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Los NFT y las incertidumbres de la economía de internet: de memes millonarios a burbujas financieras

Los Non Fungible Token, activos no fungibles en español, son el último producto de un internet que está repleto de contenidos. Las nuevas tecnologías permiten vender incluso vídeos de Youtube por cientos de miles de dólares; pero los expertos advierten de cómo un mundo desregulado en el que todo está en venta puede golpear la economía real y desequilibrar la sociedad

Matinal SER: los NFT y las incertidumbres de la economía digital

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Madrid

Un NFT -Non Fungible Token o activo no fungible en español- es, en sentido estricto, un archivo digital que no se puede replicar. Es único, porque contiene un código interno imposible de modificar que indica a quién pertenece el archivo y quién lo ha creado. Para hacerlo, se apoya en la tecnología blockchain, la misma que está detrás de las criptomonedas. En la práctica, se vende a menudo como la manera de proteger el arte digital, porque permite fijar un archivo en la obra que indica, para siempre, quién es su autor y le garantiza un 10% de los ingresos por cada venta que se haga. También quién es su propietario. Pero ha acabado por dar lugar a compras de lo más extravagante. Al poder privatizar o blindar cualquier cosa de internet, todo se convierte en una suerte de activo financiero.

Las adquisiciones más extrañas van desde un vídeo de jugadas de la NBA por 100.000 dólares, hasta medio millón por el meme de la niña que sonríe en primer plano mientras una casa arde de fondo. Un vídeo casero de Estados Unidos, que se viralizó hasta ser el primer meme de la historia de Youtube, se ha comprado por 600.000 dólares.

Todo puede transformarse en NFT. El primer tuit de Jack Dorsey, cofundador de Twitter, se vendió por tres millones de dólares. El director de cine Quentin Tarantino ha sido demandado por la productora Miramax por vender NFT de su película 'Pulp Fiction'. De momento, un meme que se venda y pase a ser propiedad de alguien sigue replicándose. Es decir, los internautas siguen utilizándolo para bromear, por ejemplo, en un 'tuit'. La explicación que dan quienes se mueven en este mundo es que el NFT representa únicamente al cuadro original, solo hay una Noche Estrellada de Van Gogh; pero existen miles de copias en todo el mundo que cualquiera puede tener en su domicilio.

Sin embargo, puesto que alguien adquiere su propiedad, ¿puede exigir que un meme deje de replicarse, que nadie más pueda utilizarlo? "No está bien establecido qué puede ocurrir en un futuro si una persona compra un meme y hace uso de su derecho para decir que lo retira de internet", señala Pavel Sidorenko, profesor de la Universidad Internacional de La Rioja. Al no existir nada escrito, nadie puede anticipar con certeza qué ocurrirá. El profesor Sidorenko cree que la desaparición de un meme por su privatización es una posibilidad que no se puede descartar todavía.

La base del mundo NFT, como de las criptomonedas, como de internet en general, parte de la ausencia de un gobierno o regulador, una pretendida libertad en la que cualquiera puede ser cualquier cosa. La aparición de los metaversos, los universos virtuales; de miles de criptomonedas que quieren sustituir a los euros y dólares; o la compra-venta de productos que ni siquiera tienen una manifestación física se extienden y normalizan entre usuarios que apenas saben qué compran ni quién está detrás. La libertad de la red oculta las estructuras de propiedad y quién domina el mercado. Y sin regulador nadie puede reclamar a nadie.

El resultado es que en la economía de internet existe una enorme concentración de poder. Muy pocos operadores ejecutan la mayoría de las operaciones. Quienes invierten en NFT probablemente lo hacen porque creen que su valor se incrementará. "A mí me cuesta entender que se paguen esas cantidades por un meme; pero cuánto está dispuesto a pagar un fan de Quentin Tarantino porque le digan que una escena de una película es de su propiedad es algo que no podemos saber", explica José Miguel Maté, CEO de la empresa de gestión financiera Tressis. No obstante, como en el caso de los memes, tampoco está claro qué implica esa propiedad.

Maté señala al mundo de las criptomonedas como gran y evidente burbuja de internet. "Se creó una moneda con el nombre de 'El juego del calamar' que desapareció pocos días después, recaudando millones" y arruinando a muchos. "Era un fraude". Cada día se crean y destruyen decenas de criptomonedas. Los NFT son, de entrada, otro producto, pero encierran una indudable relación con este. Solo se pueden comprar cambiando dinero tradicional por monedas cripto, como el Bitcoin, y ante el temor a las estafas, la mayoría de usuarios acude a la misma web de venta de NFT: opensea. La misma página web nos explica que debemos cambiar nuestro dinero y recomienda solo a determinados operadores de criptomonedas y solo determinadas monedas. En resumen, favorece la concentración de las operaciones.

Además, algunos expertos temen que el mercado de NFT, vendiendo cosas que a veces parecen la nada, se transforme es un terreno abonado para la especulación, muy peligroso para quienes no conocen sus claves. Es decir, para la inmensa mayoría. Quienes invierten 600.000 dólares en un vídeo en el que un niño muerde a otro esperan que su NFT se revalorice, pero no tiene por qué ser así. "Estamos en un momento parecido a cuando nació la aviación. No tenía fronteras ni normas. Pero a nadie se le ocurriría ponerse a pilotar un avión, porque se estrellaría", advierte Montse Guardia, experta en blockchain, ética digital e innovación que cofundó Big Onion.

Parcelas millonarias en un universo que no existe físicamente y grandes tecnológicas que dan servicios de banco

Los NFT son solo una manifestación más de una economía en internet que corre al margen de todo. Por parcelas en los metaversos, los universos virtuales como el que planea la antigua Facebook, se pagan ya más 400.000 dólares. La ventaja que ha disparado el precio es la de ser "vecino" del rapero Snoop Dogg, que ha abierto su propio terreno, si se le puede llamar así, en uno de estos universos digitales.

A las parcelas millonarias en universos virtuales, a los NFT y las criptomonedas, se añaden otros factores, como la irrupción de las grandes tecnológicas, Apple, Amazon, o Meta, en los servicios financieros. "Estas grandes tecnológicas ya están dando servicios financieros Algunas ya tienen su propia tarjeta de crédito", indica el inversor José Miguel Maté. Ofrecen esta posibilidad, que buscan ampliar, porque gozan de un extraordinario capital; pero estas actividades, que hasta ahora pertenecían a los bancos, también quedan fuera de la regulación tradicional. Las normas que se le exigen al sector bancario, especialmente reforzadas tras la crisis de 2008, no existen para gigantes tecnológicos que empiezan a pisar algunos de sus terrenos. "Antes se decía que los bancos eran los que más información tenían de los ciudadanos, hoy son estas empresas". Más dinero e información que nadie sin que existan mecanismos de control. 

Concentración del poder e impacto en en el mundo

En un territorio aún sin ley, la Unión Europea tiene en desarrollo la European Digital Act o el proyecto DORA para empezar a embridar algunas de estas cuestiones, que se ofrece como un espacio sin gobernantes, el resultado es una hiperconcentración de las operaciones. En ausencia de un regulador o de un poder elegido entre todos, los más poderosos partirán de mejor posición para dominar el mercado y la sociedad, indica Guardia. Es la paradoja de una libertad que se pone al servicio de otro poder. Y en este contexto de opacidad pueden extenderse sin que apenas lo sepan los usuarios. 

"Estamos teniendo un impacto que relaciona tres grandes aspectos de la vida global", sostiene. Por un lado, la economía, nuestra fuente de ingresos "que viene ahora de los rendimientos de trabajo y depende de qué tipo de trabajo hacemos; por otro, el desarrollo del espacio digital, que aún se está creando; y por último, la visión geopolítica, porque es un efecto mundial, que no tiene fronteras".

Los metaversos, en un internet a expansión mucho más veloz que la capacidad de control, pondrán del revés nuestra economía y nuestra forma de vivir. Guardia señala cómo en ellos se instalarán plataformas de venta para que compremos dentro de ese universo virtual como si lo hiciéramos en un centro comercial. "Pero en el mundo físico yo soy más consciente de esa diferencia y, a veces, voy a la tienda de proximidad, a la pequeña. ¿Qué pasará con esas tiendas pequeñas? Es algo que tenemos que pensar, porque son muchos puestos de trabajo y una gran redefinición del trabajo". La conclusión, de nuevo, es una tendencia reforzada: el poder, las ventas, todo se concentra en menos manos que, a día de hoy, carecen de regulación. "Creo que debe haber un equilibrio entre nuestra vida en el mundo físico y en el mundo digital. Eso es lo que pienso que no se está explicando en muchos de estos proyectos de NFT, de criptomoneda... Los proyectos digitales de nueva generación".

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