro que tiene que hablar porque aquello se vendió como el móvil del crimen. Era un culebrón desgraciadamente”, explica Moreno de su encuentro con ella ahora en Betanzos, donde reside, tras convencerla para participar en este documental.

Dolores Vázquez recuerda paso a paso aquel calvario. Desde su incredulidad inicial, sus errores, su días oscuros en prisión hasta el juicio con cuyo veredicto se desmoronó por primera vez. Sigue siendo una mujer áspera, distante, herida y desconfiada de los medios, pero eso no puede ser una condena para nadie. Años después, la aparición del cuerpo de Sonia Carabantes destapó que un asesino y violador en serie, Tony Alexander King, era el culpable de ambas muertes. Coincidían las pruebas de ADN, confesó y fue condenado, y aún así intentaron involucrarla hasta el último minuto. De hecho, Alicia Hornos, la madre de Rocío Wanninkhof, sigue empeñada en que es culpable. “Si esto volviera a pasar, ocurriría lo mismo. A pesar de que ser lesbiana era más duro en 1999 que ahora, se creó la narrativa de que era la mala de la relación, la fría, la violenta. Era el traje que le hicimos sin conocerla”, cree Moreno, que espera que un caso que sacó las desvergüenzas de nuestra sociedad ayude hoy a periodistas y futuros abogados a no repetir los mismos errores en el futuro. De momento, este documental ajusta cuentas con el pasado pero en el ánimo de Loli Vázquez hay poco consuelo. Sigue esperando el perdón institucional y mediático de todo un país que la condenó. 

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