Jueves, 27 de Enero de 2022

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Hambre y cambio climático

Madagascar sufre la primera hambruna por el cambio climático

Hablamos con uno de los guardianes de semillas que protegen la biodiversidad y la alimentación en Brasil

Greenpeace explica qué es nuestra huella de carbono y cómo reducirla

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Madagascar es la primera víctima del mundo de una hambruna derivada del cambio climático, según el Programa Mundial de Alimentos. El país sufre la peor sequía de las últimas cuatro décadas, lo que se traduce en que más de 1,3 millones de personas sufren de la falta de alimentos. Medio millón de niños menores de cinco años están desnutridos.

La Agencia alerta de una situación que se prevé que empeore de cara a los próximos meses y de la que culpa a la sequía, las tormentas de arena y la deforestación, además de la incidencia de la pandemia.

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En Brasil, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola lleva tres décadas trabajando para el desarrollo rural. En la zona nordeste, donde se dan las tasas más elevadas de pobreza y donde más está afectando la desertificación y el cambio climático, han surgido los guardianes de semillas, una iniciativa para apoyar la biodiversidad en la región.

Ya son más de 420 guardianes, en su mayoría mujeres, que almacenan y continúan cultivando semillas criollas en riesgo de desaparecer. Hardi Vieira es uno de los miembros del proyecto y explica que su labor tiene un efecto importante para la biodiversidad local, porque gran parte de los cultivos en esta zona se han visto alterados por la introducción de semillas que vienen de fuera, semillas híbridas o que han pasado por modificación genética, una práctica con la que “se pierde la identidad de las semillas locales y la cultura y biodiversidad local”.

Sus cultivos tradicionales también tienen un efecto directo en la seguridad alimentaria y nutricional de las familias y las comunidades en que viven. Esas semillas han pasado de unas generaciones a otras y se comparten en una red de guardianas que permite acceder a otras comunidades y aumentar el alcance de las semillas y su comercialización.

El proyecto ha contabilizado hasta la fecha 235 variedades de plantas y de semillas incluyendo maíz, frijoles y frutas locales con múltiples variedades a su vez. Su proceso de conservación es sencillo, explica Vieira, pero siguen un ritual de clasificación para lo que han reforzado las técnicas agrícolas. Para almacenarlas se sirven de bancos de semillas, lugares donde varias guardianas ponen sus semillas y refuerzan el intercambio de conocimiento, repasando las técnicas de procesos de guarda de semillas entre ellas.

El cambio climático es una de las principales amenazas para ese tipo de cultivos, pero también la introducción de nuevas variedades no autóctonas por cuestiones de productividad. Esto hace que cada vez se utilicen menos semillas locales y los cultivos sean menos nutritivos o se enfoquen a la exportación, dejando menos producción para las comunidades locales e incidiendo negativamente en la conservación de los suelos al requerir de más agua.

¿Cómo reducir nuestra huella de carbono?

Los países industrializados necesitaríamos dos planetas y medio para poder seguir viviendo como lo estamos haciendo ahora. Es la llamada de alerta de Greenpeace sobre nuestra huella de carbono. Su experta en cambio climático, Tatiana Nuño, explica que este concepto se refiere a la cantidad de CO2 que emitimos con nuestras actividades, en base a cómo vivimos, qué consumimos y cómo producimos.

Por ejemplo, si compramos una manzana que viene de América, esa acción tiene una huella de carbono mucho mayor de la que puede dejar la compra de una manzana que viene de un comercio local, además de los plásticos que lleva como envoltorio y la forma en la que se ha producido que puede ser de forma intensiva, en invernaderos y con fertilizantes.

Greenpeace aconseja apostar por la agricultura local, vegetal y sostenible, y la reducción del consumo de carne, “uno de los principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero”, pero también evitar los sectores que más CO2 producen para limitar nuestra huella de carbono. Esos sectores son el industrial, el sector eléctrico, el transporte y la alimentación.

En cuanto al transporte, Nuño llama a fomentar el transporte público, caminar o la bici y evitar el avión para los viajes, algo que, dice, “debe ir acompañado de políticas y financiación que garantice el impulso a estos sectores para que sea accesible para todas las personas”. En nuestras casas cree que es importante el buen aislamiento para ahorrar energía y colaborar en comunidades energéticas para producir nuestra propia energía renovable.

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