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Festival de Sundance: El mejor retrato del dolor de Lady Di no estaba en The Crown

El festival arranca con un documental titulado 'Princess' que aborda la figura de Diana de Gales usanda íntegramente imágenes de archivo, la mayoría de los medios de comunicación

Diana de Gales y el príncipe Carlos. / GettyImages

Se ha hablado tanto y se ha contado tanto a Lady Di que pocas sorpresas nos podía deparar un documental sobre ella ahora mismo. Sin embargo, Princess, presentado en el Festival de Cine de Sundance, sorprende por el mecanismo elegido por su director Ed Perkins al abordar a uno de los personajes más populares y desdichados del siglo XX.

El espectador conoce la historia de cuento de hadas con final de película de terror solo a través de imágenes de archivo, la mayoría de medios de comunicación. Eso plantea un diálogo más interesante que las dos ficciones que en estos últimos años nos han acercado al personaje. Una de ellas es la serie británica The Crown que en una de sus temporadas se centraba en contar la historia de amor y desamor de Lady Di y el príncipe Carlos. También desde la ficción abordaba al personaje el chileno Pablo Larraín en Spencer, película concebida como un cuento de terror y fantasmas y centrada en el fin de semana de una reunión familiar en el campo donde ella decide separarse.

El diálogo que se establece entre este documental y ambas ficciones permite al espectador comprobar cómo de terrible fue la exposición mediática de Diana de Gales, cómo de perversas las prácticas de los periodistas y cómo de espeluznante sigue siendo la conexión de un icono con un pueblo completamente obnubilado por ella.

El documental empieza con su muerte. Ese accidente en el centro de París y con las imágenes grabadas de unos ciudadanos que pasaban en coche por al lado y grabaron lo ocurrido. Primer aviso de cómo la televisión, la imagen media nuestra vida. Graban sin saber qué ha pasado, si hay muertos, ni quiénes son. Estamos hablando de 1997, cuando todavía no había ni Instagram.

Es difícil abordar un documental sin testimonios, sin voz en off, pero Ed Perris consigue que el artefacto narrativo nos ofrezca otra dimensión de un personaje manido. Que todo el mundo, al menos de una generación, recuerda y del que todos tienen una opinión. "Es como una tragedia de Shakespeare, pero una que muchos de nosotros vivimos, e incluso participamos", dijo el director, Ed Perkins. Aunque muchos documentales previos tratan de "entrar en la cabeza de Diana", Perkins se enfoca en cómo la prensa y el público percibían y juzgaban su comportamiento.

Su compromiso con el príncipe Carlos, su multitudinaria boda, el nacimiento de sus hijos, el uso de su imagen para mitigar los fallos en la política exterior británica, la bulimia, sus roces con el resto de la familia, los cuernos que sufrió por parte de su marido, sus vestidos, su participación benéfica, su divorcio, anunciado como si fuera una cuestión de estado. Famosas y embarazosas entrevistas que la pareja concedió a grandes cadenas de televisión ruedan junto a crudas imágenes de paparazi con enormes lentes escondidos en arbustos, quejándose de la cautela de Diana.

Hay una escena más que significativa. Es en un supermercado real. Los británicos de clase media y clase obrera compran sin mayor distracción. Las cajeras hacen su trabajo. De repente, por megafonía se informa, en un supermercado, que los príncipes de Gales tendrán su primer hijo. La alegría de esos súbditos de clase obrera es tremenda, su día a día se acaba de iluminar. Esa escena con imágenes de archivo, que el director ni ha modificado ni ha completado, explica mejor que ningún análisis político por qué las monarquías siguen existiendo.

No hay un sentimiento monárquico, pero sí una plasmación en esos personajes de la prensa del corazón de todos los anhelos y proyecciones de una clase social que no puede salir adelante. Es entretenimiento, es la esperanza de que el cuento de hadas se puede consumar, aunque no sea cierto.

La película llega en un momento clave, en plena crisis para la monarquía británica por la partida del hijo de Diana, el príncipe Enrique, y su esposa Meghan, quienes acusaron a la familia de racismo y han emprendido batallas legales con la prensa británica por privacidad. También contra la salida de la familia real del hermano del príncipe Carlos, el príncipe Andrés, tras el escándalo por su juicio por abuso sexual

"Parte de la intención de esta película, o la razón por la parecía que era el momento adecuado para hacerla, era quizás, entre otras cosas, por su historia", decía el productor Simon Chinn. "Nuestro instinto era volver a lo que nosotros siempre creímos que era 'el origen de la historia', y ver qué podíamos aprender de lo que ocurrió a través de la historia de Diana".

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