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Sociedad

Dejar de ser fantasmas

Se cumplen cinco años de un movimiento que se estudia en tesis doctorales y que puede abrir la puerta a otros colectivos precarizados como el de los cuidados o la limpieza del hogar

Dejar de ser fantasmas

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Madrid

Al otro lado del descanso, del lujo, el turismo de masas, los viajes de negocio o los baños de sol, existe un ejército de mujeres acumulando precariedad y dolor hasta que dijeron "basta" sin padrinos ni sindicatos que las ampararan. Cinco años después valoran por encima de todo un único logro: que las vean, dejar de ser fantasmas recorriendo los pasillos de los hoteles. "Antes los clientes debían pensar que las habitaciones se hacían con una varita mágica" cuenta Rosa desde Baleares. Ahora nos dicen: "Sois las famosas kellys, ¡adelante con vuestra lucha!".

Pero ahí se quedan los logros. Legalmente el avance ha sido ninguno salvo pasos importantísimos como esas camas elevables que algunos hoteleros de Canarias y Balerares ya usaban. En parte porque este movimiento de camareras de piso tiene de frente a un poderoso enemigo: el miedo. Son una minoría las que deciden pelear por sus derechos, el resto forma parte de colectivos tan vulnerables que tienen como único motor la necesidad y aguantan tanta sobrecarga de trabajo que se rompen.

Problemas de salud, consecuencia del trabajo

A los 5 años de su primer contrato ya comienzan a notar los efectos de arreglar habitaciones contrarreloj en sus huesos, en sus músculos o en sus tendones. Esther (que trabaja desde hace 20 años en Sevilla donde la externalización es imparable) debe tomar cada 12 horas una bomba contra el dolor; asegura tener la espalda como una mujer de 80 años. Yolanda (que trabaja en Benidorm) desarrolló a los dos años de trabajar una cervicalgia crónica. Sus tendones, subraya, parecen cuerdas deshilachadas.

David es una excepción en un mundo de mujeres y cuenta que cada día, la mesa del café se convertía en una farmacia "cada una sacaba un pañuelito con todos los medicamentos que se tenía que tomar". El 80% de las kellys deben medicarse para soportar los dolores que les causa su trabajo. De ahí que su próximo objetivo sea así de evidente: no enfermar en su puesto de trabajo... no romperse.

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