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Viernes, 18 de Octubre de 2019

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Castro en la catedral de La Habana, por primera vez en años, por una misa al Papa

El presidente de Cuba, Fidel Castro, que en la tarde de ayer calificó de "amigo" al recientemente fallecido Papa Juan Pablo II y firmó en un libro de condolencias, asistió a una misa en la catedral de La Habana en homenaje al Sumo Pontífice.

El mandatario y su hermano Raúl Castro, ministro de Defensa y segundo hombre en la línea de mando isleña se acercaron a la sede de la Nunciatura, donde se instaló un libro para recibir las expresiones de sentimiento por la muerte del Santo Padre.

"Nos duele tu partida, inolvidable amigo y deseamos con fervor que tu ejemplo perdure", escribió el presidente, que también resaltó la lucha del Papa en favor de la paz y su preocupación por los pobres.

Además, el mandatario destacó el rechazo de Juan Pablo II a las sanciones estadounidenses a la isla, que consideró "éticamente inaceptables".

Posteriormente, el mandatario, ya sin su hermano, llegó a la catedral de la capital, un edificio colonial al que no entraba desde hacía décadas, y durante casi dos horas escuchó la ceremonia religiosa encabezada por el cardenal Jaime Ortega y el nuncio, Luigi Bonazzi. Varios cientos de personas llenaron la nave de la iglesia y siguieron las oraciones con los altavoces en una plaza contigua.

A un lado del presidente, en primera fila, se situaron la responsable de Asuntos Religiosos del Partido Comunista, Caridad Diego, y los principales miembros del gabinete.

Frente al cuerpo diplomático invitado y ante un altar donde se instaló una foto de Juan Pablo II, Ortega agradeció a Castro las muestras de solidaridad, que incluyeron un duelo durante tres días, la suspensión de las actividades festivas -entre ellas la ansiada final de béisbol- y el acceso a los sacerdotes para difundir mensajes por la televisión estatal.

Castro, educado por los jesuitas, rompió con la Iglesia hace décadas y se declaró ateo, pero en enero de 1998 asistió a una misa cuando el Papa Juan Pablo II visitó la isla.

"La Iglesia y el mundo pierden a un hombre referencial", manifestó el cardenal, que está entre los posibles candidatos a ocupar el trono de San Pedro.

Al final de la ceremonia, el nuncio Bonazzi tomó la palabra para recordar la visita de Juan Pablo II hace siete años y rememorar sus demandas: la apertura de Cuba, el acceso de la Iglesia a la educación y el reclamo de espacio para trabajar por los valores evangélicos en las familias cubanas.

Ninguna de las peticiones de la Iglesia en estos años, como la participación en las escuelas o un lugar en los medios de prensa, fueron satisfechos por el Gobierno isleño. Bonazzi también mencionó la despedida de Castro al Pontífice y, pese a las diferencias ideológicas o de criterio, le agradeció su visita.

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