Sábado, 22 de Enero de 2022

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Todos lo podemos ver

Si bastaba entonces la palabra para conmover y llevar a la acción a miles de personas, se suponía que a principios del siglo XXI, la poderosa capacidad de las redes, el video, la televisión y la imágenes en vivo serían infinitamente mas eficaces a la hora de ayudar a difundir situaciones igualmente despiadadas

Mujeres afganas con pancartas durante una protesta.

Mujeres afganas con pancartas durante una protesta. / STRINGER (EFE)

En el siglo XIX, multitudes se juntaban en algunos países europeos y en ciudades de Estados Unidos para escuchar a oradores que pedían la abolición de la esclavitud y describían con vivas imágenes la terrible condición de los esclavos. Ya en el siglo XX, miles de personas acudieron a actos donde se denunciaba la espantosa situación en la que el rey Leopoldo de Bélgica había reducido a los habitantes del Congo, su finca privada. La palabra, el testimonio personal de quienes habían contemplado esos horrores inflamaba los ánimos de muchos ciudadanos que reclamaban en cartas y a gritos a sus representantes que hicieran algo para acabar con esas situaciones inhumanas. Si bastaba entonces la palabra para conmover y llevar a la acción a miles de personas, se suponía que a principios del siglo XXI, la poderosa capacidad de las redes, el video, la televisión y la imágenes en vivo serían infinitamente mas eficaces a la hora de ayudar a difundir situaciones igualmente despiadadas y de movilizar a millones de personas para conseguir que sus gobiernos actúen y las corrijan. Pero esta semana la CNN ha grabado en un Afganistán hambriento cómo unos padres paupérrimos vendían a su hija de nueve años a un viejo pedófilo. Todos hemos podido ver su cara redonda y sus ojos confiados mientras le pintaban los labios y le empolvaban la frente y todos hemos visto su espanto cuando comprendió qué había sucedido y cómo se retorcía intentado huir y cómo su comprador tenía que arrastrarla por el suelo. Todos lo podemos ver, pero que se sepa nadie ha empezado a hacer algo al respecto. La niña se llama Parwana y sigue en manos de su violador.

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