Jueves, 20 de Enero de 2022

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Clara Roquet: "La identidad de clase es adquirida, un prejuicio heredado"

La directora debuta en la dirección con 'Libertad', una historia de iniciación adolescente que retrata los privilegios de clase y la plusvalía de los cuidados

Clara Roquet, durante la presentación de 'Libertad' en la Seminci

Clara Roquet, durante la presentación de 'Libertad' en la Seminci / GETTY IMAGES

Ha escrito los guiones de 10.000 km y Los días que vendrán con Carlos Marqués-Marcet, el de Petra con Jaime Rosales y el relato de Que nadie duerma junto a Antonio Méndez Esparza, ha dirigido los cortos El adiós y Los bones nene, y este año debuta con su primer largometraje, 'Libertad', película que pasó por el Festival de Cannes. Clara Roquet es una de las voces más interesantes del llamado nuevo cine español y se suma a otras directoras, y amigas, que han llevado a pantalla en su ópera prima experiencias personales. En 'Libertad' conjuga un relato de iniciación adolescente con un retrato del privilegio de clase y un estudio de los cuidados y las relaciones maternofiliales. Todo ambientado en una casa de la Costa Brava durante ese verano juvenil en el que empiezas a mirar el mundo con otros ojos. 

'Libertad' llega por fin a los cines, después de un bonito viaje por distintos festivales, ahora ya la película va a enfrentarse al público, a las salas ¿Cómo estás?

Estoy muy contenta y muy emocionada de que finalmente llegue a las salas. La verdad es que hay sido un proceso muy largo, también por la covid, tuvimos la película guardada durante un tiempo, y al final las películas las hacemos para que las vea la gente. Tenía muchas ganas de que llegara este momento.

¿Cómo has vivido el salto de escribir a dirigir tu primer largometraje? ¿Es un proceso más amplio y menos solitario?

He tenido mucha suerte de trabajar con amigos. Me daba un poco de miedo el paso a la dirección porque siempre he visto que era un trabajo como de una autoridad. Y yo pensaba, qué autoridad tengo para estar dirigiendo. Lo que descubrí haciendo los cortos es que si te rodeas de un grupo de amigos, en este caso amigas porque éramos muchas en el set, el proceso se vuelve más una colaboración y te sientes muy arropada.

Hablas de amigas, hay un grupo de directoras afincadas en Cataluña o que habéis estudiado allí, que os apoyáis mutuamente, que forman eso que a veces llamamos nuevo cine catalán. Belén Funes, Carla Simón... Podrían ser unas nuevas conservaciones de Salamanca ¿Ese trabajo en grupo fortalece?

Sí, y también están Julia de Paz o Ainhoa Rodríguez, que he estado con ella en Marsella. Muchas veces nos consideran con esa etiqueta de generación, pero realmente somos amigas y hemos encontrado muchas formas de colaborar y apoyarnos. Por ejemplo, con Carla Simón, ella ha visto el montaje y me ha dado notas, yo me he leído su guion. Belén Funes fue la script de la película. Sientes que tienes una comunidad en la que puedes confiar y que también incluye a hombres, Carlos Marqués-Marcet siempre nos dice que quiere ser uno más, que no le dejemos fuera.

En tu primera historia coges elementos que estaban en tus cortometrajes, como es la relación de clase entre una familia y las mujeres que trabajan en la casa y, por otro lado, el tema de la amistad y la adolescencia ¿Ha sido difícil unir ambos temas?

Es curioso, es una cosa que hecho de forma completamente involuntaria. Condensa los dos temas de mis dos cortos. Yo creo que al final todos escribimos siempre sobre la misma película, los mismos temas, nuestras obsesiones a las que les damos vueltas y no podemos escapar. De hecho, mi próxima película va a ir un poco sobre el mundo de los caballos que ya tocaba en el segundo cortometraje. Voy a seguir así repitiéndome siempre.

Uno de esos temas es el del privilegio de clase, no tan desarrollado en el cine español, y cómo eso articula el resto de relaciones ¿Era necesario contar la historia desde el punto de vista de la niña que se da cuenta de ese privilegio?

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Para mí era más fácil porque era mi punto de vista. A veces lo que hacemos los cineastas es agarrar el punto de vista del personaje que tiene más conflicto, que normalmente es el personaje más desfavorecido. Me parecía más honesto hacer una crítica del privilegio desde el privilegio porque era un lugar más conocido para mí, era algo que conocía mejor para retratar en mi ópera prima. Es cierto que no hay tantas obras en España sobre el privilegio y las hay más de un cine más al margen normalmente. Creo que es un tema fundamental y que hay que tratar más.

¿Eso también nace de un sentido de culpa?

Totalmente. A veces hacíamos la broma de que esta película nace de la culpa de clase o del privilegio. No la hice desde la culpa, sino de la voluntad de retratar una situación, entender a unos personajes y de cómo se generan ciertas dinámicas en una amistad donde las dos vienen de lugares tan desiguales.

Es la pregunta que planteas ¿Puede haber amistad entre clases o siempre hay una relación de privilegio? ¿Te la ha contestado todo el proceso?

La verdad es que partía de una hipótesis bastante formada, un poco trágica también. Para mí es muy difícil romper esas barreras de clase, pero el primer paso que hay que dar es la toma de conciencia. Si hay una toma de conciencia sí que hay esperanza. La película, a pesar de que tiene un final quizás poco esperanzador, sí que tiene una pequeña luz de esperanza hacia el futuro porque ha habido un proceso de concienciación. Al final es una película sobre una niña que toma conciencia de su propio privilegio, ese es el viaje de Nora.

En esa toma de conciencia también hay un fino hilo entre las tres generaciones de mujeres. La niña, la madre y la abuela, esos vínculos heredados, ¿también buscabas retratar esos hilos adquiridos?

Totalmente. La identidad de clase es adquirida y, de hecho, hay una cosa en la película que me parecía muy importante de retratar. Cuando la abuela empieza a perder la memoria, pierde también esa identidad de clase, con lo cual te das cuenta de que es una creación, no algo que no podamos vencer, es un prejuicio heredado. En el momento en que empieza a perder esa memoria y esa identidad de clase es capaz de acercarse a Libertad de una forma mucho más humana y cercana que a los demás.

En el tema de los cuidados, de las mujeres que limpian las casas, las criadas... hemos visto esos conflictos contados desde otros puntos de vista, como 'Roma' de Cuarón o últimamente la serie 'La asistenta', desde lo más reivindicativo. Tú entras también en esa plusvalía de los cuidados, en la parte emocional y afectiva que aporta una cuidadora, ¿por qué querías reflexionar también sobre esto?

Me parece un tema tan complejo y a la vez genera cierta incomodidad, sobre todo a la burguesía progresista. De repente, esta idea de los cuidados, de externalizarnos, de pagar por ellos, genera incomodidad. Hay algo muy contradictorio en eso y es inevitable que alguien que pasa muchas horas con alguien mayor, también va a aportar cariño y estás pagando por ese cariño. Es un trabajo increíblemente difícil si tienes además en cuenta que han dejado a sus familias atrás para cuidar a otras. Esa transferencia del cariño que no pueden dar a sus familias la dan a la persona a la que cuidan. Es un tema muy interesante, quería poner el foco ahí y a estas mujeres en primer plano, donde no han estado tradicionalmente.

Además de todos estos temas sociales e intensos, la película también es una coming of age, el verano adolescente que te cambia la vida, el autodescubrimiento, ahí sí hay luminosidad

Esa parte luminosa era muy importante. La película es realmente muy nostálgica, tiene muchos recuerdos de verano, de mis veranos en la Costa Brava, de esa luz, de los pinos… Es una cuestión de olores. Me acuerdo de oler el mar, los pinos… y hay mucho de esas texturas, de esas primeras veces, de salir de fiesta, de estar absolutamente maravillada por todo lo nuevo. Esa luminosidad y esa alegría quería que estuvieran en la película porque la amistad adolescente también tiene mucho de esa alegría y esa intensidad.

En Cannes hablabas de lo difícil que había sido encontrar esa casa que, de algún modo, refleja la ruptura de un núcleo familiar burgués ¿Cómo fue ese proceso?

Hicimos un casting de casas -risas- y nos íbamos a buscar chalets. Había ciertas cosas muy importantes, por ejemplo, que se viera el mar porque es la obsesión de la abuela, que tuviera piscina, una pista de frontón… No era nada fácil encontrarla. La casa simboliza una época, los 60 o los 70, toda una época de España donde se crearon estas casas en las que toda la familia entera iba a pasar los veranos allí. Ese concepto de familia nuclear española se está perdiendo y esas casas ya no existen, se están vendiendo. No creo que recuperemos esa memoria, por eso era importante que la casa reflejase ese tiempo y toda la nostalgia que contiene la película.

Imagino que la búsqueda de vestuario también fue divertida. Nora Navas nos decía que estaba encantada con todas las prendas de mujer burguesa preparadísima para ir la playa

Nora Navas es la persona más graciosa que conozco. Tenemos que hacer una comedia con ella ya. Era muy divertido porque en la película hay todo un juego de transferencias con los vestidos. Hay un momento en el que se encuentra el personaje de Nora y la cuidadora con el mismo vestido y no le gusta nada, y sin embargo, las niñas se intercambian los vestidos. El vestuario juega un rol muy importante en la película, también el pelo y las trenzas. Son repeticiones de cosas que escribes y no sabes por qué luego, qué me pasa con las trenzas -risas-.

Trabajas con actrices veteranas como Vicky Peña, con Nora Navas, y después has seleccionado a otras actrices que debutan en ‘Libertad’ ¿Cómo ha sido la coreografía de coordinar a los dos tipos de intérpretes?

Ha sido muy fácil porque ellas lo han hecho muy fácil. A la hora de dirigir actores lo más importante en realidad es el casting, seleccionar bien de quien te rodeas. Justo seleccionamos a Nora y a Vicky porque nos daban esa facilidad a la hora de trabajar con las niñas y son muy flexibles, muy inteligentes, son capaces de trabajar en un registro muy naturalista. Me ayudaron mucho a dirigir escenas desde dentro.

Hablábamos de esta generación de cineastas que trabajáis de una forma colaborativa o comunitaria, pero quiénes son tus referentes. Vosotras seréis inspiración para las nuevas generaciones, pero en tu casa quién te ha marcado

Ellas son ahora mis referentes. Admiro mucho lo que hacen y me inspira. Cuando era más pequeña, pensaba que ser directora de cine era algo como imposible porque eran todo hombres, y me ayudo mucho que hubiera una figura como Isabel Coixet en el cine español. Me acuerdo de que regalaron un libro suyo y lo leía, y pensaba que era muy interesante, aún sin saber si me iba a dedicar esto. De ahí la importancia de los referentes, de demostrar que se puede hacer. Espero que este boom de directoras ayude a chicas que están estudiando ahora y vean que se puede hacer.

Decía Agnès Varda que para ella era la búsqueda de la belleza en lugares insospechados la que le lleva a contar historias ¿Qué te impulsa a ti, no solo a dirigir historias sino también a escribirlas?

Para mí el cine es poner la cámara donde habitualmente apartaríamos la mirada, en lugares incómodos. Me interesan quizás las historias que consideramos pequeñas, esas pequeñas inflexiones vitales que marcan cambios en nosotros, en nuestras vidas y a veces pasan desapercibidas. Me gusta mucho fijarme en eso, en lo que va por debajo. No es algo que haya elegido, sino lo que hago sin pensar, creo que todos tenemos un jardincito interior y de ahí vamos sacando cosas.

¿Cómo ha cambiado la película desde que la escribiste y rodaste hasta ahora? ¿La has repensado mucho en todo este tiempo de entrevistas y promoción?

Desde que empieza a escribir una película hasta que llega a manos del público pasan muchos años. Y de repente, tu relación con la película va cambiando porque también creces. Cuando empecé a escribirla, tenía 26 años y estaba más cerca de la adolescencia que ahora, con 32. Por eso, ahora entiendo más a los personajes adultos, me reflejo más en ellos que en las niñas, cuando en su momento estaba más centrada en las niñas. El paso del tiempo me ha ayudado a complejizar todo, a medida que ha crecido la película he puesto más el foco en las madres y eso tiene que ver con el cambio de dad.

Siempre preguntamos a las directoras ¿Qué es lo siguiente? Porque la segunda película es la que habitualmente la que se resiste ¿Cómo lo afrontas tú?

Yo me considero más guionista que directora y he seguido escribiendo después de ‘Libertad’. Una con Elena Martín, una con Carlos Marques-Marcet, una con Antonio Méndez Esparza, que es una adaptación de Millás y me hace mucha ilusión. Entonces, para mí escribir y dirigir es hacer cine, no tengo la sensación de haber parado. No tengo tanta prisa en dirigir porque ya estoy escribiendo. Tengo otra historia que tengo ganas de contar porque mi relación con la dirección viene mucho de sentir que la historia es mía, pero lo llevo tranquilamente. No tengo mucha ansiedad asociada a la dirección porque tengo otro trabajo, el de describir.

 

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