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Justicia restaurativa, un modelo para construir

¿Todos merecemos una segunda oportunidad? A Vivir entra en la cárcel de mujeres de Alcalá Meco para conversar con cuatro presas sobre el perdón y la justicia restaurativa

Reportajes SER | Justicia restaurativa, un modelo para construir

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Madrid

 “Pedir perdón es sanador. Queremos pedir perdón, un perdón verdadero. Pero ante todo tiene que haber un arrepentimiento por nuestra parte. Para que nos perdonen tenemos que arrepentirnos de verdad, con un arrepentimiento sincero”, explica Cata una de las reclusas del Centro Penitenciario Madrid I (Mujeres), en Alcalá Meco.

Catalina es colombiana y está cumpliendo condena por un delito cometido hace años. Su opinión está arropada por la de las tres mujeres que le acompañan, Laura, Paula y Luisa, con las que conversamos en el salón de actos del centro penitenciario. Nos recibieron sonrientes y algo inquietas pero dispuestas a hablar del arrepentimiento que sienten por los errores que cometieron. El salón de actos es una estancia grande que días antes había albergado el pase para las reclusas de la cinta Maixabel, dirigida por Icíar Bollaín. Seguían conmovidas con la película porque también dibuja parte de su historia.

La justicia restaurativa no tiene como objetivo sustituir al modelo tradicional ya que los criminales no reciben ningún tipo de beneficio ni se les rebaja la condena por participar en el proceso. La finalidad va más allá del sistema penal. Ofrece a víctimas y a victimarios la posibilidad de dialogar sobre el delito y sus consecuencias, ahondar en la aceptación de responsabilidad de los infractores y acordar la reparación del daño causado. Este programa ha sido la palanca que ha activado la empatía de Cata, Laura y Paula hacia sus víctimas, el eje sobre el que están construyendo su arrepentimiento y su voluntad de pedir perdón. “Es importante tener el valor de sentarte delante de tu víctima y ofrecerle escucha. Muchas veces la reparación viene así, siendo empática con su dolor, simplemente, escuchando”, comenta Paula. La justicia restaurativa se abre poco a poco paso en España pese a la oposición de determinados sectores de la judicatura.

Cárcel / Cadena SER

Nadie está preparado para vivir encarcelado. La privación de libertad es una dura batalla que causa muchos daños en el recluso, entre ellos, cargar con el estigma social. La prisión no acaba cuando un recluso cumple su pena. Ya en la calle, las personas que han pasado por los centros penitenciarios se enfrentan a la falta de trabajo y a la estigmatización de ahí que muchos reincidan. La tasa de reincidencia penitenciaria en España es de un 31%, una cifra nada desdeñable que muestra que la reinserción falla, entre otros motivos, por la falta de programas de apoyo una vez que los reclusos están en libertad. El acompañamiento en la calle resulta clave para lograr su reeducación y su inclusión social. La falta de voluntad política y de medios económicos hacen de la reinserción un proceso complejo, una utopía difícil de alcanzar que condena a miles de personas a una vida sin retorno. De reinserción y de segundas oportunidades también conversamos con ellas y se mostraron optimistas: “Estar en la cárcel me está viniendo bien pero necesitamos segundas oportunidades. Cuando has cometido un error grave no tienes por qué quedarte ahí atascado, no tienes por qué perder la dignidad, no eres un monstruo. Sigues existiendo y eres una persona de luz y de valor que puede seguir aportando. Un error en la vida no significa que no puedas seguir viviendo dignamente”, afirma Luisa.

España tiene las cárceles menos masificadas de la Unión Europea, actualmente albergan a 55.132 reclusos (51.211 hombres y 3.921 mujeres). Existen cuatro centros penitenciarios exclusivamente femeninos en España, el resto son módulos que se crean dentro de centros para hombres. Un dato interesante: las mujeres solo cometen entre el 7% y el 10% de los delitos y la mayoría de ellos son contra la salud pública (tráfico de drogas), además de robos y hurtos. Otro dato no menos interesante: los delitos de sangre son más frecuentes entre los hombres que además suelen cumplir condenas más largas. El perfil de la mujer que delinque suele ser el de una mujer marginada y maltratada, la mayoría provienen de núcleos sociales deprimidos y muchas han sufrido violencia de género. Y esa violencia es un factor clave en la trayectoria que les lleva a delinquir.

Desde 2014, AMEE (Asociación para la mediación, el encuentro y la escucha) está desarrollando en esta prisión su programa de justicia restaurativa y mediación por el que ya han pasado 44 internas. Estos talleres han sido un territorio de aprendizaje humano para todas, también para Catalina, Laura, Luisa y Paula. Detrás de sus testimonios asoman el arrepentimiento y las ganas de emprender una nueva vida cuando hayan cumplido su condena. Mientras tanto, siguen buscando el perdón que repare el dolor causado por el delito que un día cometieron.

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